domingo, 31 de enero de 2016

02//02/2016 - La Presentación del Señor (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Presentación del Señor (C)


La fiesta de la Presentación de Jesús en el templo, al igual que otras fiestas que recuerdan algún misterio de la vida de Cristo, localizado en un santuario determinado, tuvo su origen en Jerusalén, donde existen testimonios que remontan esta costumbre al siglo IV, que se ceñía rigurosamente a lo que dice el evangelio. Cuando esta fiesta se extendió por Siria en el siglo VI, se le dio en Constantinopla el nombre de «Encuentro» (Hypapantè, en griego). Al pasar a Occidente en la segunda mitad del siglo VI, se celebrará, como sigue siendo todavía hoy, cuarenta días después de la Natividad del Señor, o sea, el 2 de febrero. Más tarde, hacia el año 750, en las Galias tomó el nombre de «Purificación de la Virgen María», nombre que conservó hasta 1969. En Roma, donde la misa tenía lugar al alba, el papa Sergio 1(687-701) hizo que a la misa le precediera una procesión en la que todos llevaban un cirio; de ahí el nombre popular de «la Candelaria». Con su denominación actual de «Presentación del Señor en el templo», recobró su orientación inicial de celebración vinculada al misterio de la encarnación del Hijo de Dios.
Desde su nacimiento, Jesús es el mensajero de la Buena Noticia, de la salvación anunciada en repetidas ocasiones por los profetas, enviados a preparar los corazones para su venida. El, el Hijo de Dios, quiso ser totalmente solidario con los hombres, sometiéndose como ellos a la ley y a todas las limitaciones de la vida humana. Pasó por las diversas etapas del crecimiento humano, bajo la autoridad de sus padres, educado por ellos en la sabiduría y la gracia de Dios que lo acompañaban. Conoció en su propia carne las pruebas de la condición humana, incluida la muerte. Dios verdadero y hombre verdadero, es el sumo sacerdote que libera a los hombres del pecado y se compadece de sus sufrimientos, cuya dureza experimentó.
Él, que es la luz del mundo, no se impone a nadie. Cada cual tiene personalmente la posibilidad y la responsabilidad de acogerlo o de rechazarlo. «Marchemos en paz al encuentro del Señor», proclama la liturgia. «Congregados en una sola familia por el Espíritu Santo, vayamos a la casa de Dios, al encuentro de Cristo. Lo encontraremos y lo conoceremos en la fracción del pan, hasta que vuelva revestido de gloria».

PRIMERA LECTURA

A una comunidad cansada de esperar el “día del Señor”, anunciado en múltiples ocasiones por los profetas, pero que no acaba de llegar, Malaquías, el último de lista de los profetas escritores, le anuncia dos venidas: la de un mensajero como él, encargado de preparar al pueblo de Dios para el encuentro con su Señor, y la venida del Señor mismo “a su Templo”. Estas dos venidas terminaros por confundirse. Al entrar en el templo. Cristo inaugura el tiempo de la purificación decisiva del sacerdocio y del pueblo entero, el del culto en espíritu y verdad.

Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis.

Lectura de la profecía de Malaquías 3,1-4

Así dice el Señor: "Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos."

Palabra de Dios.

SALMO

Que la Iglesia abra de par en par sus puertas para recibir al que viene.

Salmo 23, 7. 8. 9- 10 (R.: 10bc)

R
El Señor, Dios de los ejércitos,
 es el Rey de la gloria.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R.

-¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra. R.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R.

-¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria. R.

SEGUNDA LECTURA

Los sacerdotes no pueden ser más que intermediarios entre Dios y los hombres y entre los hombres y Dios, “pontífices”, “constructores de puentes”. Por el contrario, en Jesucristo, Dios y el hombre están indisolublemente unidos en una misma persona, sin intermediarios de ningún tipo. Él es el único sacerdote perfecto, el Mediador personal entre Dios y los hombres, el Salvador de todos.

Tenía que parecerse en todo a sus hermanos.

