lunes, 31 de octubre de 2016

6-11-2016 - 32º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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32º domingo Tiempo ordinario (C)


Después de Jericó, «la ciudad de las palmeras», situada a la altura donde, al final del éxodo, los hebreos atravesaron el Jordán, llegamos por fin a Jerusalén, última etapa del itinerario terreno de Jesús. Vienen a su encuentro unos saduceos y le exponen sus objeciones contra la resurrección. Sería un error apresurarse a bromear con la pregunta, como si uno nunca se hubiera encontrado con dificultades semejantes. Lo cierto es que no pocas maneras de hablar de la vida futura plantean, explícita o implícitamente, incluso a los creyentes, cuestiones de este tipo. «Manteneos firmes en las certezas de la fe», dice Jesús. «Vuestro Dios no es el Dios de los muertos, sino el Dios de los vivos: todos viven y vivirán eternamente de su vida». Tratar de saber cómo, es tan vano como querer imaginarse el rostro del Dios invisible.
Los saduceos no son ni ateos ni agnósticos, sino, por el contrario, hombres de una fe profunda, incluso rígida. Sus objeciones contra la resurrección proceden de una situación espiritual y de una manera de entender la revelación que aún hoy siguen caracterizando a ciertos grupos en la Iglesia. Para los saduceos, al menos para los más «puros», había que atenerse a los cinco primeros libros de la Ley, al Pentateuco, tomado al pie de la letra. No admitían ni la tradición oral como fuente conjunta de la revelación ni el progreso en su comprensión. En su rígido conservadurismo, son lo que hoy llamaríamos «fundamentalistas».
Como suele ocurrir, esta tendencia tenía derivaciones políticas. Cercanos a la autoridad de las fuerzas ocupantes, llegaban, a veces, incluso a perseguir a los fariseos. Al contrario de estos, los saduceos tomaron parte activa en la condena de Jesús. Por lo que se refiere a la resurrección de los muertos, no podían admitirla porque sólo se afirmaba claramente en los escritos bíblicos más recientes, como el libro de los Macabeos: «El rey del universo nos resucitará para la vida eterna»; «Dios mismo nos resucitará».
«Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado tanto», guarden a la Iglesia y a todos los cristianos de la estrechez de espíritu y del rigorismo reduccionista que rechazan el carácter progresivo de la revelación. En cuanto a la resurrección de los muertos, cuya garantía es la resurrección del mismo Jesús, es el eje mismo de la fe cristiana.

PRIMERA LECTURA

La esperanza de una vida después de la muerte nunca estuvo completamente ausente de la Biblia. Pero fue necesario esperar al libro de los Macabeos, hacia el año 120 antes de Cristo, para que se expresara claramente la fe en un más allá personal, en la resurrección corporal de los justos muertos por su fidelidad al «rey del universo».

El rey del universo nos resucitará para una vida eterna.

Lectura del segundo libro de los Macabeos 7,1-2. 9-14

En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley.
El mayor de ellos habló en nombre de los demás:
- ¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres.
El segundo, estando para morir, dijo:
- Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna.
Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo enseguida y alargó las manos con gran valor. Y habló dignamente:
- De Dios las recibí y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios.
El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos. Cuando murió éste, torturaron de modo semejante al cuarto. Y, cuando estaba a la muerte, dijo:
- Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú en cambio no resucitarás para la vida.

Palabra de Dios.

SALMO

Esperamos la resurrección prometida por Dios. Al despertar nos saciaremos de su semblante.

Salmo 16, 1. 5-6. 8 y 15

R
Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.

Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño. R

Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío,
inclina el oído y escucha mis palabras. R

A la sombra de tus alas escóndeme.
Yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante. R

SEGUNDA LECTURA

Todos en la Iglesia debemos pedir con fe y confianza a Dios, nuestro Padre, y a Jesucristo, nuestro Señor las gracias necesarias para vivir como cristianos, sin desanimarnos, en un mundo con frecuencia hostil, y orar insistentemente por la difusión del Evangelio.

El Señor os dé fuerzas para toda clase de palabras y obras buenas.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 2,15_3,5

Hermanos:
Que Jesucristo nuestro Señor y Dios nuestro Padre -que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza- os consuele internamente y os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas. Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros, y para que nos libre de los hombres perversos y malvados; porque la fe no es de todos.
El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del malo. Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado.
Que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a Dios y esperéis en Cristo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Ap 1,5a y 6b

Aleluya. Aleluya.
Tú, Señor eres Dios de vivos.
En ti está la vida eterna. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Jesucristo es el primogénito de entre los muertos;
a él la gloria y el poder
por los siglos de los siglos. Aleluya.

