lunes, 22 de agosto de 2016

28-08-2016 - 22º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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22º domingo Tiempo ordinario (C)


El orgullo y la arrogancia desacreditan radicalmente cualquier apariencia de virtud. La humildad, por el contrario, garantiza su autenticidad. Hace ser más querido que «el hombre generoso», dice Ben Sirac en el libro del Eclesiástico. Los humildes, además, dan gloria a la misericordia de Dios, a la que apelan. La situación de los cínicos no tiene cura; no pueden alcanzar el favor de Dios, mientras este «brote de mala planta» no sea arrancado de su corazón.
Por su ejemplo y su enseñanza, Jesús proclama que Dios enaltece a los humildes y dispersa a los soberbios de corazón, como canta el cántico de María (Lc 1,53.5 1). Se le presenta la ocasión propicia un día que está comiendo en casa de un fariseo. Primero propone una parábola al ver a unos invitados que escogen los primeros puestos, exponiéndose a ser enviados a los últimos puestos si se presenta alguien de más categoría. Al hablar así, Jesús no está dando simplemente un consejo de prudencia trivial, no está dando una elemental lección de urbanidad. «Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». Esta sentencia muestra que la enseñanza de esta parábola, como la de todas las demás, se refiere a la fe, al comportamiento que deben tener los discípulos y, especialmente aquí, a la perspectiva de la entrada en el Reino.
En la Biblia, compartir la mesa tiene un significado religioso. Las comidas que Jesús comparte con sus discípulos, con amigos como Marta y María, con Zaqueo, con publicanos y pecadores, con fariseos, son todas «parábolas vivientes» que se refieren al Reino, o a las condiciones para ser admitidos en él. Su pleno significado aparecerá en la última cena, que Jesús comparte con sus discípulos antes de morir. La eucaristía, celebrada en memoria de lo que Jesús hizo aquella noche, es sacramento y prenda del banquete de los últimos tiempos. Entonces el Señor colocará en los primeros puestos a los humildes que no los han buscado aquí abajo.
Jesús se dirige luego a su anfitrión, un hombre religioso, proclamando «dichosos» a los que tratan como amigos a los enfermos, a los lisiados y a los pobres, sin esperar aquí abajo recompensa, prometida para la resurrección de los muertos. Jesús, que ha entrado ya en la ciudad del Dios vivo, es el Mediador. Por él estamos ya en comunión con todos «los justos que han llegado a su destino».

PRIMERA LECTURA

Máximas de un maestro de sabiduría, más venerado y digno de ser escuchado porque habla como un padre a su hijo.

Hazte pequeño y alcanzarás el favor de Dios.

Lectura del libro del Eclesiástico 3,17-18. 20. 28-29

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad
y te querrán más que al hombre generoso.
Hazte pequeño en las grandezas humanas,
y alcanzarás el favor de Dios;
porque es grande la misericordia de Dios,
y revela sus secretos a los humildes.
No corras a curar la herida del cínico,
pues no tiene cura, es brote de mala planta.
El sabio aprecia las sentencias de los sabios,
el oído atento a la sabiduría se alegrará.

Palabras de Dios.

SALMO

Dios está cerca de los justos, de los humildes, de los cautivos, de los débiles. Los levanta, los libera, los sostiene y los enriquece.

Salmo 67, 4-5ac. 6-7ab. 10-11

R
Has preparado, Señor, tu casa a los desvalidos.

Los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor,
alegraos en su presencia. R

Padre de huérfanos,
protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R

Derramaste en tu heredad, oh Dios,
una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh Dios,
preparó para los pobres. R

SEGUNDA LECTURA

En el Sinaí, Dios manifestó su poder En Jesús se revela en la humildad. Por él los creyentes de hoy y de todos los tiempos entran en comunión con todos los que están ya con él en la ciudad del Dios vivo.

Os habéis acercado a Sión, ciudad del Dios vivo.

Lectura de la carta a los Hebreos 12,18-19. 22-24a

Hermanos:
Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando.
Vosotros os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a la asamblea de innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 11,29ab

Aleluya. Aleluya.
Dichoso el que no busca grandezas
y sigue al Señor manso y humilde de corazón. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Cargad con mi yugo y aprended de mí —dice el Señor—,
que soy manso y humilde de corazón. Aleluya.

EVANGELIO

No querer destacar dar con un corazón generoso y desinteresado. Enunciadas en el marco y con ocasión de un banquete, estas enseñanzas tienen largo alcance. Conviene recordarlas especialmente cuando se celebra la eucaristía.

Todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 14,1. 7-14

Entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo:
- Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: «Cédele el puesto a éste». Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba». Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
Y dijo al que lo había invitado:
- Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote y quedarás pagado.
Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.

Palabra de Dios.



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