lunes, 19 de junio de 2017

25-06-2017 - 12º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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12º domingo Tiempo ordinario (A)


Desde siempre, anunciar con fidelidad la palabra de Dios ha sido una misión peligrosa. En efecto, el profeta debe oponerse, en nombre del Señor, a un mundo que se construye sobre valores ajenos a la ley de Dios o en contradicción con ella. Se encuentra, por tanto, expuesto a la contradicción y a la hostilidad, a menudo violenta, de muchísima gente. Pertenece al orden mismo de las cosas: el mensajero de Dios no debe extrañarse. Su misión, sin embargo, se hace especialmente dolorosa cuando, dirigiéndose a su propia comunidad, encuentra entre los suyos esa misma oposición. A fuerza de verse tratado como profeta de calamidades y perturbador, de ver a sus amigos acechar sus traspiés y sus imprudencias, llega a dudar de sí, de su misión y de Dios mismo. Sólo hay una salida a esta confusión: ponerse totalmente en manos del Señor, que es quien lo ha colocado en esa insoportable situación.
Como todos los profetas, Jesús también estuvo expuesto a la contradicción de su pueblo, y a menudo incluso a la incomprensión de sus discípulos más próximos. Se le llegó a tratar hasta como emisario de Satanás (Mt 12,24). Experimentó cómo crecía en torno a él el odio que lo conduciría a la muerte. Cuando en Getsemaní, en el momento de afrontarla, tuvo la tentación de echarse atrás, se abandonó totalmente en manos de su Padre. Gracias a su fidelidad como enviado de Dios y a su total obediencia, la multitud de los hombres ha sido colmada, sobre toda medida, con el don de la vida eterna.
Los discípulos, a quienes él ha confiado su evangelio para que lo anuncien y den testimonio de él, están, también ellos, expuestos a las contradicciones. ¿Se podría seguir hablando del evangelio si no resultara molesto? Pero los cristianos tienen a menudo la impresión de estar librando una batalla perdida de antemano. Como un pequeño rebaño en medio del inmenso mundo que los rodea, considerados muchas veces como soñadores o aguafiestas, despreciados, ridiculizados, marginados, sometidos a todo tipo de presiones, cuando no de persecuciones violentas o larvadas, los discípulos corren el riesgo de ceder al miedo o dejarse invadir por la duda. «Animo, no tengáis miedo —les dice Jesús—. El Padre está con vosotros, y yo estoy a su lado: ¡ no quedaréis defraudados!». Esta certeza debe reavivar continuamente su confianza y apartarlos de toda arrogancia y presunción: ¡ su capacidad no les viene de sí mismos!

PRIMERA LECTURA

Inmerso por un tiempo en la duda y el desánimo, Jeremías, en un nuevo despertar de la fe y la esperanza, pone su causa en manos del que lo ha cargado con el peso de su misión. Está tan seguro de ver que Dios restablecerá su derecho, que su breve oración acaba en alabanza y acción de gracias.

Libró la vida del pobre de manos de los impíos.

Lectura del libro de Jeremías 20,10-13

Dijo Jeremías: «Oía el cuchicheo de la gente: “Pavor en torno; delatadio, vamos a delatarlo”, Mis amigos acechaban mi traspié: “A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos ‘ nos vengaremos de él”.
Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa.
Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos»..

Palabra de Dios.

SALMO

Oración de un portavoz de Dios. Insultado, cubierto de vergüenza, humillado, sigue confiando en aquel en quien ha depositado su fe.

Salmo 68, 8-10. 14 y 17 33-35 (R 14)

R.
Que me escuche tu gran bondad, Señor.

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R.

Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. R.

SEGUNDA LECTURA

Cristo no sólo repara una situación catastrófica, consecuencia del pecado que se ha multiplicado en el mundo. Instaura una situación muy superior; sin comparación, dando origen, por su obediencia, a una humanidad nueva.

No hay, proporción entre el delito y el don.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5,12-15

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley.
A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 15,26b.27a

Aleluya. Aleluya.
Si os ponéis de su parte ante los hombres,
Cristo se pondrá de vuestra parte
ante su Padre del cielo. Aleluya..