EVANGELIO

Los resucitados vivirán de la vida misma de Dios, liberada de todas las limitaciones y obligaciones de la existencia actual. ¿Cómo? Es totalmente imposible decirlo, y además carece de verdadero interés.

Dios no es un Dios de muertos sino de vivos.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 20,27-38

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección y le preguntaron:
- Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.
Jesús les contestó:
- En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos sino de vivos: porque para él todos están vivos.

Palabra de Dios.



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domingo, 30 de octubre de 2016

02-11-2016 - Conmemoración de todos los fieles difuntos (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Conmemoración de todos los fieles difuntos (C)


Recordar a los familiares y amigos desaparecidos, a las personas cuya vida, obras e influencia nos han marcado, llegando incluso a darles culto, es la cosa más difundida y natural del mundo. Monumentos funerarios y conmemorativos, y hoy fotografías colocadas en lugares destacados de las casas, dan abundante testimonio de ello. Pero para los cristianos, el recuerdo de los muertos va acompañado de la oración de intercesión por «todos los difuntos, cuya fe sólo Dios conoce». Así es como, desde la segunda mitad del siglo II, se encuentran testimonios de oración litúrgica por los difuntos en el norte de África. A partir del siglo IV los testimonios son abundantes. Sin embargo, no será hasta bastante más tarde, por iniciativa de san Odilón, abad de Cluny (994-1049), cuando se instaure y fije el día 2 de noviembre la Conmemoración de todos los fieles difuntos. El santo abad ordenó que se celebrara en todos los monasterios de la orden, lo que tuvo lugar por primera vez el 2 de noviembre del año 998. Desde allí se difundió muy rápidamente por toda la Iglesia latina.
Silos creyentes tienen hacia los difuntos los mismos sentimientos que cualquier otra persona, también se ven igualmente asaltados por los mismos interrogantes, múltiples y angustiosos, a propósito de la muerte. Efectivamente, la fe no deja insensible ante la perspectiva del final de toda vida terrena. Para ellos, como para todos los demás, es algo incomprensible. Aunque uno pueda asumir su propia muerte, puesto que es inevitable, no deja de resultar escandalosa cuando se trata de seres que acaban de nacer a la vida, de niños, hombres y mujeres que parecen tener un largo futuro por delante, en quienes se habían puesto grandes esperanzas, víctimas inocentes de estúpidos accidentes o de una violencia gratuita. «¿,Por qué, Señor?», dicen entonces los creyentes con un grito de fe, en el que se mezclan las lágrimas y la indignación. «Padre, ¿por qué me has abandonado?», gemía Jesús en la cruz. El cielo permanece mudo. Pero «Cristo ha resucitado de entre los muertos; y, con él, también nosotros resucitaremos». Sólo esta certeza puede darnos la fuerza necesaria para decir en medio de la noche más profunda: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

PRIMERA LECTURA

Esta primera lectura es del Libro de las Lamentaciones y nos presenta, precisamente, el lamento de quien espera ya, en silencio la salvación del Señor, aunque no hurta explicar su desánimo. Es un texto duro, sin duda.

Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Lectura del libro de las Lamentaciones 3,17-26

Me han arrancado la paz
y ni me acuerdo de la dicha;
me digo: se me acabaron las fuerzas
y mi esperanza en el Señor.
Fíjate en mi aflicción y en mi amargura,
en la hiel que me envenena;
no hago más que pensar en ello
y estoy abatido.
Pero hay algo que traigo a la memoria
y me da esperanza:
que la misericordia del Señor no termina
y no se acaba su compasión;
antes bien se renuevan cada mañana.
¡Qué grande es tu fidelidad!
«El Señor es mi lote», me digo,
y espero en él.
El Señor es bueno para los que en él esperan
y lo buscan;
es bueno esperar en silencio
la salvación del Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

Gritar a Dios es esperar. Confesar el propio pecado es creer en el perdón. En medio de las tinieblas que nos rodean, brillan ya los primeros resplandores de la Pascua de Cristo.

