lunes, 29 de agosto de 2016

04-09-2016 - 23º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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23º domingo Tiempo ordinario (C)


Jesús no tiene nada de demagogo que trata de seducir a las masas con atrayentes promesas. Insiste, por el contrario, sin compromisos y de la manera más tajante, en las renuncias que han de hacer los que quieran seguirlo: ponerlo a él por encima de todos sus afectos, anteponerlo a su propia vida, llevar la cruz.
Él no ignora ciertamente el mandamiento del Decálogo sobre el amor y los deberes para con los padres. Por lo demás, sus exigencias perderían fuerza sin una altísima valoración del amor al padre, a la madre, a la mujer, a los hijos, a los hermanos y hermanas. Jesús amó de verdad y profundamente a los suyos, a sus amigos, a sus discípulos. Pero sólo su vinculación al Padre y a su voluntad tenía para él un valor absoluto.
Un día, a los doce años, se aleja de María y de José para «estar en la casa de su Padre» (Lc 2,41-5 1). En otra ocasión deja que su madre y sus parientes esperen fuera hasta que él acaba de instruir a la multitud que se agolpa en la casa (Lc 8,19-21). En fin, renuncia a su propia vida por fidelidad a la voluntad del Padre y a su misión. Si Jesús pide a sus discípulos que no antepongan nada a él, es por las mismas razones. Por tanto, no tiene nada que ver con el sometimiento servil a las exigencias o a las doctrinas impuestas por un hombre a sus partidarios.
Una vez que se ha optado por Cristo, no hay que mirar atrás ni cuestionar el compromiso. Pero sí es necesario verificar regularmente si se toman las medidas necesarias para ir avanzando y librar victoriosamente los combates por los que inevitablemente ha de pasar la fidelidad al Evangelio. A veces puede uno encontrarse en la necesidad de tomar decisiones arriesgadas, como san Pablo, que acoge a un esclavo fugitivo y le pide a su amo que, a partir de entonces, lo considere como a un hermano. Es un ejemplo que merece la pena tener en cuenta, ya que actualmente hay circunstancias en las que, en nombre del Evangelio y de la caridad, se puede encontrar inspiración en él.
Actuar en todas las cosas y en todas las circunstancias de acuerdo con las intenciones y la voluntad del Señor: eso es lo que exige la fidelidad al Evangelio, locura según el juicio de los hombres, pero, con el Espíritu, «sabiduría enviada desde el cielo».

PRIMERA LECTURA

El Espíritu Santo da a conocer los designios de Dios, no deforma especulativa, sino en la experiencia de la fe y de la vida. Esta certeza impide al creyente ceder al pesimismo y la desilusión inspirados en la sabiduría humana.

¿Quién comprende lo que Dios quiere?

Lectura del libro de la Sabiduría 9,13-18

¿Qué hombre conoce el designio de Dios,
quién comprende lo que Dios quiere?
Los pensamientos de los mortales son mezquinos
y nuestros razonamientos son falibles;
porque el cuerpo mortal es lastre del alma
y la tienda terrestre abruma la mente que medita.
Apenas conocemos las cosas terrenas
y con trabajo encontramos lo que está a mano:
¿Pues quién rastreará las cosas del cielo,
quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría
enviando tu Santo Espíritu desde el cielo?
Sólo así serán rectos los caminos de los terrestres,
los hombres aprenderán lo que te agrada;
y se salvarán con la sabiduría los que te agradan, Señor,
desde el principio.

Palabra de Dios.

SALMO

El pensamiento del hombre es vacilante y su espíritu torpe. Sólo el corazón habitado por el Espíritu penetra en la verdadera sabiduría.

Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

R
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó,
una vela nocturna. R

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R

SEGUNDA LECTURA

La fidelidad al Evangelio puede exigir en muchos casos que se hagan cosas poco razonables desde el punto de vista de la sabiduría humana.

