lunes, 25 de julio de 2016

31-07-2016 - 18º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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18º domingo Tiempo ordinario (C)


La larga «subida de Jesús a Jerusalén» se presenta en el evangelio según san Lucas como una especie de itinerario catequético. Sería vano tratar de dividir esta «exposición continua» de las enseñanzas del Señor en secciones netamente separadas, dedicadas cada una de ellas a temas bien determinados. No obstante, hay un orden en la sucesión. La redacción se desarrolla siguiendo una lógica interna muy sutil que responde a la intención pedagógica del evangelista. Las cuatro etapas recorridas hoy y los domingos siguientes podrían titularse «En todas las cosas, hay que tener en cuenta el fin», entendiendo por esta última palabra el término de la vida.
Cuando llega la hora, ¿qué queda de lo que tanto trabajo y esfuerzo nos ha costado? Al más allá al que todos inexorablemente nos dirigimos no pueden llevarse las riquezas, los bienes que con tantas fatigas e han acumulado. ¿Hay que decir entonces que la vida es puro viento, y que no vale la pena vivir? Sí, si eso significa que las realidades de aquí abajo no tienen consistencia en sí mismas, sino sólo en virtud de su peso de eternidad. En este sentido, las reflexiones aparentemente desengañadas del libro del «Eclesiastés», o de Qohelet, se muestran como palabras realmente sabias.
Jesús se hace eco de esta forma de ver de una manera más concreta y más positiva. Ante la petición de que dirima una disputa sobre una herencia, dice a la gente que se agolpa a su alrededor: «Guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes». Para ilustrar esta afirmación, pone el ejemplo de un rico propietario agrícola cuya única preocupación es la de almacenar en graneros sus abundantes cosechas. ¡Necio! Morirá sin haber podido disfrutar de sus riquezas, y sin saber quién se va a beneficiar de ellas.
Pero Jesús no se queda ahí. Lo que cuenta —añade él— es hacerse «rico ante Dios», aunque sin precisar cómo. El evangelista no deja lugar a dudas al respecto, y el libro de los Hechos de los apóstoles ofrece ejemplos de cómo hay que actuar. Uno se hace «rico ante Dios» en la medida en que no guarda celosamente para sí las riquezas que ha adquirido. El mejor uso consiste en desprenderse de ellas distribuyéndolas a los pobres. Y esto se entiende de todos los bienes, no sólo de las posesiones materiales. «Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra», dice san Pablo.

PRIMERA LECTURA

«Aquí abajo todo es vanidad y humo de pajas». Esta manera de hablar puede ser expresión de un pesimismo desilusionado y desalentador, pero también puede ser el juicio de un espíritu ávido de absoluto, que no encuentra complacencia en nada que sea efímero.

¿Qué saca el hombre de todo su trabajo?

Lectura del libro del Eclesiastés 1,2; 2,21-23

Vaciedad sin sentido, dice el Predicador,
vaciedad sin sentido; todo es vaciedad.
Hay quien trabaja con destreza,
con habilidad y acierto,
y tiene que legarle su porción
al que no la ha trabajado.
También esto es vaciedad y gran desgracia.
¿Qué saca el hombre de todo su trabajo
y de los afanes con que trabaja bajo el sol?
De día dolores, penas y fatigas;
de noche no descansa el corazón.
También esto es vaciedad.

Palabra de Dios.

SALMO

¿Es el hombre una mota de polvo, un sueño, una hierba fugaz del campo? No, si pone en Dios su esperanza y su fuerza.

Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

R
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó,
una vela nocturna. R

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R

SEGUNDA LECTURA

Aunque ya ha «resucitado con Cristo», el cristiano no acaba nunca de «dar muerte a todo lo terreno que hay en él». «Que vuestra vida sea conforme a aquello en lo que os habéis convertido», dice san Pablo. La fuerza simbólica del vestido es tal que, de algún modo, siempre expresa la personalidad del que lo lleva.

Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3,1-5. 9-11

Hermanos:
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.
Dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia, y la avaricia, que es una idolatría.
No sigáis engañándoos unos a otros.
Despojaos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestíos de la nueva condición, que se va renovando como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo.
En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres; porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 5,3

Aleluya. Aleluya.
Dichoso el que no amasa riquezas para sí,
sino que se hace rico ante Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos. Aleluya.

EVANGELIO

El hombre que se dirige a Jesús tiene, sin duda, en alta estima su justicia y rectitud. Pero se equivoca acerca de la naturaleza de su misión. Jesús aprovecha este litigio a propósito de una herencia para poner a la gente en guardia contra «toda clase de codicia». Lo que cuenta a los ojos de Dios no son la riquezas materiales, aunque hayan sido acumuladas honradamente, sino lo que se hace con ellas.

Lo que has acumulado, ¿de quién será?

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 12,13-21

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:
- Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
Él le contestó:
- Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?
Y dijo a la gente:
- Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.
Y les propuso una parábola:
- Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿qué haré? No tengo dónde almacenar la cosecha.
Y se dijo: haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida».
Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?».
Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.

Palabra de Dios.



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