Aleluya, aleluya.
El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí
—dice el Señor—;
y también vosotros daréis testimonio. Aleluya.

EVANGELIO

El evangelio es contestación de los valores contrarios a la ley de Dios. Expone fatalmente a contradicciones y hasta persecuciones a. los discípulos que lo anuncian y lo viven. Esto no debe impedirles pregonarlo sin temor; «desde la azotea». Su Padre del cielo vela por ellos ya ahora, y en el día del juicio el Señor se pondrá de su parte.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.
Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».

Palabra de Dios.



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domingo, 18 de junio de 2017

24-06-2017 - LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA (A)


Cuando en el siglo IV se empezó a celebrar la Natividad del Señor, se pasó de manera natural a conmemorar también la del Precursor. En Occidente la fecha del 24 de junio se impuso inmediatamente. Marcaba el solsticio de verano, como el 25 de diciembre el de invierno. En efecto, Juan era la «lámpara» cuya luz debía menguar al aparecer la Luz (Jn 5,35; 3,30). Este papel lo convierte en alguien que es «más que profeta» (Mt 11,9). Los otros, en términos más o menos velados, habían anunciado al Salvador. El lo vio con sus propios ojos. Lo bautizó, y encaminó hacia el Cordero de Dios a quienes habrían de ser sus primeros discípulos (Jn 1,35-42). Es imposible anunciar el Evangelio sin hablar de Juan, el precursor. En las Iglesias orientales, encima de «la puerta regia» del iconostasio, se puede ver un icono de Cristo en la gloria, con María a su derecha y Juan a su izquierda. Es una prueba de la veneración que le tienen todas las tradiciones litúrgicas. Por otra parte, junto con el Señor y la Virgen María, Juan es el único de quien se celebra la natividad (el 24 de junio), además del martirio (el 29 de agosto).
Su elección recuerda la de Jeremías, su vida la de los «nazireos», esos hombres que se consagraban a Dios temporalmente o para toda la vida (Hch 18,18). Su misión se define en los mismos términos que la de Elías (Ml 3,23-24; Si 48,10). Vino a «preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto» (Lc 1,17). El nacimiento de Juan fue una Buena Noticia que suscitó, en torno a él y a sus padres, las primeras manifestaciones de la alegría mesiánica. Lo mismo que con respecto a Jesús, ante él se plantea la pregunta: ¿qué va a ser? Se verá cuando a orillas del Jordán se muestre como intrépido predicador de la salvación que Dios quiere llevar «hasta el confín de la tierra» (Is 49,6). Por su persona y su misión, Juan, el precursor, permanece siempre inseparablemente unido a Jesús y a la Buena Noticia dirigida a todos los hombres que ama el Señor. La iconografía, el número de niños a los que se impone el nombre de Juan Bautista y las iglesias dedicadas al Precursor dan abundante testimonio de la piedad cristiana, que ha comprendido el lugar especialísimo de Juan Bautista en la venida de la salvación en Jesucristo. El es también modelo de los predicadores y de todos los creyentes, que deben desaparecer ante aquel a quien anuncian para «preparar sus caminos».

PRIMERA LECTURA

«Yo soy la voz que grita en el desierto»; «él tiene que crecer y yo tengo que menguar», decía Juan Bautista. Hubiera podido hacer suyas las palabras puestas en boca del misterioso «siervo de Dios» descrito por Isaías. En cualquier caso, este texto profético ilumina para nosotros la personalidad y la misión del Precursor, ante el cual, al nacer, la gente se preguntaba: «”¿Qué va a ser este niño?”. Porque la mano del Señor estaba con él».

Te hago luz de las naciones.

Lectura del libro de Isaías 49,1-6

Escuchadme, islas;
atended, pueblos lejanos:
Estaba yo en el vientre,
y el Señor me llamó;
en las entrañas maternas,
y pronunció mi nombre.
Hizo de mi boca una espada afilada,
me escondió en la sombra de su mano;
me hizo flecha bruñida,
me guardó en su aljaba y me dijo:
«Tú eres mi siervo,
de quien estoy orgulloso».
Mientras yo pensaba:
«En vano me he cansado,
en viento y en nada he gastado mis fuerzas,
en realidad mi derecho lo llevaba el Señor,
mi salario lo tenía mi Dios».
Y ahora habla el Señor,
que desde el vientre me formó siervo suyo,
para que le trajese a Jacob,
para que le reuniese a Israel
-tanto me honró el Señor,
y mi Dios fue mi fuerza-:
«Es poco que seas mi siervo
y restablezcas las tribus de Jacob
y conviertas a los supervivientes de Israel;
te hago luz de las naciones,
para que mi salvación alcance
hasta el confín de la tierra».