No como esclavo sino como hermano querido.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón 9b-10. 12-17

Querido hermano:
Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como algo de mis entrañas. Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo: así me harás este favor no a la fuerza, sino con toda libertad. Quizá se apartó de ti para que le recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido. Si yo le quiero tanto, cuánto más le has de querer tú, como nombre y como cristiano.
Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Sal 118,135

Aleluya. Aleluya.
¿ Cómo es posible seguirte, Señor Jesús,
sin escuchar antes tu Palabra? Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus leyes. Aleluya.

EVANGELIO

A medida que se avanza en el seguimiento de Cristo se va mostrando cada vez más el valor de esta opción y la importancia de las fuerzas que hay que desplegar para librar victoriosamente el combate. Pero no es una razón para renunciar Es necesario reiterar constantemente, cada vez con mayor conocimiento de causa, la opción inicial por Cristo, a quien nada se puede anteponer

El que no renuncia a todo, no puede ser discípulo mío.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 14,25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
- Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar».
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

Palabra de Dios.



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lunes, 22 de agosto de 2016

28-08-2016 - 22º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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22º domingo Tiempo ordinario (C)


El orgullo y la arrogancia desacreditan radicalmente cualquier apariencia de virtud. La humildad, por el contrario, garantiza su autenticidad. Hace ser más querido que «el hombre generoso», dice Ben Sirac en el libro del Eclesiástico. Los humildes, además, dan gloria a la misericordia de Dios, a la que apelan. La situación de los cínicos no tiene cura; no pueden alcanzar el favor de Dios, mientras este «brote de mala planta» no sea arrancado de su corazón.
Por su ejemplo y su enseñanza, Jesús proclama que Dios enaltece a los humildes y dispersa a los soberbios de corazón, como canta el cántico de María (Lc 1,53.5 1). Se le presenta la ocasión propicia un día que está comiendo en casa de un fariseo. Primero propone una parábola al ver a unos invitados que escogen los primeros puestos, exponiéndose a ser enviados a los últimos puestos si se presenta alguien de más categoría. Al hablar así, Jesús no está dando simplemente un consejo de prudencia trivial, no está dando una elemental lección de urbanidad. «Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». Esta sentencia muestra que la enseñanza de esta parábola, como la de todas las demás, se refiere a la fe, al comportamiento que deben tener los discípulos y, especialmente aquí, a la perspectiva de la entrada en el Reino.
En la Biblia, compartir la mesa tiene un significado religioso. Las comidas que Jesús comparte con sus discípulos, con amigos como Marta y María, con Zaqueo, con publicanos y pecadores, con fariseos, son todas «parábolas vivientes» que se refieren al Reino, o a las condiciones para ser admitidos en él. Su pleno significado aparecerá en la última cena, que Jesús comparte con sus discípulos antes de morir. La eucaristía, celebrada en memoria de lo que Jesús hizo aquella noche, es sacramento y prenda del banquete de los últimos tiempos. Entonces el Señor colocará en los primeros puestos a los humildes que no los han buscado aquí abajo.
Jesús se dirige luego a su anfitrión, un hombre religioso, proclamando «dichosos» a los que tratan como amigos a los enfermos, a los lisiados y a los pobres, sin esperar aquí abajo recompensa, prometida para la resurrección de los muertos. Jesús, que ha entrado ya en la ciudad del Dios vivo, es el Mediador. Por él estamos ya en comunión con todos «los justos que han llegado a su destino».

PRIMERA LECTURA

Máximas de un maestro de sabiduría, más venerado y digno de ser escuchado porque habla como un padre a su hijo.

Hazte pequeño y alcanzarás el favor de Dios.

Lectura del libro del Eclesiástico 3,17-18. 20. 28-29

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad
y te querrán más que al hombre generoso.
Hazte pequeño en las grandezas humanas,
y alcanzarás el favor de Dios;
porque es grande la misericordia de Dios,
y revela sus secretos a los humildes.
No corras a curar la herida del cínico,
pues no tiene cura, es brote de mala planta.
El sabio aprecia las sentencias de los sabios,
el oído atento a la sabiduría se alegrará.