Salmo 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8

R
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor:
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón
y así infundes respeto. R

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora. R

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R

SEGUNDA LECTURA

Por Jesucristo y en él, se cumplen todas las promesas de Dios. El hombre “ha muerto al pecado” en la cruz del Hijo de Dios, cabeza de la nueva humanidad. Y “vive para Dios” desde el día en que el Señor, primogénito de entre los muertos, subió a los cielos, donde reina para siempre junto al Padre. Este paso de la muerte del pecado a la vida divina, se efectúa en cada uno de nosotros en el momento del bautismo, prenda de la vida eterna hacia la cual, desde este momento, podemos y debemos progresar día tras día.

Andemos en una vida.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6,3-9

Hermanos:
Los que por el Bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte.
Por el Bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
[Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya.
Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores y nosotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado.]
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 11, 25a.26

Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor;
el que cree en mi no morirá jamás.

EVANGELIO

Las preguntas algo ingenuas de Tomás, en la que muchos pueden reconocerse, son ocasión para aclarar unos cuantos puntos fundamentales. Jesús en persona es el camino, y la verdad y la vida. Conocerlo a él es conocer al Padre, que es uno con él. Creer lleva a hacer las mismas obras que acreditan al Hijo. Verdaderamente la fe no tiene nada que ver  con los sueños que llevan a evadirse de la realidad. Está orientada decididamente hacia el presente y compromete la responsabilidad de los creyentes en el mundo y en la Iglesia “ya desde ahora”.

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 14,1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dice:
- Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?
Jesús le responde:
- Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.

Palabra de Dios.



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sábado, 29 de octubre de 2016

01-11-2016 - Todos los Santos (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Todos los Santos (C)


La veneración de los santos y santas ocupa un lugar muy importante en las liturgias actuales. Su culto se desarrolló en todos los ritos desde finales del siglo IV y comienzos del V, momento en el que empezaron a recordarse en la plegaria eucarística. Se trataba en primer lugar de los mártires de la Iglesia local, y luego también de otros especialmente célebres. Después de la época de las persecuciones, se les unieron otros no mártires y ascetas. Se tienen noticias de la celebración de una fiesta de todos los santos en ciertas Iglesias de Oriente, especialmente en Antioquía y Éfeso, de donde pasó a Roma. Celebrada originariamente el primer domingo después de Pentecostés, se trasladó luego al 1 de noviembre, al fijar Gregorio Magno (590-604) en esa semana las témporas de primavera. El 13 de mayo del año 610, el papa Bonifacio IV (608-6 15) transformó el Panteón de Roma en una iglesia dedicada a María y a todos los santos. Por último, el papa Gregorio IV (827-844) hizo que el emperador de Occidente, Luis el Piadoso (814-840), firmara un decreto por el que se fijaba definitivamente la fiesta de Todos los Santos el 1 de noviembre. Celebración local en Roma y en algunas Iglesias primero, se convirtió luego rápidamente en una solemnidad común a toda la Europa latina.
Se trataba de reunir en una misma celebración al conjunto de los santos, de los que ningún catálogo o «martirologio» llegaba a ofrecer la lista completa. Pero se incluían también los santos desconocidos, anónimos: una muchedumbre inmensa, según el Apocalipsis de san Juan, «de toda nación, raza, pueblo y lengua». Su número crece sin cesar en este tiempo en el que, de manera invisible, se va construyendo el Reino. Sólo los distingue «el ángel que sube del oriente» para marcar con el sello la frente de los siervos de Dios. Habrá que esperar al día de la manifestación del Hijo de Dios para que se reconozcan los que eran, ya en esta tierra, hijos de Dios. Una cosa es segura: estarán entre ellos todos aquellos a quienes Jesús declaró «dichosos», no por la penosa situación de su existencia en la tierra, sino porque Dios está con ellos. Los pobres en el espíritu, los que lloran, los sufridos, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia, correrán la misma suerte que Jesús. Aunque sólo él vivió plenamente el ideal de las bienaventuranzas.

PRIMERA LECTURA

La primera visión desvela la cara oculta de la etapa terrena de la salvación; la segunda, la realización celeste del plan de Dios. El tiempo presente es tiempo de prórroga; el juicio se aplazo para más tarde. 144.000 (12 veces 12 multiplicado por 1.000) es un número de plenitud: no se quedará fuera ninguno de los que pertenecen a Dios. La visión de la gran liturgia del cielo revela que los elegidos serán una muchedumbre inmensa y que vendrán de todas partes. Aunque las dos escenas se desarrollan en planos distintos, el terreno y el celeste, se pasa continuamente de uno a otro: lo que ocurre aquí abajo tiene repercusión en el cielo.

Apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua.

Lectura del libro del Apocalipsis 7,2-4.9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: "No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios." Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.
Después esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: "¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!"
Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: "Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén."
Y uno de los ancianos me dijo: "Ésos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?" Yo le respondí: "Señor mío, tú lo sabrás." Él me respondió: "Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero."

Palabra de Dios.

SALMO

Aquí está la muchedumbre inmensa de los que han encontrado a Dios.

Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6 (R 32, 6a)

R
Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R

SEGUNDA LECTURA

Sólo la fe permite reconocer en el hombre Jesús al Hijo de Dios, así como la condición de hijos de Dios propia de los discípulos. La vuelta de Cristo hará manifiesta su identidad profunda y, al mismo tiempo, lo que son «ahora» los cristianos. Esta certeza y esta esperanza dan a los discípulos la fuerza necesaria para actuar confiadamente y caminar hacia lo que aún no se ha manifestado con claridad, a pesar de la hostilidad y las contradicciones del mundo.

Veremos a Dios tal cual es.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3,1-3

Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él, se purifica a sí mismo, como él es puro.

Palabra de Dios

ALELUYA Mt 11, 28

Aleluya. Aleluya.
Estemos alegres y contentos,
porque nuestra recompensa será grande
en el cielo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados,
y yo os aliviaré – dice el Señor -. Aleluya.

EVANGELIO

«Dichosos», «están del lado bueno, bien situados», «deben alegrarse ya de antemano todos los que tienen la certeza de recibir una gran recompensa en el cielo». Esto es lo que proclaman las bienaventuranzas, que en modo alguno hacen apología de la pobreza impuesta, de las persecuciones, la calumnia o los insultos sufridos por causa de Cristo.

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
"Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
“Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
“Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
“Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
“Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
“Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
“Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
“Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
“Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo."

Palabra de Dios.



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lunes, 24 de octubre de 2016

30-10-2016 - 31º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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31º domingo Tiempo ordinario (C)


Desde el domingo decimotercero venimos siguiendo a Jesús, que, después de su ministerio en Galilea, «tomó la decisión de ir a Jerusalén». Hasta ahora san Lucas no ha considerado necesario precisar el itinerario de este largo ascenso a la ciudad. Ha concentrado toda la atención del lector en las enseñanzas que Jesús iba dando por el camino. Pero Jesús llega ahora a Jericó, cerca del mar Muerto. Al atravesar la ciudad, se fija en Zaqueo, el rico jefe de los recaudadores de impuestos de la región. El relato de este encuentro es tan vivo y detallado que se corre el riesgo de fijarse sobre todo, o incluso de manera exclusiva, en los elementos pintorescos y anecdóticos, en detrimento de su significado profundo para los cristianos de todos los tiempos.
Zaqueo era ciertamente un hombre poco recomendable: él mismo confiesa haber cometido exacciones e injusticias en el ejercicio de su cargo. Quería «distinguir quién era Jesús». El evangelista no dice qué lo impulsaba ni cuáles eran entonces sus sentimientos, su fe. No tiene sentido plantearse cuestiones ni hacer suposiciones sin fundamento. Lo importante es otra cosa: Jesús levanta los ojos hacia él, lo interpela, se invita a ir a su casa. Zaqueo baja enseguida de la higuera. y recibe al Señor muy contento. Esta respuesta inmediata a la llamada del Señor es ejemplar, como la de los pescadores (Le 5,1-11). Al contrario que a Leví, otro publicano, a Zaqueo no se le pide que abandone su oficio (Le 11,27-28). Era posible, pues, ejercer honradamente el oficio de recaudador de impuestos, como decía Juan Bautista (Le 3,12-13). No era ciertamente el caso de Zaqueo, pues él mismo se condena a resarcir a los posibles perjudicados el máximo previsto por la ley romana. Va aún más lejos: da a los pobres la mitad de sus bienes. Se trata por tanto de un verdadero «hijo de Abrahán», de un auténtico discípulo de Cristo, porque renuncia a sus bienes en beneficio de los pobres (Hch 2,45), según el ideal propugnado por san Lucas. La generosidad de Zaqueo hace pensar en la de Jesús, que en Jerusalén, donde pronto va a estar, se despojará de todo, hasta de sí mismo, para enriquecer a la humanidad entera con su pobreza voluntaria y total, para salvar a los que lo habían perdido todo.
Oremos unos por otros para que Dios nos encuentre dignos de la llamada que nos dirige y haga activa nuestra fe, hasta llegar a la renuncia total.