Palabra de Dios.

SALMO

El Dios fiel es la fuerza de los testigos de su luz.

Salmo 138, 1-3. 13-14. 15 (R : 14 ab)

R
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente.

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma. R

No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R

SEGUNDA LECTURA

La misión de Juan Bautista y el testimonio que dio del Señor son inseparables de la predicación del Evangelio. Su llamada a la conversión sigue siendo actual, tanto más cuanto que Jesús la reiteró en los mismos términos.

Antes de que llegara Cristo, Juan predicó.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 13,22-26

En aquellos días, dijo Pablo:
- Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: «Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos». Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: «Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias».
Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: a vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 1,76

Aleluya. Aleluya.
Recibamos con alegría el mensaje de Juan:
Dios nos da su gracia,
y su promesa de salvación
se ha cumplido en nosotros. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos. Aleluya.

EVANGELIO

En la cultura bíblica, lo mismo que en otras, todavía hoy, la imposición del nombre, reservada al padre, es expresión de su autoridad sobre el hijo. Zacarías renuncia a este derecho. El nombre de este hijo que Dios le ha dado, escogiéndolo desde su nacimiento, será Juan. Como Jesús, Juan paso por una etapa de vida oculta, durante la cual se preparó, bajo la única mirada de Dios, para su misión pública a orillas del Jordán. Es en la soledad donde maduran las vocaciones.

El nacimiento de Juan Bautista. Juan es su nombre.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,57-66. 80

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.
A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo:
- ¡No! Se va a llamar Juan.
Le replicaron:
- Ninguno de tus parientes se llama así.
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo:
- ¿Qué va a ser este niño?
Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Palabra de Dios.



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23-06-2017 - Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (A)


¿Quién es Dios? Desde siempre se ha planteado esta pregunta el espfritu del hombre. Las respuestas de los «amigos de la sabiduria» los «filosofos» son vanadas a menudo muy profundas pero, a fin de cuentas, bastante decepcionantes. Lo que ocurre es que se quedan en el nivel de la abstracción, ya que, generalmente, se mueven en torno a la idea que el espíritu humano puede hacerse de Dios, o de los dioses. Los que creen en un Dios personal le dan multitud de nombres, proclamando al mismo tiempo que está por encima de todo nombre, que no es nada de lo que de él se pueda decir. Los hombres de todas las religiones, sobre todo los místicos, presienten que la mejor manera de expresar el misterio de Dios consiste en identificarlo con el amor perfecto, infinito.
Así es como la Biblia habla de Dios, de un Dios que el hombre no habría llegado a conocer si él mismo no se hubiera revelado. Esta revelación se ha llevado a cabo de una manera muy concreta; no hay en las Escrituras ningún tratado ni discurso sobre Dios. Más bien dan testimonio del modo como él se ha manifestado y como los hombres han llegado a pnocerlo: a través de sus obras e iniciativas. Todas ellas manifíestan un amor infinito a sus criaturas, y en particular al pueblo que eligió para revelarse. El don de la Ley y los acontecimientos del éxodo marcaron de manera decisiva la historia de la revelación, cuyo recuerdo ha transmitido la Biblia. Los salmistas no cesan de meditar asombrados las innumerables e incesantes manifestaciones de Dios, prorrumpiendo en alabanzas y proclamando: «Es eterna su misericordia!» (Sal 117).
Jesús, el propio Hijo del Padre, imagen del Dios invisible, ha mostrado que no se trataba de una simple forma de decir lo inefable. El tenía un corazón de carne, con el que amó simultáneamente a Dios y a los hombres, a los que había venido a salvar. Les mostró que amándose unos a otros, todos, hasta los más pobres, entraban en comunión con el amor infinito de Dios y participaban de su Espíritu. Los pequeños y los humildes fueron los primeros en comprenderlo. Con Jesús, «manso y humilde de corazón», cantan su acción de gracias: «Te damos gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, por todo lo que por tu bondad nos has querido revelar!».