Palabras de Dios.

SALMO

Dios está cerca de los justos, de los humildes, de los cautivos, de los débiles. Los levanta, los libera, los sostiene y los enriquece.

Salmo 67, 4-5ac. 6-7ab. 10-11

R
Has preparado, Señor, tu casa a los desvalidos.

Los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor,
alegraos en su presencia. R

Padre de huérfanos,
protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R

Derramaste en tu heredad, oh Dios,
una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh Dios,
preparó para los pobres. R

SEGUNDA LECTURA

En el Sinaí, Dios manifestó su poder En Jesús se revela en la humildad. Por él los creyentes de hoy y de todos los tiempos entran en comunión con todos los que están ya con él en la ciudad del Dios vivo.

Os habéis acercado a Sión, ciudad del Dios vivo.

Lectura de la carta a los Hebreos 12,18-19. 22-24a

Hermanos:
Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando.
Vosotros os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a la asamblea de innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 11,29ab

Aleluya. Aleluya.
Dichoso el que no busca grandezas
y sigue al Señor manso y humilde de corazón. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Cargad con mi yugo y aprended de mí —dice el Señor—,
que soy manso y humilde de corazón. Aleluya.

EVANGELIO

No querer destacar dar con un corazón generoso y desinteresado. Enunciadas en el marco y con ocasión de un banquete, estas enseñanzas tienen largo alcance. Conviene recordarlas especialmente cuando se celebra la eucaristía.

Todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 14,1. 7-14

Entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo:
- Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: «Cédele el puesto a éste». Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba». Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
Y dijo al que lo había invitado:
- Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote y quedarás pagado.
Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.

Palabra de Dios.



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lunes, 15 de agosto de 2016

21-08-2016 - 21º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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21º domingo Tiempo ordinario (C)


A medida que transcurre su camino hacia Jerusalén, Jesús va transmitiendo a sus seguidores enseñanzas sobre su conducta en la vida terrena. Han de tener siempre ante los ojos el fin de su vida (182 domingo) y la perspectiva de la vuelta del Señor (l9 domingo), a quien no puede preferirse nada ni nadie (202 domingo). Se plantea entonces de forma espontánea la cuestión del número de los que se salvan. Pero se choca con una dificultad insuperable: conciliar la misericordia infinita de Dios y su justicia. Por otro lado, las razones que llevan a plantearla suelen ser sospechosas: unas veces, lo que se quiere es tranquilizarse pensando que, en cualquier caso, se estará en el número infinito de los elegidos; otras, a veces de manera alternativa, lo que se pretende es mantener vivo el miedo al infierno.
Dios quiere que todos los hombres se salven, como proclama la palabra del Señor, transmitida, entre otros, por el oráculo del libro de Isaías. Por eso tomó la iniciativa de elegirse un pueblo, encargado de dar testimonio de su plan: «reunir a las naciones de toda lengua». Le mandó no considerar como extranjero o ciudadano de segunda clase a ninguno de los habitantes del país, cualquiera que fuera su origen, porque también los paganos están llamados a convertirse en ofrenda agradable a Dios. Esta dimensión cultual atempera la noción de pueblo elegido, y descarta la idea de un privilegio celosamente guardado, del que los demás estarían excluidos. Por eso, la misión del pueblo elegido se distingue netamente del proselitismo agresivo que, de manera más o menos consciente, y en mayor o menor medida, desprecia la libertad personal. Dios propone sin imponer. El que hace el mal se condena a sí mismo.
Es cierto que no puede darse una vida acorde con la voluntad divina, sin pruebas. Pero estas no tienen absolutamente nada de arbitrario: son «correcciones» destinadas a educar a los que las aceptan, a evitar que emprendan fáciles caminos ilusorios, que conducen a la ruina. En vez de hacerse preguntas sin sentido sobre el número de los elegidos, es mejor vivir de modo que se pueda ser considerado digno de estar entre ellos.
La eucaristía, misterio de Cristo que entró en la gloria del Padre al término del camino de Jerusalén, da a los cristianos fuerza y coraje para vivir de tal modo que un día se abra para ellos la puerta estrecha del reino de Dios.

