lunes, 7 de noviembre de 2016

13-11-2016 - 33º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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33º domingo Tiempo ordinario (C)


La liturgia del trigésimo tercer domingo del tiempo ordinario evoca la última venida del Señor. La Biblia habla de ella con frecuencia. Está en el centro de la profesión de fe de los cristianos. Hacia ella está orientada toda celebración sacramental y especialmente la eucaristía, que es memorial del Señor «hasta que vuelva».
Es larga la lista de los acontecimientos devastadores y aterradores que parecían anunciar el fin del mundo. El saqueo de Jerusalén, que quedó borrada del mapa, y la destrucción del Templo, centro único del culto de la alianza, se cuentan entre ellos. Jesús, que lloró ante la idea de los desastres que se cernían sobre la ciudad (Lc 19,41- 44), no pudo contemplar la destrucción del Templo como la de cualquier otro edificio, por muy prestigioso que fuera. Era el fin de un mundo, sí; pero no el fin del mundo. La historia ha conocido otras sacudidas que también parecían anunciar el fin; por ejemplo, lo que se conoce como «las invasiones bárbaras», las grandes herejías que pusieron en peligro el equilibrio de la Iglesia y de la sociedad, el fin de la «cristiandad». Estos terribles acontecimientos no guardan relación con el fin último y, aunque duros de vivir, no deben asustar a los creyentes, ni desanimarlos, ni erosionar su esperanza y su perseverancia. Como tampoco las persecuciones y contradicciones. Con su constancia, los discípulos darán testimonio del Señor, y él mismo será testigo suyo en el momento del juicio que les introducirá definitivamente en la vida.
Una enseñanza tan clara por parte del mismo que «vendrá para juzgar a vivos y muertos» descalifica radicalmente a quienes, sobre todo en periodos de crisis y conmociones de todo tipo, surgen regularmente aquí o allí para anunciar el fin del mundo, la vuelta de Cristo, atreviéndose a veces a pretender que ellos mismos son Cristo que ha vuelto a la tierra. Digan lo que digan y hagan lo que hagan, son impostores. Hay que guardarse de concederles personalmente ningún crédito, poner decididamente en guardia a aquellos que podrían verse seducidos por estos discursos, y liberar de esa trampa a los que han caído en ella.
La serenidad y el ardor deben caracterizar a los cristianos en el cumplimiento de sus tareas diarias. Cada liturgia, especialmente la de la eucaristía, es una nueva visita de Dios. Cada domingo es un «día del Señor», y el año litúrgico es una serie ininterrumpida de domingos.

PRIMERA LECTURA

«Cualesquiera que sean los acontecimientos con los que tengáis que enfrentaros, no os dejéis arrastrar por el miedo», proclamo una profecía del siglo y antes de Cristo que nos ha llegado bajo el nombre de Malaquías «el mensajero».

Os iluminará un sol de justicia.

Lectura del libro del profeta Malaquías 3,19-20a

Mirad que llega el día,
ardiente como un horno:
malvados y perversos serán la paja,
y los quemaré el día que ha de venir
-dice el Señor de los ejércitos-,
y no quedará de ellos ni rama ni raíz.
Pero a los que honran mi nombre
los iluminará un sol de justicia,
que lleva la salud en las alas.

Palabra de Dios.

SALMO

El Señor viene con justicia y rectitud. Su vuelta ¿será para nosotros día de fiesta y de alegría?

Salmo 97, 5-6. 7-9a. 9bc

R
El Señor llega para regir la tierra con rectitud.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan,
aplaudan los ríos, aclamen los montes,
al Señor que llega para regir la tierra. R

Regirá el orbe con justicia,
y los pueblos con rectitud. R

SEGUNDA LECTURA

Es normal y justo que la comunidad se haga cargo del servidor del Evangelio. Pero ninguna vocación autoriza a vivir a expensas de los otros, a comportarse como un parásito. La espera de la venida del Señor no exime a nadie de las condiciones y obligaciones de la vida diaria.

El que no trabaja, que no coma.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 3,7-12

Hermanos:
Ya sabéis cómo tenéis que imitar mi ejemplo: no viví entre vosotros sin trabajar, nadie me dio de balde el pan que comí, sino que trabajé y me cansé día y noche, a fin de no ser carga para nadie.
No es que no tuviera derecho para hacerlo, pero quise daros un ejemplo que imitar.
Cuando viví con vosotros os lo dije: el que no trabaja, que no coma.
Porque me he enterado de que algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada.
Pues a ésos les digo y les recomiendo, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc21,28

Aleluya. Aleluya.
Con vuestra perseverancia
salvaréis vuestras almas. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Levantaos, alzad la cabeza:
se acerca vuestra liberación. Aleluya.

EVANGELIO

Los discípulos no deben sorprenderse de tener que sufrir persecución ni dejar- se seducir por los charlatanes. Han de mantenerse firmes. Nada debe debilitar su esperanza. Al final de la prueba, alcanzarán la vida.

Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,5-19

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:
- Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.
Ellos le preguntaron:
- Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?
Él contestó:
- Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre diciendo: «Yo soy» o bien «el momento está cerca»; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá enseguida.
Luego les dijo:
- Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre.
Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio.
Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

Palabra de Dios.



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