lunes, 29 de agosto de 2016

04-09-2016 - 23º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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23º domingo Tiempo ordinario (C)


Jesús no tiene nada de demagogo que trata de seducir a las masas con atrayentes promesas. Insiste, por el contrario, sin compromisos y de la manera más tajante, en las renuncias que han de hacer los que quieran seguirlo: ponerlo a él por encima de todos sus afectos, anteponerlo a su propia vida, llevar la cruz.
Él no ignora ciertamente el mandamiento del Decálogo sobre el amor y los deberes para con los padres. Por lo demás, sus exigencias perderían fuerza sin una altísima valoración del amor al padre, a la madre, a la mujer, a los hijos, a los hermanos y hermanas. Jesús amó de verdad y profundamente a los suyos, a sus amigos, a sus discípulos. Pero sólo su vinculación al Padre y a su voluntad tenía para él un valor absoluto.
Un día, a los doce años, se aleja de María y de José para «estar en la casa de su Padre» (Lc 2,41-5 1). En otra ocasión deja que su madre y sus parientes esperen fuera hasta que él acaba de instruir a la multitud que se agolpa en la casa (Lc 8,19-21). En fin, renuncia a su propia vida por fidelidad a la voluntad del Padre y a su misión. Si Jesús pide a sus discípulos que no antepongan nada a él, es por las mismas razones. Por tanto, no tiene nada que ver con el sometimiento servil a las exigencias o a las doctrinas impuestas por un hombre a sus partidarios.
Una vez que se ha optado por Cristo, no hay que mirar atrás ni cuestionar el compromiso. Pero sí es necesario verificar regularmente si se toman las medidas necesarias para ir avanzando y librar victoriosamente los combates por los que inevitablemente ha de pasar la fidelidad al Evangelio. A veces puede uno encontrarse en la necesidad de tomar decisiones arriesgadas, como san Pablo, que acoge a un esclavo fugitivo y le pide a su amo que, a partir de entonces, lo considere como a un hermano. Es un ejemplo que merece la pena tener en cuenta, ya que actualmente hay circunstancias en las que, en nombre del Evangelio y de la caridad, se puede encontrar inspiración en él.
Actuar en todas las cosas y en todas las circunstancias de acuerdo con las intenciones y la voluntad del Señor: eso es lo que exige la fidelidad al Evangelio, locura según el juicio de los hombres, pero, con el Espíritu, «sabiduría enviada desde el cielo».

PRIMERA LECTURA

El Espíritu Santo da a conocer los designios de Dios, no deforma especulativa, sino en la experiencia de la fe y de la vida. Esta certeza impide al creyente ceder al pesimismo y la desilusión inspirados en la sabiduría humana.

¿Quién comprende lo que Dios quiere?

Lectura del libro de la Sabiduría 9,13-18

¿Qué hombre conoce el designio de Dios,
quién comprende lo que Dios quiere?
Los pensamientos de los mortales son mezquinos
y nuestros razonamientos son falibles;
porque el cuerpo mortal es lastre del alma
y la tienda terrestre abruma la mente que medita.
Apenas conocemos las cosas terrenas
y con trabajo encontramos lo que está a mano:
¿Pues quién rastreará las cosas del cielo,
quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría
enviando tu Santo Espíritu desde el cielo?
Sólo así serán rectos los caminos de los terrestres,
los hombres aprenderán lo que te agrada;
y se salvarán con la sabiduría los que te agradan, Señor,
desde el principio.

Palabra de Dios.

SALMO

El pensamiento del hombre es vacilante y su espíritu torpe. Sólo el corazón habitado por el Espíritu penetra en la verdadera sabiduría.

Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

R
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó,
una vela nocturna. R

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R

SEGUNDA LECTURA

La fidelidad al Evangelio puede exigir en muchos casos que se hagan cosas poco razonables desde el punto de vista de la sabiduría humana.

No como esclavo sino como hermano querido.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón 9b-10. 12-17

Querido hermano:
Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como algo de mis entrañas. Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo: así me harás este favor no a la fuerza, sino con toda libertad. Quizá se apartó de ti para que le recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido. Si yo le quiero tanto, cuánto más le has de querer tú, como nombre y como cristiano.
Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Sal 118,135

Aleluya. Aleluya.
¿ Cómo es posible seguirte, Señor Jesús,
sin escuchar antes tu Palabra? Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus leyes. Aleluya.

EVANGELIO

A medida que se avanza en el seguimiento de Cristo se va mostrando cada vez más el valor de esta opción y la importancia de las fuerzas que hay que desplegar para librar victoriosamente el combate. Pero no es una razón para renunciar Es necesario reiterar constantemente, cada vez con mayor conocimiento de causa, la opción inicial por Cristo, a quien nada se puede anteponer

El que no renuncia a todo, no puede ser discípulo mío.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 14,25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
- Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar».
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

Palabra de Dios.



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