PRIMERA LECTURA

Dios «viene» para reunir a todos los hombres de la tierra. La reunión en un solo pueblo de los que ya lo conocen es la primera etapa y la prenda del cumplimiento de este plan. Dios quiere que su pueblo colabore en él, no sólo mostrándose acogedor con «los que están lejos», sino incluso yendo hacia ellos. La fe en la universalidad de la salvación, el espíritu ecuménico y el celo misionero van de la mano.

De entre todas las naciones traerán a todos vuestros hermanos.

Lectura del libro del profeta Isaías 66,18-21

Esto dice el Señor:
- Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua:
vendrán para ver mi gloria,
les daré una señal,
y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones:
a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia;
a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama
ni vieron mi gloria,
y anunciarán mi gloria a las naciones.
Y de todos los países,
como ofrenda al Señor,
traerán a todos vuestros hermanos
a caballo y en carros y en literas,
en mulos y dromedarios,
hasta mi Monte Santo de Jerusalén
-dice el Señor-,
como los israelitas, en vasijas puras,
traen ofrendas al templo del Señor.
De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas
-dice el Señor-.

Palabra de Dios.

SALMO

Que todos los pueblos se reúnan cantando en torno al Dios fiel, cuya misericordia no tiene límites.

Salmo 116, 1. 2

R
Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R

SEGUNDA LECTURA

Dios actúa siempre como padre que ama a sus hijos. Sólo quiere su bien, y nunca los Somete a pruebas inútiles. Las dificultades que encuentran en el camino por el que marchan siguiendo los pasos de Cristo deben entenderse y asumirse como una llamada a la superación, a alcanzar una vida más «honrada», a adquirir nuevo vigor a caminar con más alegría «por una senda llana».

El Señor reprende a los que ama.

Lectura de la carta a los Hebreos 12,5-7. 11-13

Hermanos:
Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: «Hijo mío, no rechaces el castigo del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos». Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos?
Ningún castigo nos gusta cuando lo recibimos, sino que nos duele; pero después de pasar por él, nos da como fruto una vida honrada y en paz. Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 14,6

Aleluya. Aleluya.
Estrecha es la puerta que lleva a la vida.
Dichosos los que se esfuerzan en entrar por ella. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida
—dice el Señor—;
nadie va al Padre, sino por mí. Aleluya.

EVANGELIO

¿El número de los elegidos? Una sola cosa debe preocuparnos: formar parte de él. Imaginarse que pueda haber cualquier tipo de reserva o título que conlleve derechos en este sentido conduce fatalmente al fracaso. La puerta estará abierta sólo para los que hayan vivido como verdaderos discípulos del Seño, Contra toda expectativa, algunos tendrán parte en el banquete del Reino, mientras otros se quedarán a la puerta. Habrá, pues, sorpresas. Bien entendida, esta severa advertencia es una exhortación a obrar bien con decisión y a convertirse cuando todavía se está a tiempo.

Vendrán de Oriente y Occidente, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,22-30

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó:
- Señor, ¿serán pocos los que se salven?
Jesús les dijo:
- Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo. «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois». Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados».
Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios.
Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

Palabra de Dios.



