lunes, 12 de diciembre de 2016

18-12-2016 - 4º domingo de Adviento (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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4º domingo de Adviento (A)


«Ayer, hoy y mañana»: tres palabras clave del vocabulario cristiano y de la liturgia. Se emplean juntas para poner de manifiesto la triple dimensión de la acción de Dios, que es quien hace la unidad de la historia de la salvación en el tiempo de los hombres. En el presente de la celebración se actualiza el pasado; y lo que «todavía no» ha llegado se hace «ya» presente, se reciben sus arras. Por medio de los signos sacramentales, Dios se revela y comunica su gracia santificante aquí y ahora. El momento que vivimos se integra en el desarrollo de la obra divina de la redención, que se prolonga desde los orígenes y tiende hacia el día en que el Señor vuelva en su gloria. A veces se traspasan umbrales que parecerían infranqueables, se acelera el curso de lentas germinaciones, las mismas leyes de la naturaleza se someten al cumplimiento del designio de Dios.
Al rey Acaz, que dudaba de la fidelidad de Dios, el profeta Isaías le había anunciado el «signo» misterioso del nacimiento de un niño, engendrado en el seno de una hija de Israel, y cuyo nombre, «Dios- con-nosotros», manifestaría abiertamente que es el Señor quien conduce la historia de acuerdo con sus designios. Impresiona la cercanía entre este oráculo, bastante enigmático, y «el nacimiento de Jesucristo», nacido de María «encinta por obra del Espíritu Santo». El evangelista, y después de él la tradición cristiana, vieron en esta nueva intervención del Altísimo la realización maravillosa de la antigua promesa. Aquel a quien la Virgen dio a luz ha recibido un nombre que no procede de los hombres: Jesús, es decir, «El Señor salva». El mismo en persona es un signo, el gran signo ofrecido a todas las naciones.
Cristo Jesús es manifestación y al mismo tiempo prenda de la fidelidad y de la constancia indefectibles del Dios salvador. Su nacimiento inaugura la nueva era, a cuyo término todo se cumplirá: la obra de la salvación y la congregación del pueblo santo de Dios.
Es la Buena Noticia, el Evangelio «prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas», anunciado por los apóstoles, pregonada incansablemente por la Iglesia y por el testimonio de los cristianos. La liturgia del Adviento nos invita a acogerla. «Abrase la tierra y brote al Salvador!», «Va a entrar el Señor, él es el rey de la gloria», «constituido Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección».

PRIMERA LECTURA

A caz, porfiarse más de las alianzas humanas que del Dios de la Alianza, llega a desdeñar el ofrecimiento de una garantía nueva e inmediata. Isaías, en nombre del Señor responde a este desdén con el anuncio de un signo inesperado que el rey, con actitud despectiva, no quiere ver: el signo del Emmanuel que vendrá a salvar a su pueblo.

Mirad: la virgen está encinta.

Lectura del libro de Isaías 7,10-14

En aquellos días, el Señor habló a Acaz:
- Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.
Respondió Acaz:
- No la pido, no quiero tentar al Señor.
Entonces dijo Isaías:
- Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal:
Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».

Palabra de Dios.

SALMO

Profesión de fe en Dios, Padre todopoderoso, que viene a nosotros en su Hijo, el único que no defrauda.

Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6

R.
Va a entrar el Señor. Él es el Rey de la gloria.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
Él la fundó sobre los mares,
Él la afianzó sobre los ríos. R.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos.
R.

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

SEGUNDA LECTURA

El Hijo de Dios es un humilde descendiente de una estirpe humana; un hombre, sometido a la dura condición de todos los que nacen en la carne, ha sido constituido Hijo de Dios con pleno poder por su resurrección de la muerte: esta es la Buena Noticia, el Evangelio del que los apóstoles, la Iglesia y todos los cristianos son «siervos», ministros.

Por Cristo hemos recibido este don y esta misión: hacer que los gentiles respondan a la fe.

Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1,1-7

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios.
Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras Santas, se refiere a su Hijo, nacido, según lo humano, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor.
Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús.
A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de su pueblo santo, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 1,23

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo, hijo de la Virgen María,
la Palabra hecha carne. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo
y le pondrá por nombre Emmanuel,
Dios-con-nosotros. Aleluya.

EVANGELIO

Por el nacimiento de su Hijo en nuestra carne, tenemos a «Dios-con-nosotros». Jamás Isaías ni ningún otro profeta hubieran podido imaginar tal realización de la promesa. Y José, un desconocido descendiente de David, considera su deber desaparecer ante la vocación de la mujer que se le había dado en matrimonio. Sin embargo, ha sido elegido para adoptar al hijo de María, «porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo», y él le pondrá por nombre de Jesús, «El Señor salva».

Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 1,18-24

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
- José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:
- Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Palabra de Dios.



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