PRIMERA LECTURA

La misericordia universal es, junto a la obra de la creación, la expresión más maravillosa de la omnipotencia de Dios. El ama verdaderamente todo lo que ha creado; da tiempo a los pecadores para que se conviertan; los reprende, les advierte para que tomen conciencia de su falta y se aparten del mal.

Te compadeces de todos, porque amas a todos los seres.

Lectura del libro de la Sabiduría 11,23-12,2

Señor, el mundo entero es ante ti como un grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado.
Y ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado? Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida. En todas las cosas está tu soplo incorruptible. Por eso corriges poco a poco a los que caen; a los que pecan les recuerdas su pecado, para que se conviertan y crean en ti, Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

Que todas las criaturas lo sepan, que todos los fieles lo proclamen: Dios es bueno y cariñoso, fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones.

Salmo 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14

R
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey,
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día te bendeciré,
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R

Que todas las criaturas te den gracias, Señor.
Que te bendigan tus fieles,
que proclamen la gloria de tu reino,
que hablen de tus hazañas. R

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R

SEGUNDA LECTURA

La espera de la venida del Señor; núcleo de la fe y de la liturgia cristianas, funda la esperanza y la serenidad de los discípulos de Cristo. No justifica ni la agitación ansiosa ni la fuga de las realidades de este mundo presente.

Que Jesús nuestro Señor sea vuestra gloria y vosotros seáis la gloria de él.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1,11-2,2

Hermanos:
Siempre rezamos por vosotros, para que nuestro Dios os considere dignos de vuestra vocación; para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe, y para que así Jesús nuestro Señor sea vuestra gloria y vosotros seáis la gloria de él, según la gracia de Dios y del Señor Jesucristo. Os rogamos a propósito de la última venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestro encuentro con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras: como si afirmásemos que el día del Señor está encima.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn3,16

Aleluya. Aleluya.
El Señor viene a buscar y a salvar lo que estaba perdido.
Hoy es el día de la salvación. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único.
Todo el que cree en él tiene vida eterna. Aleluya.

EVANGELIO

Zaqueo no se conforma con dar generosamente la mitad de sus bienes a los pobres. Se impone el indemnizar a aquellos de los que se hubiera aprovechado devolviéndoles cuatro veces más, como preveía para los estafadores y los ladrones la ley romana, que, sin embargo, no tenía en cuenta el modo como los publicanos se aprovecharan de su cargo.

El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 19,1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.
Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
- Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.
Él bajó enseguida, y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban diciendo:
- Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.
Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor:
- Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.
Jesús le contestó:
- Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Palabra de Dios.



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lunes, 17 de octubre de 2016

23-10-2016 - 30º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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30º domingo Tiempo ordinario (C)


En tiempos de Jesús la palabra «fariseo» no tenía, como hoy, un sentido peyorativo. Se designaba con ella a hombres notables por su observancia de la ley y su comportamiento moral. El pueblo sencillo admiraba sinceramente a los «buenos fariseos» por su ideal religioso. Al principio, estos fariseos pudieron pensar que Jesús se situaba en la misma perspectiva que ellos. Pero su enseñanza, su manera de comportarse con los pecadores, los «publicanos» y las prostitutas, sus actitudes contra toda forma de legalismo, la prioridad que daba al espíritu de la Ley por encima de la letra, hubieron de desengañarlos pronto. Escandalizados, algunos optaron por enfrentarse a él, pero no todos.
Una vez —dice san Lucas—, unos fariseos advirtieron a Jesús de las intenciones homicidas de Herodes (Lc 13,31). Más tarde, Gamaliel, uno de ellos, y no de los menos importantes, jugó un papel moderador cuando los apóstoles comparecieron ante el sanedrín (Hch 5,34- 42). En el tribunal supremo algunos tomaron partido por Pablo (Hch 23,9), cuando daba testimonio de su celo por Dios (Rm 10,2).
La liturgia de este domingo nos propone una parábola que se encuentra únicamente en el evangelio según san Lucas. Conocida habitualmente como la «parábola del fariseo y el publicano», por los dos personajes que aparecen en escena, es en realidad una revelación sobre Dios y, al mismo tiempo, sobre el hombre ante él. El fariseo dice la verdad cuando habla de su fidelidad a la Ley, loable en sí misma. El publicano, por su parte, es un pecador público; por su oficio podría decirse que vive o se enriquece, lo mismo que Zaqueo, exprimiendo a sus conciudadanos, sobre los que recae el peso de los impuestos de los invasores. Pero el primero no se da cuenta de que también él necesita el perdón de Dios. El otro sólo se «golpea el pecho», apelando humildemente a la misericordia divina. Estos personajes, descritos con rasgos deliberadamente exagerados, encarnan dos concepciones opuestas de Dios y, por consiguiente, dos tipos de religión.
Sólo Dios es santo. Si nosotros somos justos, es en él y por él, no por nuestros méritos. La Iglesia es una comunidad de pecadores perdonados que da gracias por la salvación obtenida por Cristo y por el don del Espíritu de santidad. Que el Señor guarde a sus discípulos del fariseísmo que constantemente los acecha.

