lunes, 13 de junio de 2016

19-06-2016 - 12º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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12º domingo Tiempo ordinario (C)


Jesús es «el Mesías de Dios», su Hijo. Vive y reina con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Esta profesión de fe es yana si no lleva a «irse con» aquel a quien así se aclama, a «seguirlo». Hay que comprender, además, que estos dos verbos deben tomarse en su doble acepción concreta y figurada. «Seguir a alguien» significa conformarse intelectual o moralmente a su enseñanza, adoptar su doctrina como línea de pensamiento. Pero aquí se trata también de recorrer un verdadero camino «cargando con la cruz cada día», «negándose a sí mismo», «perdiendo la vida por su causa», para resucitar con Cristo.
Al principio, antes de recibir en Antioquía el nombre de «cristianos» (Hch 11,26), a los discípulos de Jesús se les llamaba también «los que seguían el nuevo camino» (Hch 9,2). Este «camino» es el mismo Cristo, camino, verdad y vida. Para entrar en él, hay que pasar por la puerta del arrepentimiento que la gracia suscita en los que, «mirando a quien traspasaron», reconocen en él al «hijo único» cuya sangre será «un manantial contra pecados e impurezas».
Esta unión con Cristo se realiza sacramentalmente en el momento de recibir el bautismo. Sumergido en las aguas purificadoras, el creyente nace a la vida nueva que procede de Cristo. También aquí las palabras deben entenderse en su sentido más fuerte y concreto. Como el Hijo de Dios «se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo» (Flp 2,7), así los hombres en el bautismo se despojan de su condición de pecadores para «revestirse de Cristo», «el hombre nuevo». Convertidos por él y con él en «hijos de Dios», entran en posesión de la herencia prometida a Abrahán y su descendencia por siempre. Al mismo tiempo, quedan abolidas todas las barreras, todo tipo de «distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres». Porque todos nosotros somos «uno en Cristo Jesús».
Este es el misterio de renovación radical y de unidad universal que celebra la eucaristía, memorial de la muerte, resurrección y exaltación de Cristo. Al distribuir la comunión, san Agustín decía: «Conviértete en lo que recibes: el cuerpo de Cristo». Verdaderamente, perder la vida por Cristo es salvarla. Cargar con la cruz «cada día» es acercarse, paso a paso, a su Pascua y a la nuestra.

PRIMERA LECTURA

Un oráculo enigmático que el Nuevo Testamento, la tradición y hoy la liturgia leen en referencia al misterio de Cristo, que es a la vez su cumplimiento y su clave de interpretación.

Mirarán al que atravesaron.

Lectura de la profecía de Zacarías 12,10-11; 13,1

Así dice el Señor:
- Derramaré sobre la dinastía de David
y sobre los habitantes de Jerusalén
un espíritu de gracia y de clemencia.
Me mirarán a mí, a quien traspasaron,
harán llanto como llanto por el hijo único,
y llorarán como se llora al primogénito.
Aquel día, será grande el luto en Jerusalén,
como el luto de Hadad-Rimón en el valle de Meguido.
Aquel día, se alumbrará un manantial,
a la dinastía de David y a los habitantes de Jerusalén,
contra pecados e impurezas.

Palabra de Dios.

SALMO

Buscar al Señor, estar sedientos de él, alzar tas manos hacia él, invocarlo, esperar verlo, ciertos de quedar saciados, jubilosos de contar con su auxilio.

Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9

R
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R

Toda mi vida te bendeciré,
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R

SEGUNDA LECTURA

El bautismo, sacramento de la fe, configura con Cristo. Al salir del baño bautismal, los cristianos se revisten con una vestidura nueva: Cristo. Por tanto, ya no hay diferencias decisivas entre los creyentes, siendo todos como son hijos de Dios en la unidad de un solo pueblo.

Los que habéis sido bautizados os habéis revestido de Cristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 3,26-29

Hermanos:
Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.
Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo.
Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús.
Y, si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 10,27

Aleluya. Aleluya.
Neguémonos a nosotros mismos
y carguemos con nuestra cruz cada día,
para seguir a Cristo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—,
y yo las conozco, y ellas me siguen. Aleluya.

EVANGELIO

Cuando se dice que Jesús es «el Mesías de Dios», hay que añadir con el credo que «padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, y al tercer día resucitó de entre los muertos». Estafe compromete a «seguir» «cada día» al Señor por el camino de la Pascua.

Tú eres el Mesías de Dios. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,18-24

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó:
- ¿Quién dice la gente que soy yo?
Ellos contestaron:
- Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.
Él les preguntó:
- Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Pedro tomó la palabra y dijo:
- El Mesías de Dios.
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
Y añadió:
- El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Y, dirigiéndose a todos, dijo:
- El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.

Palabra de Dios.



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