lunes, 26 de septiembre de 2016

02-10-2016 - 27º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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27º domingo Tiempo ordinario (C)


La vida personal, la vida de la Iglesia y la vida del mundo, a menudo ponen a prueba la fe. ¿Cómo Dios, siendo bueno, justo y todopoderoso, puede tolerar tantas injusticias y violencias, tantos males y sufrimientos? ¿Está sordo ante los desgarradores gritos de socorro que se elevan de todas partes? ¿Permanece tranquilamente indiferente ante todo lo que pasa? Estos interrogantes no son nuevos. Aparecen en casi todas las páginas del salterio. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?; a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza. Dios mío, de día te grito, y no me respondes; de noche, y no me haces caso» (Sal 21,2-3). Jesús, en la cruz, «a gritos y con lágrimas», se dirige a su Padre, «que podía salvarlo de la muerte» (Hb 5,7). Que preguntas como estas surjan dolorosamente en el corazón de los creyentes no tiene nada de extraño ni de anormal y, como el profeta Habacuc, del que hoy leemos un texto, hay que atreverse a interpelar a Dios.
Él no responde directamente a los interrogantes que le formula el profeta, ni trata de hacer comprender las razones que explican su silencio y su aparente despreocupación. Lo que le dice es mucho más importante que todas las respuestas ocasionales que pudiera darle, por definición, de aplicación limitada: «No dudéis de mi fidelidad. El justo vivirá».
Una fe semejante es capaz de mover, de atravesar montañas de dificultades y pruebas, porque, a través de todo, el cristiano mantiene una confianza inquebrantable en Dios, quien, sin duda, intervendrá en su momento, en la ocasión más propicia para los que se mantienen fieles a él. Esta fidelidad es la de los servidores dichosos, satisfechos y agradecidos de haber sido hechos «dignos de servirlo en su presencia» (Plegaria eucarística II). No piden nada más. Y se abandonan a él para que reconozca que han hecho lo que debían. Porque recuerdan que Jesús, su Señor y Maestro, está «en medio de ellos como el que sirve».
No han recibido, «un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio», para «no avergonzarse de dar testimonio» del Evangelio del que son depositarios. Tienen la misión de guardar y anunciar con su vida «este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ellos».

PRIMERA LECTURA

Respuesta de Dios a los que lo interrogan: «No soy ciego, veo el mal que os escandaliza, oigo vuestros gritos de socorro. No os dejéis abatir confiad en mí tened paciencia como la tengo yo. No dudéis de que llegará el día de vuestra libe ración.

El justo vivirá por su fe.

Lectura del libro de Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4

¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches?
¿Te gritaré: "Violencia", sin que me salves?
¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas?
El Señor me respondió así: "Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido.
La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará;
si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse.
El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe."

Palabra de Dios.

SALMO

El Señor no abandona la obra de sus manos. Permanece fiel a su pueblo.

Salmo 94, 1-2. 6-7. 8-9

R
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva,
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R

SEGUNDA LECTURA

Una especie de «monición de ordenación» recordada a Timoteo para animarlo a volver sin cesar a la primavera de su compromiso al servicio del Evangelio. Todo cristiano puede escucharla pensando en su bautismo, donde también él recibió el Espíritu de fortaleza, de caridad y entendimiento, para guardar «este precioso depósito» y dar testimonio de él.

No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1,6-8. 13-14

Querido hermano:
Aviva el fuego de la gracia de Dios que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor y por mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del evangelio, según las fuerzas que Dios te dé. Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas, y vive con fe y amor cristiano. Guarda este tesoro con la ayuda del Espíritu Santo, que habita en nosotros.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya. Aleluya.
Tu palabra todopoderosa, Cristo,
sigue realizando maravillas.
Auméntanos la fe. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
La palabra del Señor permanece para siempre;
y esa palabra es el Evangelio que os anunciamos. Aleluya.

EVANGELIO

La fe puede hacer milagros: no prodigios ostentosos, sin sentido e inútiles, sino obras semejantes a las de Jesús. El que hace «todo lo mandado» no tiene motivo para gloriarse. ¿«Siervos inútiles»?, ¿ «pobres siervos»?, ¿ siervos «cuales quiera»? La diversidad de traducciones muestra lo difícil que es encontrar un término exacto. La recompensa recibida, inconmensurable con el trabajo realizado, será siempre una gracia y no algo debido.

¡Si tuvierais fe!

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 17,5-10

En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor:
- Auméntanos la fe.
El Señor contestó:
- Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería.
Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «Enseguida, ven y ponte a la mesa»?
¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú»? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer».

Palabra de Dios.



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