PRIMERA LECTURA

Sentencias sobre la justicia de Dios, defensor de los pobres, semejantes a las de un catecismo tradicional. Pero la pobreza no es sólo de orden material. Todo hombre es pobre delante de Dios y debe dirigirse a él con humildad.

Los gritos del pobre atraviesan las nubes.

Lectura del libro del Eclesiástico 35,12-14.16-18

El Señor es un Dios justo,
que no puede ser parcial;
no es parcial contra el pobre,
escucha las súplicas del oprimido;
no desoye los gritos del huérfano
o de la viuda cuando repite su queja;
sus penas consiguen su favor
y su grito alcanza las nubes.
Los gritos del pobre atraviesan las nubes
y hasta alcanzar a Dios no descansan;
no ceja hasta que Dios le atiende,
y el juez justo le hace justicia.

Palabra de Dios.

SALMO

Bendecir a Dios, alabarlo, glorificarlo, ensalzarlo, es lo propio de un corazón pobre. El Señor escucha su invocación y lo salva.

Salmo 33, 2-3. 17-18. 19 y 23

R
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca,
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R

El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R

El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R

SEGUNDA LECTURA

Misión cumplida. Ha llegado para Pablo el momento de coronar el culto espiritual de su vida (Rm 12,1) y de su apostolado (Rm 1,9) por el derramamiento de su sangre, en espera de la felicidad anhelada (Tt 2,13). Como Jesús (Lc 23,34) y Esteban (Hch 7,60), perdona a los que lo han abandonado. Su próxima comparecencia ante Dios supondrá para él la liberación definitiva.

Ahora me aguarda la corona merecida.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4,6-8. 16-18

Querido hermano:
Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente.
He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.
Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.
La primera vez que me defendí ante el tribunal, todos me abandonaron y nadie me asistió.
Que Dios los perdone.

Palabra de Dios.

ALELUYA 2Co 5,19

Aleluya. Aleluya.
El Señor enaltece a los humildes,
y humilla a los orgullosos. Aleluya..

Aleluya, aleluya.
Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo,
y a nosotros nos ha confiado
la palabra de la reconciliación. Aleluya.

EVANGELIO

La «eucaristía» del fariseo sería muy hermosa si añadiera: «Sí, Señor te doy gracias: todo el bien que haya podido hacer lo debo a tu gracia». El publicano sabe que no puede aducir ninguna buena acción. Se reconoce pecador y se vuelve humildemente a Dios para implorar su misericordia, y la obtiene. Sale del templo «justificado» ante Dios.

El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 18,9-14

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:
- Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo».
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador».
Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Palabra de Dios.



