sábado, 23 de julio de 2016

25-07-2016 - Santiago, apóstol (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Santiago, apóstol (C)

Santiago, apóstol (C)

Según la tradición, Santiago fue el primer apóstol que predicó en España, animado por la Virgen María junto al río Ebro. Más tarde habría ayudado a las tropas cristianas en la reconquista de las tierras de España ocupadas por los moros... Son datos sin una base histórica consistente y, sobre todo, poco importantes para nosotros.
No sucede así con los datos de la liturgia. Según ellos, Santiago había sido pescador en el lago de Galilea; allí lo llamó Jesús para que fuera su discípulo y apóstol, con Pedro y Juan uno de sus preferidos, que lo acompañarían en momentos centrales de su vida terrena. Fue el primer apóstol en dar la vida por el Maestro, como afirma el libro de los Hechos de los apóstoles, después de constatar el valor de los apóstoles dando «testimonio de la resurrección del Señor», convencidos de que «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres».
Pero para llegar hasta ahí, Santiago tuvo que seguir un proceso de conversión y discipulado no siempre fácil, pues el «tesoro» de la fe y el ministerio —como reconoce san Pablo, tan experimentado en «llevar en el cuerpo la muerte de Jesús»— «lo llevamos en vasijas de barro». El evangelio muestra a Santiago, con su hermano Juan, con un carácter impetuoso, que les llevó a querer que bajara fuego del cielo sobre quienes rechazaban al Señor, y llenos de ambición de grandeza y poder (como los demás discípulos, que «se indignaron contra los dos hermanos»). El Maestro, con su infinita paciencia y amor, se encargaría de llevarlos por el camino de la madurez, enseñándoles que sus discípulos deben huir de toda tentación de poder; que «el que quiera ser grande» debe ser «servidor» de los demás; y «el que quiera ser primero» debe saber hacerse «esclavo», «igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida» por todos. La experiencia de la Pascua de Cristo —que actualizamos en la eucaristía— y la fuerza del Espíritu los llevaría a esa madurez. Debemos alegrarnos del patrocinio de Santiago; pero sobre todo, aprender las grandes lecciones que nos da: dejamos conquistar por Cristo y ser sus testigos, sabiendo pasar de la búsqueda de prestigio y poder a una actitud de servicio y testimonio, siendo coherentes en toda situación con la fe que profesamos.

PRIMERA LECTURA

Ya desde los comienzos de la vida de la Iglesia, los anunciadores de la Buena Noticia se encontraron con la oposición y hasta con la persecución por parte de quienes detentaban el poder Santiago es una de las primeras víctimas. Pero, a pesar de todo, los apóstoles de entonces, como los verdaderos apóstoles de todos los tiempos, supieron ser fieles a la misión que habían recibido.

El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4,33; 5,12. 27-33; 12,2

En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo.
Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó.
- ¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.
Pedro y los apóstoles replicaron:
- Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.
Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos.
Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

Palabra de Dios.

SALMO

El anhelo de todos los enviados: que todos los pueblos encuentren los caminos del Dios verdadero y acepten la salvación.

Salmo 66, 2-3. 5. 7-8

R
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia;
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R

SEGUNDA LECTURA

Los apóstoles, como todos los encargados de comunicar el tesoro de la Buena Noticia, no son superhombres, sino hombres débiles y limitados. Pero esa condición sirve para realzar aún más la fuerza de Dios, que actúa sobre todo en la debilidad humana, y sirve también para el crecimiento en la fe de los evangelizadores.

Llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4,7-15

Hermanos:
El tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.
Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros.
Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros.
Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya, aleluya.
Dichoso apóstol Santiago,
que supo beber el cáliz del Hijo del hombre
y llegó a ser grande,
dando su vida por el Evangelio. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Astro brillante de España, apóstol Santiago,
tu cuerpo descansa en la paz,
tu gloria pervive entre nosotros. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús acaba de anunciar a sus discípulos lo que le espera en Jerusalén. Ellos no entienden, o no quieren entender Lo prueba el hecho de que, a continuación, Santiago y Juan le presentan, a través de su madre, la descabellada petición de estar «uno a la derecha y el otro a la izquierda» del Maestro en su reino. El aprovecha la ocasión para aclarar a los discípulos que la verdadera grandeza está en el servicio, en la entrega de la propia vida por los demás. Santiago aprenderá la lección y terminará «bebiendo el cáliz» del Señor.

Mi cáliz lo beberéis.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 20,20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó:
- ¿Qué deseas?
Ella contestó:
- Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
Pero Jesús replicó:
- No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?
Contestaron:
- Lo somos.
Él les dijo:
- Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquéllos para quienes lo tiene reservado mi Padre.
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo:
- Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.

Palabra de Dios.



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