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viernes, 12 de agosto de 2016

15-08-2016 - La Asunción de la Virgen María (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Asunción de la Virgen María (C)


El culto a los mártires y a los confesores de la fe se introdujo muy pronto en las ancestrales costumbres de veneración a los antepasados y a su memoria. El culto a la Virgen María nació más tarde, debido a la discreción de los evangelios sobre ella. Su papel parece haber terminado una vez que trajo al mundo a su hijo y completó su primera educación, Efectivamente, después de Pentecostés las Escrituras no dicen nada de ella. Sin embargo, no está ausente de la piedad cristiana antigua. La oración Sub tuum praesidium, «Bajo tu protección nos acogemos», se remonta al siglo III. Pero fue el concilio de Efeso (431) el que dio impulso a la devoción mariana, al decretar que María es verdaderamente «madre de Dios», Theotokos en griego. Desde entonces se le dedicaron numerosas iglesias, empezando por Santa María la Mayor, construida en Roma por el papa Sixto III (43 2-440).
El origen de la fiesta de la Asunción es más oscuro. No lejos de Jerusalén, la leyenda señalaba un lugar llamado Koinesis («acto de recostarse para descansar» o «muerte»). Hacia finales del siglo V, el 15 de agosto se celebraba ya una fiesta en la basílica edificada en Getsemaní, donde se suponía que se encontraba la tumba de la Virgen. Se trataba, pues, de la «Dormición» de la Madre de Dios, y no de su entrada en la gloria. El emperador Mauricio (539-602) la impuso a todo el Imperio de Oriente. En Roma, a partir del siglo VI, se encuentra una fiesta mariana el 1 de enero. Hacia el año 660 se introdujo la fecha del 15 de agosto, que, bajo el pontificado de Sergio, de origen sirio (687-702), se llama «la Dormición». El término «Asunción» aparece hacia el 770. Con espíritu abierto, la Santa Sede se ha conformado con tutelar la expresión litúrgica de la piedad mariana: el «calendario romano» en uso hasta el 1 de enero de 1970, contaba al menos con diecinueve fiestas de la Virgen. Con la definición de los dogmas de la Inmaculada Concepción por Pío IX (8 de diciembre de 1854), y de la Asunción por Pío XII (1 de noviembre de 1950), el magisterio romano se comprometió de forma más decisiva. El misal de Pablo VI (1969) ha integrado claramente las fiestas de la Virgen, y en particular la de la Asunción, en la dinámica del misterio de la salvación, objeto primordial de la fe cristiana y de la liturgia. María, sierva perfecta del Señor y madre de Dios, la primera salvada, ha sido también la primera asociada a la gloria de su Hijo.

Misa vespertina de la vigilia.

PRIMERA LECTURA

En el marco de la fiesta de este día, el traslado solemne del arco de la alianza al santuario de Jerusalén evoca la entronización en el cielo de la Virgen María, el «arca» que llevó en su seno a la Palabra de Dios. Quien preside esta liturgia y bendice al pueblo es el Señor mismo, representado por David.

Bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Lectura del primer libro de las Crónicas 15.3-4.15-16:16.1-2

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado. Luego reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el arca de Dios, tal como había mandado Moisés por orden del Señor.
David mandó a los jefes de los levitas organizar a los cantores de sus familias, para que entonasen cantos festivos acompañados de instrumentos, arpas, cítaras y platillos.
Metieron el arca de Dios y la instalaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión a Dios y, cuando David terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

El Señor introduce en su descanso a la que ha sido su morada.

Salmo 131, 6-7. 9-10. 13-14 (R. 8)

R
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder.

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar.:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies. R

Que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido. R

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Esta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo». R

SEGUNDA LECTURA

Este himno a Dios, vencedor de la muerte por Jesucristo, es hoy el canto de acción de gracias de la Iglesia que celebra la entrada de la Virgen en el cielo.

Demos gracias a Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,54-57

Hermanos: Cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?». El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la Ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 11,28

Aleluya. Aleluya.
Dichosa la Virgen María, la Madre de Dios,
que escuchó la palabra
y la conservó en su corazón. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dichosos los que escuchan la palabra de Dios
y la cumplen. Aleluya.

EVANGELIO

Los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen participan de la bienaventuranza de la Madre de Jesús.

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Palabra de Dios.

Misa del día.