PRIMERA LECTURA

Los mandamientos de Dios son pruebas de amor: sin violentar nuestra libertad, nos muestran el camino de la verdad y de la vida. Guardarlos es nuestra manera de reconocer que nos ama y de manifestarle la adhesión de nuestro corazón. La religión bíblica es fundamentalmente una historia de amor entre Dios, que ama primero, y sus hijos.

El Señor se enamoró de vosotros y os eligió.

Lectura del libro del Deuteronomio 7,6-11

En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: "Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones. Pero paga en su persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo aborrece, en su persona. Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te mando hoy".

Palabra de Dios

SALMO

¡Qué gran ternura del corazón de Dios que perdona y cura, colmo de gracia y de ternura, protege y da la vida!

Salmo 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8.10 (R : 17ab)

R.
La misericordia del Señor dura siempre,
para los que cumplen sus mandatos.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.

SEGUNDA LECTURA

Las palabras de amor, las declaraciones más apasionadas, pueden resultar ilusorias. Sólo las obras, los comportamientos cotidianos, muestran la verdad del amor. Pues bien, Dios, desde siempre, ha dado múltiples pruebas de su amor infinito, hasta «enviar al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él». Por eso, creer en Dios, confesar que Jesús es la manifestación suprema de la ternura divina, «permanecer» en comunión con el Padre, participar de su Espíritu, es todo uno. La autenticidad de esta fe se verifica en el amor que, como hijos de un mismo Padre, nos tenemos unos a otros.

Dios nos amó.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4,7-16

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

Palabra de Dios

Aleluya Mt 11,29ab

Aleluya, Aleluya.
Señor Jesús, amigo de la gente sencilla,
tu yugo es llevadero
y tu carga ligera. Aleluya

Aleluya, aleluya.
Cargad con mi yugo y aprended de mí
- dice el Señor -,
que soy manso y humilde de corazón. Aleluya.

EVANGELIO

Dirigiéndose a su Padre, Jesús lo bendice porque la ha enviado a revelar a la «gente sencilla» lo que sólo el Hijo puede conocer. Dirigiéndose a los hombres, Jesús los urge a buscar en él «su descanso». Verdaderamente el Señor, «manso y humilde de corazón», ha enseñado una religión de amor, que nada tiene que ver con el miedo servil y sin alegría, con el frío e implacable legalismo religioso, y con el elitismo, que reservas el acceso a lo divino a «los sabios y entendidos». Conocen a Dios los que saben lo que es el amor: un puro regalo del cielo al que el más indigente puede responder con su propio amor.

Soy manso y humilde de corazón.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera".

Palabra de Dios



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lunes, 12 de junio de 2017

18-06-2017 - SOLEMNIDAD DEL SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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SOLEMNIDAD DEL SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (A)


En los días del éxodo, Dios salvó a su pueblo dándole el maná, un alimento «que no conocían sus padres», y el agua que sacó «de una roca de pedernal». Gracias a este pan bajado del cielo y a esta agua el pueblo pudo atravesar aquel «desierto inmenso y terrible», para entrar en la tierra prometida donde pudo disfrutar por fin del descanso tan largamente esperado. A lo largo del caminó tuvo que experimentar una extrema indigencia, que sólo Dios podía socorrer, y tomó conciencia de una necesidad más vital que la de los mismos alimentos terrenos: «No sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios».
Al multiplicar los panes y los peces para alimentar a la muchedumbre, Jesús se revela como el nuevo Moisés, pero añade que él da su propia carne como comida y su propia sangre como bebida. El es la «verdadera comida» y la «verdadera bebida», no para saciar el hambre y la sed de un momento, sino para dar la vida eterna. Afirmación sorprendente, pretensión increíble por parte de un hombre, por más signos y milagros inauditos que realice. Para aceptarla es necesario haber creído en Jesús como Hijo de Dios que ha «entregado» su cuerpo y ha «derramado» su sangre por la salvación del mundo, y a quien el Padre ha resucitado de entre los muertos para sentarlo a su derecha en el cielo. Hay que tener presente lo que el Señor dijo e hizo en la última cena con sus apóstoles. Hay que reconocer, en fin, bajo los signos del pan y del vino ofrecidos en acción de gracias, el cuerpo y la sangre de Cristo.
Este sacramento, que hace a la Iglesia, reúne en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu a la multitud de los creyentes dispersos por toda la tierra. Es el viático insustituible para el camino de nuestro éxodo hacia la Jerusalén del cielo, donde el Señor nos introducirá cuando vuelva.
La eucaristía que celebra la Iglesia es el «misterio dé la fe», fuente y exigencia del amor, fundamento de la esperanza, remedio de inmortalidad. Lo que sabemos y proclamamos continuamente es lo que celebra la solemnidad de este día.

