lunes, 10 de octubre de 2016

16-10-2016 - 29º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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29º domingo Tiempo ordinario (C)


Este domingo y los dos siguientes se leen tres páginas del evangelio que son propias de san Lucas. Estos textos forman un conjunto homogéneo y de gran valor para comprender mejor, en primer lugar, el relato, «por su orden», de los acontecimientos de los que fueron «testigos oculares», los que acompañaron a Jesús «desde el principio» de su ministerio, y en segundo lugar, los hechos de los que se hace eco el libro de los Hechos de los apóstoles.
En esta obra en dos partes la oración ocupa un lugar particularmente importante. Como Jesús, los discípulos oran ante todo por el advenimiento de la salvación universal. «Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo»: la oración que nos enseñó el Señor» da testimonio de ello y lo recuerda diariamente a los cristianos. Ellos saben que su oración será escuchada «sin tardar», porque es «hoy» cuando se cumplen las promesas del Dios fiel (Lc 4,21), en este mundo que «gime con dolores de parto» (Rm 8,22).
Para hacer frente a las pruebas y los combates, manteniéndose firmes en la esperanza, es necesario aferrarse a la palabra de Dios. Que constituye el corazón de toda celebración litúrgica. Proclamarla «a tiempo y a destiempo» es la tarea primordial de la Iglesia y de todos los que, de una u otra forma, ejercen un ministerio en la comunidad. Escucharla es lo característico del discípulo, el hombre de la Palabra, más que del Libro, como se dice a menudo. Esta Palabra transmitida por las Escrituras debe meditarse sin cesar, estudiarse con fe, con entusiasmo renovado, a la luz del Espíritu y de los «signos de los tiempos». No un texto antiguo que pueda estudiarse friamente, sino alimento, pan de cada día.
La oración es el test, el revelador, la fuente y la expresión de la fe que se traduce en obras. La palabra de Dios muestra dónde está el bien y cuál es el modo de llevarlo a la práctica con libertad, es decir, con conocimiento de causa. Indica el camino de la justicia y la santidad. En ella todos encontramos las armas necesarias para librar el combate de la vida según Dios.
Sólo la fe y la oración permiten hacer frente a los repetidos asaltos del enemigo, siempre dispuesto a caer sobre nosotros; y sólo con ellas es posible vencerlo. Recordemos lo que sucedió a Amalec.

PRIMERA LECTURA

En la Biblia, Amalec representa el mal absoluto, el enemigo al que el hombre, con sus solas fuerzas, es incapaz de vencer La intervención de Dios es absolutamente necesaria. Por eso Moisés tiene que mantener levantado el bastón que el Señor le dio para realizar prodigios en su nombre y con su poder Es Dios quien salva «con mano fuerte y brazo extendido».

Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel.

Lectura del libro del Éxodo 17,8-13

En aquellos días, Amalee vino y atacó a los israelitas en Rafidín.
Moisés dijo a Josué:
- Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalee. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte con el bastón maravilloso en la mano.
Hizo Josué lo que le decía Moisés y atacó a Amalee; Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte.
Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía bajada, vencía Amalee. Y como le pesaban las manos, sus compañeros cogieron una piedra y se la pusieron debajo para que se sentase; Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol.
Josué derrotó a Amalee y a su tropa, a filo de espada.

Palabra de Dios.

SALMO

Siempre y en todas partes, Dios está cerca de no>otros y guarda nuestra alma.

Salmo 120, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8

R
Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel. R

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche. R

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre. R

SEGUNDA LECTURA

En las Escrituras encontramos todo lo necesario para librar victoriosamente el combate de la fe, de la vida cristiana y del apostolado. Proclamar la Palabra sin miedo, sin edulcorarla, es deber de todos en la Iglesia, porque cada uno, según su vocación y su carisma, debe procurar instruir con paciencia, permaneciendo fiel a lo aprendido y recibido de la tradición.

El hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 3,14_4,2

Querido hermano:
Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado; sabiendo de quién lo aprendiste, y que de niño conoces la Sagrada Escritura: ella puede darte la sabiduría que por la fe en Cristo Jesús conduce a la salvación. Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud: así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.
Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta con toda comprensión y pedagogía.

Palabra de Dios.

ALELUYA Hb 4,12

Aleluya. Aleluya.
Cuando venga el Hijo del hombre,
¿encontrará estafe en la tierra?
Abramos el corazón a su Palabra. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios es viva y eficaz;
juzga los deseos e intenciones del corazón. Aleluya.

EVANGELIO

Hasta un juez sin escrúpulos acaba cediendo a las instancias importunas de una mujer indefensa. ¿Y Dios? Escucha siempre las oraciones de quienes se dirigen a él con constancia, con fe y confianza. Pero interviene en su momento, y de una manera que no siempre se corresponde con la que nosotros habíamos imaginado: su mirada va más lejos y más hondo que la de los hombres, que somos bastante miopes.

Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 18,1-8

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:
- Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara».
Y el Señor añadió:
- Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?, ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?

Palabra de Dios.



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