lunes, 11 de julio de 2016

17-07-2016 - 16º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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16º domingo Tiempo ordinario (C)


La Biblia proclama de mil maneras diferentes el valor religioso de la hospitalidad. En cierto modo, en el huésped al que se acoge se acoge siempre a Dios. Sin que lo sepa, puede ser portavoz de un mensaje del Señor. Así le ocurrió a Abrahán. Los evangelistas testimonian que en diversas ocasiones Jesús declaró explícita y solemnemente que, al recibir a un pequeño, a un pobre o a uno de sus enviados, se le está recibiendo a él. A los setenta y dos les manda confiar en la buena voluntad de las personas que encuentran en su camino de predicadores del reino de Dios. Su hospitalidad les valdrá a los habitantes de la casa el don de la paz mesiánica, un don más precioso que el oro y la plata. El mismo Jesús es beneficiario de esta hospitalidad. El libro de los Hechos de los apóstoles y las cartas de san Pablo refieren también con gratitud la hospitalidad otorgada a los misioneros de la Buena Noticia.
Habiendo sido recibido en casa de las dos hermanas, Jesús deja que Marta se encargue sola del servicio y hasta declara que María, que está escuchándolo, sentada a sus pies, «ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán». Esta actitud del Señor y sus palabras sorprenden. ¿No se muestra injusto, y hasta ingrato, con Marta, que se desvive por recibirlo bien? Pero no se trata de eso. Las palabras de Jesús no deben entenderse como un menosprecio al celo de Marta. Tampoco —aunque esto se haya dicho con frecuencia— como el enunciado de un principio que establecería una jerarquía entre lo que se llama «acción» y «contemplación», entre las vocaciones y estados de vida religiosa conocidos como «activos» y «contemplativos». Se trata aquí de una enseñanza válida para todos y en todos los casos.
La escucha de la palabra en la fe tiene y debe mantener siempre la prioridad absoluta. Esto, evidentemente, supone elección y renuncias. Pero no es cuesti6n de reparto de tiempo ni de conflicto de deberes. Sin descuidar ni despreciar ninguno de ellos, es absolutamente necesario sentarse regularmente a los pies del Señor en actitud de discípulo atento de su palabra, que hay que poner luego en práctica en medio de las múltiples ocupaciones de la vida y del servicio a los otros. Nada, ni siquiera los sufrimientos y la inacción impuesta por la prisión, como le ocurre a san Pablo, ni los contratiempos ni las enfermedades, pueden apartarnos de esta acogida primordial del Señor, que ha de ser siempre el primero en ser servido.

PRIMERA LECTURA

En este relato, curiosamente, se habla primero de tres viajeros y luego sólo de uno, como si, a partir del momento en que este le anuncia, con la próxima maternidad de la estéril Sara, la realización, largamente esperada, de la promesa de la descendencia (Gn 15,1-6), Abrahán no lo viera más que a él.

Señor, no pases de largo junto a tu siervo.

Lectura del libro del Génesis 18,1-10a

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se posternó en tierra, diciendo:
- Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.
Contestaron:
- Bien, haz lo que dices.
Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo:
- Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.
Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase enseguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió.
Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron.
Después le dijeron:
- ¿Dónde está Sara, tu mujer?
Contestó:
- Aquí, en la tienda.
Añadió uno:
- Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.

Palabra de Dios.

SALMO

«No olvidéis la hospitalidad: por ella, algunos recibieron sin saberlo la visitade unos ángeles» (Hb 13,2).

Salmo 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5

R
¿Quién puede habitar en tu monte santo, Señor?

El que procede honradamente,
y practica la justicia;
el que tiene intenciones leales,
y no calumnia con su lengua. R

El que no hace mal a su prójimo,
ni difama al vecino;
el que considera despreciable al impío,
y honra a los que temen al Señor. R

El que no presta dinero a usura,
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R

SEGUNDA LECTURA

Aun estando prisionero, san Pablo no se considera dispensado del ministerio apostólico, sino que se siente llamado a ejercerlo de Otra manera: participando en la Pasión redentora de Cristo. De ahí su alegría: sufre, sin duda, pero es por la Iglesia, por el cuerpo de Cristo y con él.

El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1,24-28

Hermanos:
Ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos.
A éstos ha querido Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria.
Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf Lc 8,15

Aleluya. Aleluya.
Dichosos los discípulos
que se sientan a los pies de Jesús
para escuchar su palabra. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dichosos los que con un corazón noble y generoso
guardan la palabra de Dios
y dan fruto perseverando. Aleluya.

EVANGELIO

Este relato, que es tan bien conocido, tiene la «función» de una parábola. Uno se siente espontáneamente inclinado a ponerse del lado de Marta, juzgando egoísta la actitud de su hermana, que la deja «sola con el servicio». Esto supondría entender mal la sentencia final, que es la que ofrece la clave de interpretación del episodio. Una vez más, Jesús pone en guardia frente al exceso de preocupaciones y de inquietudes que impiden escuchar la palabra y no le permiten dar el fruto esperado (Lc 8,14).

Marta lo recibió en casa. María escogió la parte mejor.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:
- Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.
Pero el Señor le contestó:
- Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.

Palabra de Dios.



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