lunes, 8 de agosto de 2016

14-08-2016 - 20º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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20º domingo Tiempo ordinario (C)


No poner el corazón en las realidades pasajeras; hacerse «un tesoro inagotable en el cielo», llegando incluso a despojarse de todos los bienes (domingo pasado); tomarse en serio esta enseñanza de Jesús, sacar de ella las consecuencias prácticas que implica, supone adoptar decisiones siempre costosas, a veces heroicas, cuando es necesario elegir entre la fidelidad a Dios, por una parte, y la familia, los amigos, el país, por otra. A los desgarros interiores viene a añadirse frecuentemente la incomprensión, a veces incluso los reproches, de nuestro entorno, que se siente abandonado, rechazado y hasta traicionado.
Semejante determinación se sitúa inevitablemente en un clima de ambigüedades, porque en nosotros, como en el mundo, el bien y el mal, lo mejor y lo peor, se encuentran inextricablemente mezclados. ¿Qué parte de verdad y qué parte de error hay en nosotros y en los demás? ¿Con qué derecho un «pequeño rebaño» de hombres falibles y pecadores puede pretender ser el único que está en el buen camino? «Tú dices que buscas un bien superior. Pero ¿no te estarás engañando? Y en cualquier caso, en lo inmediato, pareces hacer poco caso de nuestro bien y de tus deberes con nosotros».
Es grande entonces la tentación de decidir personalmente y aliarse a la opinión de la mayoría. También esta actitud está cargada de equívocos. Puede conducir a hacerse, sin saberlo, cómplice de cualquier acto y de cualquier persona, a perderse a sí mismo.
Jeremías y muchos otros experimentaron estas vacilaciones y estas luchas. Pero permanecieron fieles a Dios, aun a costa de su vida, siendo en esto figuras o discípulos de Jesús, «bandera discutida». A él sólo le apremiaba una angustia: que el fuego del Espíritu ardiera en el mundo, y que se cumpliera su «bautismo» de muerte para que llegara ese día.
La asamblea, generalmente reducida, de los discípulos de Jesús celebra hoy la liturgia dominical. Bautizados en la muerte y resurrección del Señor, si acogemos en la fe sus duras palabras, es porque estamos seguros de recibir, comulgando en el sacrificio de su Pascua, la fuerza necesaria para soportar una prueba semejante a la suya, que desemboque en la participación de su gloria.

PRIMERA LECTURA

Acusado de sembrar incertidumbre entre la población y de poner la nación en peligro, Jeremías es perseguido y condenado por iniciativa de los jefes de su pueblo. Sólo un extranjero reacciona ante tal iniquidad: reconoce en este hombre condenado a un enviado de Dios y le salva la vida. «Realmente, este hombre era justo», dice el centurión romano al ver morir a Jesús (Lc 23,45), a quien Dios devolverá a la vida.

Me engendraste hombre de pleitos para todo el país.

Lectura del libro del profeta Jeremías 38,4-6. 8-10

En aquellos días, los príncipes dijeron al rey:
- Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad, y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.
Respondió el rey Sedecías:
- Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros.
Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Melquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.
Ebedmelek salió del palacio y habló al rey:
- Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre. (Porque no quedaba pan en la ciudad).
Entonces el rey ordenó a Ebedmelek:
- Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera.

Palabra de Dios.

SALMO

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Él escucha el grito del desgraciado y lo saca de la fosa.

Salmo 39, 2. 3. 4. 18

R
Señor, date prisa en socorrerme.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito. R

Me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca
y aseguró mis pasos. R

Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos al verlo quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor. R

Yo soy pobre y desgraciado,
pero el Señor se cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación,
Dios mío, no tardes. R

SEGUNDA LECTURA

Después de la evocación de Abrahán, padre y modelo de los creyentes (domingo pasado), tenemos aquí una especie de himno para meditar Mantengamos «fijos los ojos» en Jesús para tener la fuerza y el coraje de correr hasta el final en la prueba de la fe.
Corramos en la carrera que nos toca sin retirarnos.

Lectura de la carta a los Hebreos 12,1-4

Hermanos:
Una nube ingente de espectadores nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, sin miedo a la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del Padre. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 10,27

Aleluya. Aleluya.
Jesús, nuestra Pascua,
prende fuego y trae división,
hasta que todo se cumpla. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—,
y yo las conozco, y ellas me siguen. Aleluya.

EVANGELIO

Una perspectiva, rara en los evangelios, sobre la conciencia de Jesús. Habiendo venido para que el mundo fuera purificado por el fuego del Espíritu, aceptó pasar por la prueba de su bautismo de muerte. Los que lo siguen se encuentran con inevitables contradicciones, porque es imposible optar por un Mesías crucificado sin renunciar a todas las otras seguridades del momento.

No he venido a traer paz, sino división.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 12,49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.
En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

Palabra de Dios.



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