lunes, 5 de diciembre de 2016

11-12-2016 - 3º domingo de Adviento (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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3º domingo de Adviento (A)


La esperanza, que es la que da tono al tiempo de Adviento, es fuente inagotable de dinamismo y optimismo para la vida, a menudo árida, de los cristianos en el desierto de este mundo. Los profetas nunca dejaron de predicarla, incluso cuando la situación parecía no tener salida. «Mirad —decían—: los signos precursores de vuestra próxima liberación son ya visibles. ¡Sed fuertes, no temáis! ¡Que cesen vuestras quejas y lamentos desesperanzados! Aplicad el oído y percibiréis en la noche el rumor de los pasos de vuestro Dios que viene en persona a salvaros».
Es cierto que todavía no ha llegado el tiempo de la cosecha. Pero la semilla ya ha sido arrojada. Y germina en silencio bajo el hielo del más riguroso invierno. Como los profetas, esos hombres de la esperanza nunca defraudada, como el labrador que aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, estemos seguros de que lo que ocurra ha de superar todas nuestras expectativas. Guardémonos de las rencillas y de quejamos unos de otros. Estas cosas no conducen sino a enfrentamientos inútiles, cuando de lo que se trata es de trabajar juntos para apresurar la venida del juez-labrador que está cerca.
Una vez más la liturgia de este domingo nos pone ante los ojos el ejemplo de Juan Bautista, profeta único, modelo de fidelidad y paciencia. Juan anuncia al que «ha de venir», que puede más que él y ante el cual debe menguar (cf Mt 3,13-15; Mc 1,6-7; Lc 3,15-16; Jn 3,30). Pero él no lo ha visto. Estaba en prisión cuando Jesús empezó a predicar, y ya no saldrá de allí con vida. Llevando su misión hasta el final, el Precursor manda a preguntar a Jesús: «Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».
Los signos de la llegada del Reino no son siempre los que se esperaban. Pero hay algunos que no dejan lugar a engaño. Dios y su Cristo están presentes cuando el mal retrocede, cuando son los pequeños, los débiles, los pobres y olvidados los que tienen la prioridad. Esa es la respuesta que Jesús da a los enviados de Juan: la misma respuesta que sigue dando a los que lo interrogan. No hay otro criterio para discernir la venida del reino de los cielos y la autenticidad de los enviados de Dios. Realizando tales obras es como se llega a ser, y se sigue siendo cada vez más, verdadero discípulo del Señor.

PRIMERA LECTURA

El recuerdo de las maravillas realizadas por Dios durante el éxodo funda la esperanza de los profetas y los salmistas. El Señor se manifestará de nuevo; pero no de una manera espectacular o para vengarse, sino para curar a los suyos de la ceguera, de la sordera, y de todo lo que los paraliza. Una vez curados, podrán marchar con alegría por el camino de la libertad recuperada, siguiendo sus pasos.

Dios vendrá y nos salvará.

Lectura del libro del profeta Isaías 35,1-6a. 10

El desierto y el yermo se regocijarán,
se alegrarán el páramo y la estepa,
florecerá como flor de narciso,
se alegrará con gozo y alegría.
Tiene la gloria del Líbano,
la belleza del Carmelo y del Sarión.
Ellos verán la gloria del Señor,
la belleza de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles,
robusteced las rodillas vacilantes,
decid a los cobardes de corazón:
sed fuertes, no temáis.
Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite;
viene en persona, resarcirá y os salvará.
Se despegarán los ojos del ciego,
los oídos del sordo se abrirán,
saltará como un ciervo el cojo,
la lengua del mudo cantará,
y volverán los rescatados del Señor.
Vendrán a Sión con cánticos:
en cabeza, alegría perpetua;
siguiéndolos, gozo y alegría.
Pena y aflicción se alejarán.

Palabra de Dios.

SALMO

Letanía de los oprimidos, los afligidos y los indefensos que reiteran sin cesar su confianza en Dios.

Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10

R.
Ven, Señor, a salvarnos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda,
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

SEGUNDA LECTURA

Entre la primera y la última venida del Señor está el tiempo de la esperanza, amasada con paciencia y perseverancia, resurgiendo una y otra vez, aun en lb más hondo de la prueba.

Manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca.

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5,7-10

Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor.
El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía.
Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca.
No os quejéis, hermanos, unos de otros para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta.
Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 4,18

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo,
alegría y salvación de su pueblo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí;
me ha enviado para anunciar
el Evangelio a los pobres. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús pasó haciendo el bien (Hch 10,38), siempre cercano a los pequeños y a los pobres, dándoles esperanza y consuelo con la delicadeza del amor que no humilla. Reveló el ¡nodo de actuar de Dios, inesperado y a menudo desconcertante, que se manifiesta con más frecuencia en el soplo de una brisa ligera que en el estruendo de los elementos desencadenados (IR 19,11-12).

¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos:
- ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?
Jesús les respondió:
- Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:
- ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? O qué fuisteis a ver, ¿un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis, a ver a un profeta?
Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti».
Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.

Palabra de Dios.



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