Lectura de la carta a los Hebreos 2,14-18

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaba la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 2,32

Aleluya. Aleluya.
Éste es el Hijo que trae la salvación y el consuelo.
Por él quedará clara
la actitud de muchos corazones. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús es presentado en el templo, por sus padres, de acuerdo con las prescripciones de la Ley (Ex 13, 1-2. 15). Pero en realidad, es el último mensajero de Dios que viene a su Templo, como reconoce proféticamente el anciano Simeón, representante de todos “los hombres justos y piadosos que aguardan el consuelo de Israel”. En el Espíritu Santo, discierne que este niño, aparentemente igual que todos los demás, es aquel a quien anunciaros los profetas, bandera discutida, pero también primogénito de una multitud de rescatados, “luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel”. María, modelo de los creyentes, va a sufrir más que nadie, en lo profundo de su ser, en su corazón, viendo que muchos rechazarán esta luz. Al canto de alabanza y a la alegría de Simeón se une una mujer, también ella anciana, que se convierte en la primera mensajera de la buena noticia de la venida del Salvador, como otras mujeres lo serán de la resurrección. Así, lo que a primera vista parecía simple relato de un episodio de la infancia de Cristo, se revela como una emotiva introducción al misterio de la salvación realizada en Jesús. “Dios salva”, al evangelio según san Lucas y al libro de los Hechos de los apóstoles.

Mis ojos han visto a tu Salvador.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: "Todo primogénito varón será consagrado al Señor", y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: "un par de tórtolas o dos pichones."
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel." [Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: "Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma."
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.]

Palabra de Dios.



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lunes, 25 de enero de 2016

31//01/2016 - 4º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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4º domingo Tiempo ordinario (C)


Como el domingo pasado, la liturgia de hoy sitúa a los fieles congregados en presencia de Jesús, sentado en la sinagoga de Nazaret, donde ha proclamado inaugurado el año de gracia anunciado por el profeta Isaías. En un primer momento, los oyentes acogen favorablemente esta declaración: «Todos le expresaban su aprobación», es decir, se ponían de su lado. Pero a estas buenas disposiciones iniciales sucede pronto la duda: ¿de dónde puede venirle esa sabiduría al «hijo de José», el carpintero del pueblo? Jesús sabe lo que los oyentes piensan en su interior; debió percibirlo en sus miradas sorprendidas o irónicas. Puestos al descubierto, se ponen furiosos al oír cómo se los compara con los que habían rechazado a los profetas. Entonces los vecinos de Nazaret quieren acabar con Jesús. Pero será el propio Jesús quien, libremente y cuando llegue su hora, se pondrá en camino hacia Jerusalén, donde debe morir (Lc 9,51).
En esta especie de introducción al conjunto del evangelio según san Lucas afloran varios de los grandes temas que lo caracterizan. El día de su presentación en el templo, Simeón declara que Jesús, «luz para alumbrar a las naciones», será para muchos «bandera discutida» (Lc 2,32.34). Por otra parte, el evangelista insiste constantemente en el universalismo de la salvación. Finalmente, no hay que olvidar que el libro de los Hechos de los apóstoles es la segunda parte de la obra de san Lucas, donde este quiere mostrar cómo la misión de la Iglesia es continuación de la del Señor. Rechazados como él por sus conciudadanos, los apóstoles se verán obligados a predicar el Evangelio más allá de las fronteras de su país.
El profetismo, tanto el de los misioneros como el de las comunidades cristianas, no se compagina con un provincianismo estrecho, con un particularismo limitado. El recuerdo de la conducta de Dios debe estar presente en todo momento en la asamblea cristiana reunida para celebrar el misterio de la salvación.
Lo que hace posible la unidad de las comunidades eclesiales y de la Iglesia entera es el amor sin límites. Los que están animados por él, lejos de guardarse celosamente para sí los bienes recibidos de Dios, de replegarse con cobardía en sus propios intereses por miedo a perderlos, desean ante todo que el mayor número posible de personas se beneficien de ellos. La fe languidece y acaba por apagarse cuando no se comparte.

PRIMERA LECTURA

Jeremías prueba lo que cuesta ser fiel a su misión profética. Nunca habría podido asumirla si no se hubiera aferrado vigorosamente a Dios, que le había prometido ser su fuerza para mantenerse firme en medio de las dificultades.

Te nombré profeta de los gentiles.

Lectura del libro de Jeremías 1,4-5. 17-19

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:
- Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles.
Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos.
Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo.
Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.

Palabra de Dios.