PRIMERA LECTURA

Dos imágenes se superponen en esta visión. Por una parte, la de la mujer que da a luz, con miedo y con dolor a un niño amenazado por el poder extraordinario de un terrible dragón. Se refiere a la Iglesia, cuyos hijos han de temer siempre los asaltos del Enemigo, que busca su perdición. Por otra parte, la de la mujer madre del pastor que preserva a los suyos de todo peligro. Se refiere entonces a María, sobre quien el mal no hizo mella alguna y que trajo al mundo al Salvado, Pero las dos visiones misteriosas se funden y difuminan para dejar paso a la gloria de Dios y de su Cristo, hacia quien se eleva una vibrante acción de gracias.

Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal.

Lectura del libro del Apocalipsis 11, 19a; 12,1 -6a. 10ab

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo: "Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo."

Palabra de Dios.

SALMO

Poema para la entrada de María en el palacio de su Señor.

Salmo 44, 9. 10-11. 15 (R: 9b)

R
De pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. R

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu Señor. R

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R

SEGUNDA LECTURA

Cada uno en el lugar que le corresponda, todos resucitarán, porque Cristo cabeza de la humanidad nueva, y resucitado de entre los muertos, abrió el camino de la vida que no acaba. Lo que hoy es objeto de fe y esperanza aparecerá un día a plena luz.

Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,20-27a

Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya. Aleluya
Hoy el Señor se ha acordado de su misericordia.
Ha mirado la humillación de su esclava.
Todas las generaciones la felicitan. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
María ha sido llevada al cielo,
se alegra el ejercito de los ángeles. Aleluya.

EVANGELIO

No hay nada de anecdótico en el relato del encuentro de María con su prima, de quienes, no obstante, se dice que permanecieron juntas «unos tres meses». Tampoco el evangelista hace ningún comentario. Basta el saludo que Isabel dirige a la Madre de Dios y el cántico que se eleva del corazón de la humilde esclava del Señor Todas las generaciones felicitan a María, la proclaman ben- dita entre las mujeres, y nunca se cansan de dirigirse a ella pidiéndole que permanezca cerca de ellos y que interceda ante su Hijo por las pecadores, acordándose de su misericordia. La Iglesia puede entonar también su «magníficat», dando gracias por las «obras grandes» que el Espíritu Santo no cesa de realizar en favor de los creyentes.

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."
María dijo:

“Mi alma alaba la grandeza del Señor.
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava,
y desde ahora me llamarán dichosa;
porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
¡Santo es su nombre!
Dios tiene siempre misericordia
de quienes le honran.
Actuó con todo su poder:
deshizo los planes de los orgullosos,
derribó a los reyes de sus tronos
y puso en alto a los humildes.
Llenó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Ayudó al pueblo de Israel, su siervo,
y no se olvidó de tratarlo con misericordia.
Así lo había prometido a nuestros antepasados,
a Abraham y a sus futuros descendientes.”

María se quedó con Isabel unos tres meses, y después regresó a su casa.

Palabra de Dios.


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lunes, 8 de agosto de 2016

14-08-2016 - 20º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.
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20º domingo Tiempo ordinario (C)


