lunes, 3 de octubre de 2016

09-10-2016 - 28º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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28º domingo Tiempo ordinario (C)


Por miedo al contagio, los leprosos estaban excluidos de la vida social y del culto. Si se curaban, sólo los sacerdotes podían constatarlo oficialmente (Lv 13-14). Los evangelios han guardado memoria de algunas curaciones de este tipo realizadas por Jesús. La que recoge san Lucas tiene varias peculiaridades notables. Tiene lugar mientras Jesús atraviesa Samaría, donde no entraban los judíos piadosos, en la región conocida como «Galilea de los gentiles» por su población mezclada con paganos. Diez leprosos «vinieron al encuentro de Jesús» y le gritaban desde lejos: «Ten compasión de nosotros». Jesús les dijo que fueran a presentarse a los sacerdotes, como si ya estuvieran curados. Ellos fueron, confiados en su palabra, y «mientras iban de camino, quedaron limpios». Uno de ellos «se volvió alabando a Dios a grandes gritos». «Se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano».
Este episodio anticipa, y en cierto modo justifica, las iniciativas de la Iglesia después de Pentecostés, y prefigura el acceso de los paganos a la fe. Felipe fue a anunciar a Cristo a una ciudad de Samaría. También Pedro y Juan. Y oraron para que los samaritanos que habían acogido el Evangelio recibieran el Espíritu Santo (Hch 8,5-17). Así comenzó la misión más allá de las fronteras, cuyos avatares narra el libro de los Hechos de los apóstoles. Desde entonces todos los pueblos están invitados a acercarse al Señor para pedir y obtener su purificación. No necesitan bañarse en un río extranjero, como Naamán de Siria; pueden utilizar las aguas que manan en su tierra para llenar la fuente bautismal. Siguiendo los pasos del leproso samaritano curado por Jesús, otros muchos se volverán para «dar gracias», expresión que, en el lenguaje cristiano, evoca algo más que el simple agradecimiento: la eucaristía, a la que conduce la fe.
Hemos de despertar constantemente el don de la gracia que hemos recibido. Las pruebas no deben desanimarnos. Si participamos en los sufrimientos de Cristo, reinaremos con él. Lo ha prometido a los que le son fieles, y no se echará atrás. Puede que un apóstol se vea imposibilitado para ejercer su ministerio, que sea encarcelado, que una comunidad sea reducida al silencio. Pero nada puede «encadenar la palabra de Dios»; no hay frontera que pueda impedir su difusión. La semilla del Reino, sembrada aquí, germinará y dará fruto abundante en otro lugar.

PRIMERA LECTURA

¡Un pagano curado, «limpiado» por un profeta del pueblo de Dios! Eliseo rechaza todo regalo: la gracia de Dios es absolutamente gratuita. El Dios único puede ser adorado y servido en todas partes, pero —piensa Naamán— no se le puede edificar un altar en tierra extranjera. Por eso se la lleva de Israel.

Volvió Naamán a Eliseo, y alabó al Señor.

Lectura del segundo libro de los Reyes 5,14-17

En aquellos días, Naamán el sirio bajó y se bañó siete veces en el Jordán, como se lo había mandado Eliseo, el hombre de Dios, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño. Volvió con su comitiva al hombre de Dios y se le presentó diciendo:
- Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra más que el de Israel. Y tú acepta un presente de tu servidor.
Contestó Eliseo:
- Juro por Dios, a quien sirvo, que no aceptaré nada.
Y aunque le insistía, lo rehusó.
Naamán dijo:
- Entonces, que entreguen a tu servidor una carga de tierra, que pueda llevar un par de mulas; porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios de comunión a otro dios que no sea el Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

Acción de gracias a Dios, que se revela a las naciones y hace maravillas en favor de todas ellas.

Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4

R
El Señor revela a las naciones su justicia.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas;
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad, vitoread, tocad. R

SEGUNDA LECTURA

En este testamento del anciano apóstol, prisionero por la fe, se percibe el eco de un himno litúrgico a Cristo muerto y resucitado, en cuyo destino participa ya desde ahora el cristiano. Esta certeza es el fundamento de una fe y una esperanza indefectibles.

Si perseveramos, reinaremos con Cristo.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2,8-13

Querido hermano:
Haz memoria de Jesucristo el Señor, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Éste ha sido mi Evangelio, por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor. Pero la palabra de Dios no está encadenada. Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen su salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna.
Es doctrina segura: si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.

Palabra de Dios.

ALELUYA ITs 5,18

Aleluya. Aleluya.
Vayamos con fe al encuentro de Cristo:
él tendrá compasión y nos curará. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dad gracias en toda ocasión:
esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús
respecto de vosotros. Aleluya.

EVANGELIO

Confiados en la palabra de Jesús, diez leprosos van a dar cuenta de su «purificación , que aún no ha tenido lugar El samaritano, un extranjero, se vuelve proclamando su fe en Jesús. «Alaba a Dios», «se echa por tierra», «da gracias», como un verdadero discípulo.

Se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 17,11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
- Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.
Al verlos, les dijo:
- Id a presentaros a los sacerdotes.
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.
Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
- ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?
Y le dijo:
- Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Palabra de Dios.



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