SALMO

Es en Dios, su esperanza, en quien los profetas encuentran fuerza y sostén para anunciar contra viento y marea, su auxilio y su salvación.

Salmo 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15ab y 17

R
Mi boca contará tu salvación, Señor.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo,
líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído,
y sálvame. R

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa. R

Porque tú, Dios mío,
fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor,
desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías. R

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R

SEGUNDA LECTURA

El amor fraterno inspirado por el amor de Dios está por encima de todo, es la mayor de las virtudes. El himno, bien conocido, se divide en tres partes: superioridad absoluta del amor sus obras y su perennidad.

Quedan la fe, la esperanza, el amor; pero la más grande es el amor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,31_13,13

Hermanos:
Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino mejor.
Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.
Ya podría tener el don de predicción y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es comprensivo,
el amor es servicial y no tiene envidia;
el amor no presume ni se engríe;
no es mal educado ni egoísta;
no se irrita, no lleva cuentas del mal;
no se alegra de la injusticia,
sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites,
espera sin límites, aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca.
¿El don de predicar? -se acabará.
¿El don de lenguas? -enmudecerá.
¿El saber? -se acabará.
Porque inmaduro es nuestro saber
e inmaduro nuestro predicar;
pero cuando venga la madurez,
lo inmaduro se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como un niño,
sentía como un niño, razonaba como un niño.
Cuando me hice un hombre,
acabé con las cosas de niño.
Ahora vemos como en un espejo de adivinar;
entonces veremos cara a cara.
Mi conocer es por ahora inmaduro,
entonces podré conocer como Dios me conoce.
En una palabra:
quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres.
La más grande es el amor.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 4,18

Aleluya, Aleluya.
Habla, Jesús, hijo de María y de José:
tú eres. el Cristo, Dios en medio de nosotros,
nosotros damos testimonio de ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad. Aleluya.

EVANGELIO

Admiración, escepticismo, hostilidad, intento de linchamiento: son las reacciones de los habitantes de Nazaret tras la primera intervención de Jesús en su pueblo. Todos los profetas han tenido una suerte semejante. La mala acogida recibida en su patria los ha obligado a transmitir en otros lugares el mensaje que tenían la misión de proclamar. Lo mismo ocurrirá más tarde con los discípulos de Jesús. La persecución que hace que se disperse la joven comunidad de Jerusalén da lugar a que se predique por primera vez la Buena Noticia fuera de la ciudad, como testimonia el libro de los Hechos de los apóstoles, segunda parte de la obra de san Lucas.

Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 4,21-30

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:
- Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.
Y decían:
- ¿No es éste el hijo de José?
Y Jesús les dijo:
- Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.
Y añadió:
- Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Palabra de Dios.



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lunes, 18 de enero de 2016

24//01/2016 - 3º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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3º domingo Tiempo ordinario (C)


Hoy comienza la lectura del evangelio según san Lucas, que caracteriza al ciclo C. El autor declara haber escrito un relato de los hechos transmitidos por «testigos oculares». «Después de comprobarlo todo exactamente desde el principio»; es decir, que ha realizado una labor de historiador, sin que eso signifique consignar los acontecimientos dentro del marco de una cronología y una geografía estrictas. Ha adoptado el plan que, permaneciendo fiel a la autenticidad de los hechos, le ha parecido más adecuado para su propósito: permitir al lector darse cuenta de «la solidez de las enseñanzas» que ha recibido de otros. Se trata de una manera de proceder que diferencia al verdadero historiador del simple cronista.
San Lucas comienza su relato con la intervención de Jesús, cuando tenía unos treinta años, un sábado en la sinagoga de Nazaret, donde se había criado. El poder del Espíritu, del que ha sido revestido en el momento del bautismo en las aguas del Jordán, le ha granjeado ya una gran fama en toda la región. Por eso es normal que se le pida que haga la lectura prevista para ese día en el oficio de la sinagoga. Pero se trata de un texto del profeta Isaías en el que se habla de un enviado de Dios, encargado de «anunciar el Evangelio a los pobres, a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista», de «dar libertad a los oprimidos y anunciar el año de gracia del Señor». Tradicionalmente, la lectura del texto profético iba seguida de lo que nosotros llamamos una homilía, confiada a veces a un maestro que estaba de paso. San Lucas recoge de la de Jesús sólo la afirmación central: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Jesús se presenta así, de pronto, tal como los cristianos lo reconocen: él es, personalmente, el que da cumplimiento a las Escrituras.
La segunda parte de la obra de san Lucas, el libro de los Hechos de’ los apóstoles, muestra cómo esta palabra se difunde y mueve, en el mundo entero, a una multitud de hombres y mujeres a adherirse al Señor (Hch 5,14). Este impulso misionero de la Iglesia exige que todos, sin pretender imponemos a los demás, pongamos al servicio de los otros los dones y carismas procedentes del Espíritu, con el fin de que crezca el cuerpo entero del que Cristo es cabeza.
Este domingo pone ante los ojos de los cristianos el ideal y la vocación de la Iglesia reunida en torno a la palabra de Dios.

