lunes, 18 de abril de 2016

24-04-2016 - 5º domingo de Pascua (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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5º domingo de Pascua (C)


El tiempo de los cristianos, de la Iglesia, del universo entero, es un tiempo intermedio entre la partida de Cristo, glorificado a la derecha del Padre, y la aparición de «un cielo nuevo y una tierra nueva» que su vuelta inaugurará. Entonces desaparecerá todo lo que es hoy campo acotado donde se enfrentan el bien y el mal, la luz y las tinieblas. Ya no existirá el mar, ese abismo temible, imagen de todos los peligros, morada de las potencias malignas, cuya profundidad insondable evoca en la literatura bíblica la del infierno. El universo entero quedará disponible para la «Jerusalén del cielo», «morada de Dios con los hombres», que, para siempre y ya de manera absoluta, será por fin «su pueblo». Esta grandiosa visión no tiene absolutamente nada de espejismo o de sueño fantástico, cuyas bellas imágenes se desvanecen al despertar. Por la fe conocemos «ya» estas realidades que pronto se «manifestarán»; «ya desde ahora» poseemos las arras de lo que «todavía» esperamos.
Paradójicamente, esta espera exige tener en consideración el valor del «primer cielo», bajo cuya bóveda vivimos, y de la «primera tierra», sobre la que se desarrolla nuestra existencia actual. Cualquiera que sea el desorden que el pecado de los hombres ha introducido en este mundo, sigue siendo obra del Creador, manifiesta su sabiduría, su poder y su amor. Aun cuando la locura de los hombres hiciera un día inhabitable nuestro planeta, no por ello cambiaría el designio inicial de Dios. Porque hay un hombre que lo ha rescatado todo y por el cual la creación llegará a su meta ocurra lo que ocurra. Habiendo compartido en todo la condición humana, hasta el fracaso dramático de la muerte, se ha convertido, por su resurrección, en el primogénito de este mundo nuevo, en el que ya no habrá luto, ni llanto, ni dolor, y en el que ya no reinará la muerte. Muriendo por amor, Cristo ha destruido las raíces más hondas y ocultas del odio. Ha derribado los muros que separaban a los hombres y ha abierto a todos ‘.ia puerta de la fe», que da acceso al Reino. Seguramente aún hemos de «pasar mucho». Pero nada podrá impedir que se realice el plan de salvación universal que Dios lleva adelante.
Durante la última cena con sus discípulos, Jesús no dejó más que un mandamiento: «Que os améis unos a otros». El amor fraterno lo hace ya «todo nuevo» y anuncia lo que está por venir.

PRIMERA LECTURA

Conclusión de un viaje misionero ejemplar: en todos los lugares por donde pasan, Pablo y Bernabé anuncian el Evangelio, pero vuelven a las comunidades recién fundadas para animar a los discípulos y prevenirlos contra el escándalo de las pruebas; dotan a las Iglesias jóvenes de estructuras locales y, finalmente, regresan a Antioquía de Siria para dar cuenta de su actividad a la Iglesia que los ha enviado y para comunicarles la apertura de los paganos a su predicación, cuya iniciativa no dejan de atribuir a Dios.

Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 14,21b-27

En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios.
En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir.
Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

Palabra de Dios.

SALMO

Ternura de Dios con sus obras. Bondad del Señor con todos. La puerta de la fe abierta a los gentiles.

Salmo 144, 8-9. 10-11. 12-13ab

R
Bendeciré tu nombre por siempre jamás,
Dios mío, mi rey.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R

SEGUNDA LECTURA

Una nueva creación, una ciudad santa descendida del cielo, enviada por Dios: no se trata de vanas esperanzas, sino de promesas cuyo cumplimiento san Juan tiene un día el privilegio de contemplar realizadas en una visión.

Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.

Lectura del libro del Apocalipsis 21,1-5a

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono:
- Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.
Y el que estaba sentado en el trono dijo:
- Todo lo hago nuevo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 13,34

Aleluya. Aleluya.
Cristo nos da un mandamiento nuevo.
Nadie tiene amor más grande
que el que da la vida por sus amigos. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Os doy un mandamiento nuevo —dice el Señor—:
que os améis unos a otros,
como yo os he amado. Aleluya.

EVANGELIO

Después de su vuelta al Padre, Jesús sigue estando con los suyos. No son los discursos los que dan testimonio de esta presencia invisible, sino el amor que los cristianos se tienen unos a otros. «Como yo os he amado», dice Jesús. El amor fraterno y su expresión concreta tienen, pues, una dimensión verdaderamente divina.

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 13,31-33a. 34-35

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:
- Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.
Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.

Palabra de Dios.



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