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lunes, 10 de octubre de 2016

16-10-2016 - 29º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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29º domingo Tiempo ordinario (C)


Este domingo y los dos siguientes se leen tres páginas del evangelio que son propias de san Lucas. Estos textos forman un conjunto homogéneo y de gran valor para comprender mejor, en primer lugar, el relato, «por su orden», de los acontecimientos de los que fueron «testigos oculares», los que acompañaron a Jesús «desde el principio» de su ministerio, y en segundo lugar, los hechos de los que se hace eco el libro de los Hechos de los apóstoles.
En esta obra en dos partes la oración ocupa un lugar particularmente importante. Como Jesús, los discípulos oran ante todo por el advenimiento de la salvación universal. «Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo»: la oración que nos enseñó el Señor» da testimonio de ello y lo recuerda diariamente a los cristianos. Ellos saben que su oración será escuchada «sin tardar», porque es «hoy» cuando se cumplen las promesas del Dios fiel (Lc 4,21), en este mundo que «gime con dolores de parto» (Rm 8,22).
Para hacer frente a las pruebas y los combates, manteniéndose firmes en la esperanza, es necesario aferrarse a la palabra de Dios. Que constituye el corazón de toda celebración litúrgica. Proclamarla «a tiempo y a destiempo» es la tarea primordial de la Iglesia y de todos los que, de una u otra forma, ejercen un ministerio en la comunidad. Escucharla es lo característico del discípulo, el hombre de la Palabra, más que del Libro, como se dice a menudo. Esta Palabra transmitida por las Escrituras debe meditarse sin cesar, estudiarse con fe, con entusiasmo renovado, a la luz del Espíritu y de los «signos de los tiempos». No un texto antiguo que pueda estudiarse friamente, sino alimento, pan de cada día.
La oración es el test, el revelador, la fuente y la expresión de la fe que se traduce en obras. La palabra de Dios muestra dónde está el bien y cuál es el modo de llevarlo a la práctica con libertad, es decir, con conocimiento de causa. Indica el camino de la justicia y la santidad. En ella todos encontramos las armas necesarias para librar el combate de la vida según Dios.
Sólo la fe y la oración permiten hacer frente a los repetidos asaltos del enemigo, siempre dispuesto a caer sobre nosotros; y sólo con ellas es posible vencerlo. Recordemos lo que sucedió a Amalec.

PRIMERA LECTURA

En la Biblia, Amalec representa el mal absoluto, el enemigo al que el hombre, con sus solas fuerzas, es incapaz de vencer La intervención de Dios es absolutamente necesaria. Por eso Moisés tiene que mantener levantado el bastón que el Señor le dio para realizar prodigios en su nombre y con su poder Es Dios quien salva «con mano fuerte y brazo extendido».

Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel.

Lectura del libro del Éxodo 17,8-13

En aquellos días, Amalee vino y atacó a los israelitas en Rafidín.
Moisés dijo a Josué:
- Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalee. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte con el bastón maravilloso en la mano.
Hizo Josué lo que le decía Moisés y atacó a Amalee; Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte.
Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía bajada, vencía Amalee. Y como le pesaban las manos, sus compañeros cogieron una piedra y se la pusieron debajo para que se sentase; Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol.
Josué derrotó a Amalee y a su tropa, a filo de espada.

Palabra de Dios.

SALMO

Siempre y en todas partes, Dios está cerca de no>otros y guarda nuestra alma.

Salmo 120, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8

R
Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel. R

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche. R

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre. R

SEGUNDA LECTURA

En las Escrituras encontramos todo lo necesario para librar victoriosamente el combate de la fe, de la vida cristiana y del apostolado. Proclamar la Palabra sin miedo, sin edulcorarla, es deber de todos en la Iglesia, porque cada uno, según su vocación y su carisma, debe procurar instruir con paciencia, permaneciendo fiel a lo aprendido y recibido de la tradición.

El hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 3,14_4,2

Querido hermano:
Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado; sabiendo de quién lo aprendiste, y que de niño conoces la Sagrada Escritura: ella puede darte la sabiduría que por la fe en Cristo Jesús conduce a la salvación. Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud: así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.
Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta con toda comprensión y pedagogía.

Palabra de Dios.

ALELUYA Hb 4,12

Aleluya. Aleluya.
Cuando venga el Hijo del hombre,
¿encontrará estafe en la tierra?
Abramos el corazón a su Palabra. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios es viva y eficaz;
juzga los deseos e intenciones del corazón. Aleluya.

EVANGELIO

Hasta un juez sin escrúpulos acaba cediendo a las instancias importunas de una mujer indefensa. ¿Y Dios? Escucha siempre las oraciones de quienes se dirigen a él con constancia, con fe y confianza. Pero interviene en su momento, y de una manera que no siempre se corresponde con la que nosotros habíamos imaginado: su mirada va más lejos y más hondo que la de los hombres, que somos bastante miopes.

Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 18,1-8

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:
- Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara».
Y el Señor añadió:
- Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?, ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?

Palabra de Dios.



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