PRIMERA LECTURA

Una gran liturgia de la palabra: asamblea de todo el pueblo, entronización solemne del Libro, lector a la vista de todos, traducción del texto a la lengua común y explicación del mismo, fin de la reunión con una comida de fiesta en la que todos participan. Una tradición que se ha perpetuado hasta nuestros días.

Leían el libro de la Ley, explicando el sentido.

Lectura del libro de Nehemías 8,2-4a. 5-6. 8-10

En aquellos días, el sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era mediados del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley.
Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -pues se hallaba en un puesto elevado- y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió:
- Amén, amén.
Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.
Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero:
- Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: no hagáis duelo ni lloréis.
Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. Y añadieron:
- Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.

Palabra de Dios.

SALMO

Vida y sabiduría, alegría y luz, derecho y justicia, seguridad: son innumerables los beneficios derivados de la palabra de Dios.

Salmo 18, 8. 9. 10. 15.

R
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío. R

SEGUNDA LECTURA

«La Iglesia es el cuerpo de Cristo, y nosotros somos sus miembros». Es indispensable que cada cual realice correctamente la función que le corresponde. En su diversidad, todos contribuyen al correcto y armonioso funcionamiento del conjunto. Nadie debe ser considerado como inferior Por eso, la jerarquía de los carismas y los ministerios no significa en absoluto superioridad de las personas que se benefician de ellos o los ejercen.

Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,12-30

Hermanos:
Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo.
Si el pie dijera: «No soy mano, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el oído dijera: «No soy ojo, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿cómo oiría? Si el cuerpo entero fuera oído, ¿cómo olería? Pues bien, Dios distribuyó el cuerpo y cada uno de los miembros como él quiso.
Si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo.
El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito». Más aún, los miembros que parecen más débiles son más necesarios. Los que nos parecen despreciables, los apreciamos más. Los menos decentes, los tratamos con más decoro. Porque los miembros más decentes no lo necesitan.
Ahora bien, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los que menos valían.
Así, no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros.
Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos se felicitan.
Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas.
¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan?

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 4,18

Aleluya. Aleluya.
Cristo, en medio de nosotros,
desenrolla hoy el libro,
y nos revela el sentido de las Escrituras. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado
para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad. Aleluya.

EVANGELIO

San Lucas, que escribe después de otros, es consciente de que también él está haciendo una obra útil. Considera que el relato que se ha propuesto redactar contribuirá a confirmar lo que los «testigos oculares» y los «predicadores de la palabra» han relatado. La narración de lo ocurrido en la sinagoga de Nazaret constituye una especie de prólogo al conjunto del tercer evangelio. Jesús, como mostrará más adelante el relato, es personalmente el cumplimiento de las promesas; la Buena Noticia que anuncia se dirige en primer lugar a los pobres, a los cautivos, a los oprimidos; la palabra de Dios ha de estudiarse constantemente y deforma siempre nueva, a la luz del Espíritu.

Hoy se cumple esta Escritura.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,1-4; 4,14-21

Excelentísimo Teófilo:
Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque él me ha ungido.
Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos, la vista.
Para dar libertad a los oprimidos;
para anunciar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:
- Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

Palabra de Dios.