No poner el corazón en las realidades pasajeras; hacerse «un tesoro inagotable en el cielo», llegando incluso a despojarse de todos los bienes (domingo pasado); tomarse en serio esta enseñanza de Jesús, sacar de ella las consecuencias prácticas que implica, supone adoptar decisiones siempre costosas, a veces heroicas, cuando es necesario elegir entre la fidelidad a Dios, por una parte, y la familia, los amigos, el país, por otra. A los desgarros interiores viene a añadirse frecuentemente la incomprensión, a veces incluso los reproches, de nuestro entorno, que se siente abandonado, rechazado y hasta traicionado.
Semejante determinación se sitúa inevitablemente en un clima de ambigüedades, porque en nosotros, como en el mundo, el bien y el mal, lo mejor y lo peor, se encuentran inextricablemente mezclados. ¿Qué parte de verdad y qué parte de error hay en nosotros y en los demás? ¿Con qué derecho un «pequeño rebaño» de hombres falibles y pecadores puede pretender ser el único que está en el buen camino? «Tú dices que buscas un bien superior. Pero ¿no te estarás engañando? Y en cualquier caso, en lo inmediato, pareces hacer poco caso de nuestro bien y de tus deberes con nosotros».
Es grande entonces la tentación de decidir personalmente y aliarse a la opinión de la mayoría. También esta actitud está cargada de equívocos. Puede conducir a hacerse, sin saberlo, cómplice de cualquier acto y de cualquier persona, a perderse a sí mismo.
Jeremías y muchos otros experimentaron estas vacilaciones y estas luchas. Pero permanecieron fieles a Dios, aun a costa de su vida, siendo en esto figuras o discípulos de Jesús, «bandera discutida». A él sólo le apremiaba una angustia: que el fuego del Espíritu ardiera en el mundo, y que se cumpliera su «bautismo» de muerte para que llegara ese día.
La asamblea, generalmente reducida, de los discípulos de Jesús celebra hoy la liturgia dominical. Bautizados en la muerte y resurrección del Señor, si acogemos en la fe sus duras palabras, es porque estamos seguros de recibir, comulgando en el sacrificio de su Pascua, la fuerza necesaria para soportar una prueba semejante a la suya, que desemboque en la participación de su gloria.

PRIMERA LECTURA

Acusado de sembrar incertidumbre entre la población y de poner la nación en peligro, Jeremías es perseguido y condenado por iniciativa de los jefes de su pueblo. Sólo un extranjero reacciona ante tal iniquidad: reconoce en este hombre condenado a un enviado de Dios y le salva la vida. «Realmente, este hombre era justo», dice el centurión romano al ver morir a Jesús (Lc 23,45), a quien Dios devolverá a la vida.

Me engendraste hombre de pleitos para todo el país.

Lectura del libro del profeta Jeremías 38,4-6. 8-10

En aquellos días, los príncipes dijeron al rey:
- Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad, y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.
Respondió el rey Sedecías:
- Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros.
Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Melquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.
Ebedmelek salió del palacio y habló al rey:
- Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre. (Porque no quedaba pan en la ciudad).
Entonces el rey ordenó a Ebedmelek:
- Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera.

Palabra de Dios.

SALMO

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Él escucha el grito del desgraciado y lo saca de la fosa.

Salmo 39, 2. 3. 4. 18

R
Señor, date prisa en socorrerme.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito. R

Me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca
y aseguró mis pasos. R

Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos al verlo quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor. R

Yo soy pobre y desgraciado,
pero el Señor se cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación,
Dios mío, no tardes. R

SEGUNDA LECTURA

Después de la evocación de Abrahán, padre y modelo de los creyentes (domingo pasado), tenemos aquí una especie de himno para meditar Mantengamos «fijos los ojos» en Jesús para tener la fuerza y el coraje de correr hasta el final en la prueba de la fe.
Corramos en la carrera que nos toca sin retirarnos.

Lectura de la carta a los Hebreos 12,1-4

Hermanos:
Una nube ingente de espectadores nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, sin miedo a la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del Padre. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 10,27

Aleluya. Aleluya.
Jesús, nuestra Pascua,
prende fuego y trae división,
hasta que todo se cumpla. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—,
y yo las conozco, y ellas me siguen. Aleluya.

EVANGELIO

Una perspectiva, rara en los evangelios, sobre la conciencia de Jesús. Habiendo venido para que el mundo fuera purificado por el fuego del Espíritu, aceptó pasar por la prueba de su bautismo de muerte. Los que lo siguen se encuentran con inevitables contradicciones, porque es imposible optar por un Mesías crucificado sin renunciar a todas las otras seguridades del momento.

No he venido a traer paz, sino división.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 12,49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.
En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

Palabra de Dios.



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