lunes, 24 de octubre de 2016

30-10-2016 - 31º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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31º domingo Tiempo ordinario (C)


Desde el domingo decimotercero venimos siguiendo a Jesús, que, después de su ministerio en Galilea, «tomó la decisión de ir a Jerusalén». Hasta ahora san Lucas no ha considerado necesario precisar el itinerario de este largo ascenso a la ciudad. Ha concentrado toda la atención del lector en las enseñanzas que Jesús iba dando por el camino. Pero Jesús llega ahora a Jericó, cerca del mar Muerto. Al atravesar la ciudad, se fija en Zaqueo, el rico jefe de los recaudadores de impuestos de la región. El relato de este encuentro es tan vivo y detallado que se corre el riesgo de fijarse sobre todo, o incluso de manera exclusiva, en los elementos pintorescos y anecdóticos, en detrimento de su significado profundo para los cristianos de todos los tiempos.
Zaqueo era ciertamente un hombre poco recomendable: él mismo confiesa haber cometido exacciones e injusticias en el ejercicio de su cargo. Quería «distinguir quién era Jesús». El evangelista no dice qué lo impulsaba ni cuáles eran entonces sus sentimientos, su fe. No tiene sentido plantearse cuestiones ni hacer suposiciones sin fundamento. Lo importante es otra cosa: Jesús levanta los ojos hacia él, lo interpela, se invita a ir a su casa. Zaqueo baja enseguida de la higuera. y recibe al Señor muy contento. Esta respuesta inmediata a la llamada del Señor es ejemplar, como la de los pescadores (Le 5,1-11). Al contrario que a Leví, otro publicano, a Zaqueo no se le pide que abandone su oficio (Le 11,27-28). Era posible, pues, ejercer honradamente el oficio de recaudador de impuestos, como decía Juan Bautista (Le 3,12-13). No era ciertamente el caso de Zaqueo, pues él mismo se condena a resarcir a los posibles perjudicados el máximo previsto por la ley romana. Va aún más lejos: da a los pobres la mitad de sus bienes. Se trata por tanto de un verdadero «hijo de Abrahán», de un auténtico discípulo de Cristo, porque renuncia a sus bienes en beneficio de los pobres (Hch 2,45), según el ideal propugnado por san Lucas. La generosidad de Zaqueo hace pensar en la de Jesús, que en Jerusalén, donde pronto va a estar, se despojará de todo, hasta de sí mismo, para enriquecer a la humanidad entera con su pobreza voluntaria y total, para salvar a los que lo habían perdido todo.
Oremos unos por otros para que Dios nos encuentre dignos de la llamada que nos dirige y haga activa nuestra fe, hasta llegar a la renuncia total.

PRIMERA LECTURA

La misericordia universal es, junto a la obra de la creación, la expresión más maravillosa de la omnipotencia de Dios. El ama verdaderamente todo lo que ha creado; da tiempo a los pecadores para que se conviertan; los reprende, les advierte para que tomen conciencia de su falta y se aparten del mal.

Te compadeces de todos, porque amas a todos los seres.

Lectura del libro de la Sabiduría 11,23-12,2

Señor, el mundo entero es ante ti como un grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado.
Y ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado? Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida. En todas las cosas está tu soplo incorruptible. Por eso corriges poco a poco a los que caen; a los que pecan les recuerdas su pecado, para que se conviertan y crean en ti, Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

Que todas las criaturas lo sepan, que todos los fieles lo proclamen: Dios es bueno y cariñoso, fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones.

Salmo 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14

R
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey,
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día te bendeciré,
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R

Que todas las criaturas te den gracias, Señor.
Que te bendigan tus fieles,
que proclamen la gloria de tu reino,
que hablen de tus hazañas. R

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R

SEGUNDA LECTURA

La espera de la venida del Señor; núcleo de la fe y de la liturgia cristianas, funda la esperanza y la serenidad de los discípulos de Cristo. No justifica ni la agitación ansiosa ni la fuga de las realidades de este mundo presente.

Que Jesús nuestro Señor sea vuestra gloria y vosotros seáis la gloria de él.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1,11-2,2

Hermanos:
Siempre rezamos por vosotros, para que nuestro Dios os considere dignos de vuestra vocación; para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe, y para que así Jesús nuestro Señor sea vuestra gloria y vosotros seáis la gloria de él, según la gracia de Dios y del Señor Jesucristo. Os rogamos a propósito de la última venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestro encuentro con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras: como si afirmásemos que el día del Señor está encima.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn3,16

Aleluya. Aleluya.
El Señor viene a buscar y a salvar lo que estaba perdido.
Hoy es el día de la salvación. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único.
Todo el que cree en él tiene vida eterna. Aleluya.

EVANGELIO

Zaqueo no se conforma con dar generosamente la mitad de sus bienes a los pobres. Se impone el indemnizar a aquellos de los que se hubiera aprovechado devolviéndoles cuatro veces más, como preveía para los estafadores y los ladrones la ley romana, que, sin embargo, no tenía en cuenta el modo como los publicanos se aprovecharan de su cargo.

El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 19,1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.
Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
- Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.
Él bajó enseguida, y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban diciendo:
- Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.
Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor:
- Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.
Jesús le contestó:
- Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Palabra de Dios.



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