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lunes, 11 de enero de 2016

17//01/2016 - 2º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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2º domingo Tiempo ordinario (C)


Todos los años, al comenzar la larga serie de los domingos del Tiempo ordinario, la liturgia se celebra ante una especie de gran fresco tomado del evangelio según san Juan. En él se contempla sucesivamente al Señor, del que da testimonio Juan, el Precursor (ciclo A), y a Jesús rodeado de Juan, Andrés y su hermano Simón, que deciden seguirlo (ciclo B). Hoy, por último (ciclo C), el cuarto evangelista invita a la asamblea dominical a meditar sobre «el primer signo» realizado por Jesús, durante una boda a la que ha sido invitado con María y sus discípulos, en Caná de Galilea. Por la intervención de su madre, que ha advertido la embarazosa situación en que van a encontrarse los novios, Jesús convierte en un vino excelente el agua que, por orden suya, han echado en seis grandes tinajas de piedra. Lo hace sin alardes, hasta tal punto que, excepto María y los sirvientes, nadie, ni el mayordomo ni el novio, saben de dónde procede el buen vino servido al final. Es evidente que el evangelista ha recogido este milagro, con el que «Jesús comenzó sus signos» por su valor simbólico, subrayado por varias indicaciones.
Con Jesús, lleno del Espíritu al salir de las aguas del Jordán, donde ha sido bautizado por el Precursor, ha llegado la hora de las bodas de Dios con la humanidad. El vino nuevo de la fiesta a la que todos estamos invitados sólo espera a ser bebido. La gracia está dispuesta para difundirse abundantemente sobre todos los que, siguiendo a los discípulos, creen en aquel cuya gloria se ha manifestado. No se trata aquí del prestigio externo, que suscita temor y admiración. En la Biblia, la gloria indica el valor profundo de un ser, lo que le da autoridad. En sentido absoluto, es sólo atributo de Dios; funda el respeto, la adoración y la confianza que se le deben. Desde el principio, Jesús se manifiesta como igual al Padre. Pero cuando llega su «hora», la de su exaltación en la cruz, esta gloria se muestra deslumbrante ante los creyentes. Entonces reconocen en él al Salvador que introduce en la sala de las bodas eternas, donde acogerá a la multitud de los elegidos llamados a participar en la fiesta eterna. La eucaristía es su sacramento, su prenda. En la asamblea que la celebra, todos contribuyen a preparar, ya desde ahora, y cada uno según la gracia y los carismas que le han correspondido, la gran asamblea a la que todos los pueblos están invitados.
Son las amplias perspectivas abiertas por el «signo» de Caná.

PRIMERA LECTURA

Para Dios, poner nombre y crear coinciden. La imposición de nombres nuevos, por lo demás muy expresivos, tiene la eficacia de la palabra creadora. Del mismo modo que la obra de los siete días ha manifestado la gloria y el poder del Creador así también la restauración de las relaciones confiadas y fecundas con su pueblo, comparado a una esposa, hace resplandecer la justicia, es decir, la santidad de Dios: ocurra lo que ocurra, él nunca renegará de su amor.

Se regocija el marido con su esposa.

Lectura del libro de Isaías 62,1-5

Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la aurora de su justicia,
y su salvación llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo,
pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.
Ya no te llamarán «Abandonada»,
ni a tu tierra «Devastada»;
a ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra «Desposada»,
porque el Señor te prefiere a ti,
y tu tierra tendrá marido.
Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa,
la encontrará tu Dios contigo.

Palabra de Dios.

SALMO

Cántico nuevo de alegría y acción de gracias al Señor que hace maravillas: devuelve la santidad a quienes la habían perdido por sus infidelidades.

Salmo 95, 1-2a. 2b-3. 7-8a. 9-10a y c

R
Contad las maravillas del Señor
a todas las naciones.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R

Proclamad día tras día su victoria,
contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor. R

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente». R

SEGUNDA LECTURA

El Espíritu que actúa en el seno de la comunidad y en los corazones es el origen de todos los ministerios y de todos los carismas. Garantiza la unidad en la diversidad, con vistas al bien de todos. En Corinto, gran ciudad cosmopolita, florecen cultos desviados y sectas de todo tipo. Lo que dice san Pablo a los cristianos que vivían en este ambiente no ha perdido nada de su actualidad en nuestro mundo, curiosamente bastante parecido.

El mismo y único Espíritu reparte a cada uno en particular como quiere.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,4-11

Hermanos:
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.
En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.
Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu.
Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A éste le han concedido hacer milagros; a aquél, profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas.
El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece.

Palabra de Dios.

ALELUYA 2Ts 2,14

Aleluya. Aleluya.
Hoy, el fruto de la vid
se convierte para nosotros
en el vino del reino eterno. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dios nos llamó por medio del Evangelio,
para que sea nuestra
la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

EVANGELIO

Constatación de que «Jesús comenzó sus signos». Mención de su «hora», que en el cuarto evangelio evoca siempre la hora de la Pasión. Presencia de María, a la que san Juan menciona de nuevo en el momento de la crucifixión. Fe de los discípulos, cuya incomprensión subrayará a menudo el evangelista. «Gloria» de Jesús. Evidentemente, el evangelio de la boda de Caná se redactó —y así debe leerse y meditarse detenidamente— a la luz de la fe pascual. Este banquete de bodas hace pensar en fin, en lo que está escrito en el libro del Apocalipsis: «¡Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero!» (Ap 19,9).

En Caná de Galilea Jesús realizó el primero de los signos.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 2,1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí.
Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo:
- No les queda vino.
Jesús le contestó:
- Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.
Su madre dijo a los sirvientes:
- Haced lo que él diga.
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo:
- Llenad las tinajas de agua.
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó:
- Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:
- Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

Palabra de Dios.



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domingo, 3 de enero de 2016

10//01/2016 - El Bautismo del Señor (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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El Bautismo del Señor (C)


A finales del siglo VIII se instauró en algunos lugares una octava de Navidad; ese día se leía el evangelio del bautismo. En el siglo XVIII se celebraba en Francia una fiesta del Bautismo del Señor. Por otro lado, la Epifanía de las Iglesias orientales celebra, no la adoración de los magos, sino la teofanía que tuvo lugar a orillas del Jordán, en el momento de ser bautizado. En el Calendario romano la celebración del Bautismo del Señor no se introdujo hasta 1960, fijándose su fecha actual en 1969. El Leccionario preveía entonces un evangelio propio para cada ciclo litúrgico, aunque manteniendo siempre las mismas primeras lecturas. En su segunda edición (1981) cada ciclo se ha dotado de textos bíblicos propios.
A pesar de su diversidad, e incluso de sus vacilaciones, el conjunto de las tradiciones litúrgicas han mantenido la gran importancia del acontecimiento que tuvo lugar a orillas del Jordán, adonde acudió Jesús para que Juan lo bautizara. Esta convergencia no tiene nada de sorprendente a la vista de lo que dicen los evangelios. San Mateo recoge el bautismo de Jesús en un relato detallado. San Marcos y san Lucas se conforman con mencionarlo. San Juan, por último, lo evoca con ocasión de la llamada de los primeros discípulos. Pero todos, cada uno a su modo, afirman que en este momento Jesús es testigo de una manifestación divina que lo designa como «Hijo amado» enviado del Padre. Esta teofanía es el «comienzo del Evangelio», porque es entonces cuando Jesús es investido solemnemente en su misión por el Padre y el Espíritu Santo, y se le confiere lo que podríamos llamar su «ordenación mesiánica». ELes el que los profetas, especialmente Isaías, anunciaban como el siervo a quien Dios ha hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones, el «soberano de naciones», el «pastor que apacienta el rebaño» y reúne a las ovejas dispersas. Quien cree en él se convierte en «hijo de Dios», porque en él «ha apareci4o la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres». En consecuencia, no se puede separar el bautismo de Jesús del bautismo que reciben sus discípulos.

PRIMERA LECTURA

Este «primer canto del siervo» presenta a un enviado de Dios excepcional. Manso y humilde de corazón, infinitamente misericordioso con todos, con una fuerza de ánimo invencible, luz de las naciones y alianza de Dios con su pueblo, Mesías pacífico, «implantará el derecho en la tierra». Este oráculo hace que la mirada de los cristianos se vuelva hacia Cristo, el ungido del Señor, el Hijo amado del Padre.

Mirad a mi siervo, a quien prefiero.

Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7

Así dice el Señor:
- Mirad a mi siervo, a quien sostengo;
mi elegido, a quien prefiero.
Sobre él he puesto mi espíritu,
para que traiga el derecho a las naciones.
No gritará, no clamará,
no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
el pábilo vacilante no lo apagará.
Promoverá fielmente el derecho,
no vacilará ni se quebrará,
hasta implantar el derecho en la tierra,
y sus leyes que esperan las islas.
Yo, el Señor,
te he llamado con justicia,
te he cogido de la mano,
te he formado,
y te he hecho alianza de un pueblo,
luz de las naciones.
Para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la prisión,
y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.

Palabra de Dios.

O bien.

¡Buena noticia! El Señor viene, está aquí: rey poderoso y pacifico que trae el perdón y la liberación; pastor atento a los más pequeños y a los más débiles, que conduce a su pueblo por caminos seguros. «Hoy se cumple esta Escritura», dice Jesús en su discurso inaugural en la sinagoga de Nazaret. El ha inaugurado la era de la gracia anunciada.

Se revelará la Gloria del Señor, y la verán todos.

Lectura del libro de Isaías 40,1-5.9-11

"Consolad, consolad a mi pueblo,
-dice vuestro Dios-;
hablad al corazón de Jerusalén,
gritadle que se ha cumplido su servicio,
y está pagado su crimen,
pues de la mano del Señor
ha recibido doble paga por sus pecados."
Una voz grita:
"En el desierto preparadle un camino al Señor;
allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios;
que los valles se levanten,
que montes y colinas se abajen,
que lo torcido se enderece
y lo escabroso se iguale.
Se revelará la gloria del Señor,
y la verán todos los hombres
juntos ha hablado la boca del Señor-."
Súbete a un monte elevado,
heraldo de Sión;
alza fuerte la voz,
heraldo de Jerusalén;
álzala, no temas,
di a las ciudades de Judá:
"Aquí está vuestro Dios.
Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres."

Palabra de Dios.

SALMO

A orillas del Jordán, Dios manifestó en Jesús, su siervo, el poder de su amor, reveló la gloria de su verdad, desplegó la fuerza de su Espíritu.

Salmo 28, 1a y 2. 3ac-4. y 9b-10 (R.: 11b)

R.
El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R.

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno. R.

O bien.

Una creación nueva: cielo y tierra, mares y ríos, todo ser viviente, el universo entero transformado con el soplo del Espíritu.

Salmo 103, 1-2a. 2b-4. 24-25. 27-28. 29-30

R
Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R

Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del viento;
los vientos te sirven de mensajeros,
el fuego llameante, de ministro. R

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin número,
animales pequeños y grandes. R

Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes. R

Escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R

SEGUNDA LECTURA

Principales etapas del ministerio mesiánico de Jesús, evocadas en densa síntesis con ocasión del primer anuncio del «Señor de todos» a un pagano, al que Pedro administra el bautismo.

Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
-«Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

Palabra de Dios.

O bien.

La teofanía, la manifestación de Dios en favor de su Hijo, que tuvo lugar a orillas del Jordán, inauguró la última etapa de la historia de la salvación. Aquellos a quienes Dios hace renacer por el baño del bautismo cristiano y renueva con el Espíritu Santo poseen ya desde ahora las arras del Reino que recibirán como herencia.

Nos ha salvado con el baño del segundo nacimiento y de la renovación del Espíritu Santo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 2,11-14; 3,4-7

Querido hermano: Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo.
El se entregó por nosotros para rescatamos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras. Mas, cuando ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino que según su propia misericordia nos ha salvado, con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo; Dios lo derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador.
Así, justificados por su gracia, somos, en esperanza, herederos de la vida eterna.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 3,16

Aleluya, aleluya.
Palabra eterna del Padre,
Mesías de Dios con nosotros,
Templo del Espíritu Santo,
Jesucristo, gloria a ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
«Viene el que puede más que yo —dijo Juan—;
él os bautizará con Espíritu Santo y fuego». Aleluya.

EVANGELIO

Jesús ha sido bautizado en medio de la muchedumbre congregada por la predicación de Juan. Solo en la oración, como con tanta frecuencia a lo largo de su ministerio, ve al Espíritu descender sobre él y oye una voz del cielo que confirma su misión de Hijo eterno, enviado para que los hombres renazcan del agua y del Espíritu.

Jesús fue bautizado y mientras oraba, se abrieron los cielos.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 3,15-16. 21-22

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías. Él tomó la palabra y dijo a todos:
- Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:
- Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.

Palabra de Dios.



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