PRIMERA LECTURA

Los autores bíblicos han meditado con frecuencia y detenimiento los acontecimientos del éxodo. El pueblo vivió una experiencia capital: en el desierto, «un sequedal sin una gota de agua», la palabra 1e Dios es tan necesaria como el agua que sale de la roca y el manó, ese pan maravilloso regalo del Señor.

Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres.

Lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a

Moisés habló al pueblo, diciendo:
Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no.
Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios.
No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.»

Palabra de Dios.

SALMO
Pan para el camino, palabra para el corazón, paz para todo el pueblo: regalos del cielo de los que la Iglesia hace memoria.

Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20 (R.: 12a)

R.
Glorifica al Señor, Jerusalén.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.
R.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz.
R.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.
R.

SEGUNDA LECTURA

La comunión en el cuerpo y la sangre de Cristo crea entre los creyentes una unión vital superior a la comunidad de fe y esperanza, de la que es signo eficaz.

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 16-17

Hermanos:
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?
El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque-que comemos todos del mismo pan.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 6, 51

Aleluya. Aleluya.
El pan que nos das es tu carne para la vida del mundo.
El que come de este pan
vivirá, con alegría, para siempre. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo -dice el Señor-;
el que coma de este pan vivirá para siempre. Aleluya.

EVANGELIO

El maná, el pan bajado del cielo, se dio a nuestros padres para que atravesaran el desierto. Después de la multiplicación de los panes, Jesús declara solemnemente que él es el pan vivo bajado del cielo para dar al mundo la vida eterna; que él en persona es el alimento indispensable para llegar a la resurrección del último día. Para entender el sentido de estas palabras, hay que recordar la comida que el Señor compartió con sus discípulos la víspera de su muerte. Al ofrecerles el pan y el cáliz, dijo. «Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Tomad y bebed, este es el cáliz de mi sangre». Bajo los signos eficaces del sacramento que llamamos eucaristía es como se puede comer su carne y beber su sangre, comulgar íntimamente en la vida de Cristo resucitado.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
-«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí:
-«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo:
-«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra de Dios.



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lunes, 5 de junio de 2017

11-06-2017 - La Santísima Trinidad (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Santísima Trinidad (A)


Profesión de fe «en Dios Padre todopoderoso, en Jesucristo, su único Hijo, y en el Espíritu Santo»; bautismo «en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo»; acción de gracias al Padre, por su Hijo, en el Espíritu; oración «por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con el Padre en la unidad del Espíritu Santo»; unción del enfermo para que el Señor lo reconforte por la gracia del Espíritu Santo; difuntos confiados a la misericordia del Padre por medio de su Hijo, a quien el Espíritu ha resucitado: desde el primer día hasta el último, toda la existencia cristiana se desarrolla bajo el signo de la Santísima Trinidad, en la comunión de las tres Personas divinas, y de su unidad.
No por ello Dios deja de ser el Totalmente Otro, el Incognoscible, a quien nadie ha visto nunca. La misma contemplación cara a cara en la eternidad, que nos mostrará a plena luz su grandeza y su trascendencia insondable, dejará inviolado su misterio. El es «el Señor». Sólo él puede revelar algo de su identidad. Y lo hace no con palabras, sino a través de sus obras. Así es como conocemos su ternura, su misericordia, su fidelidad y, sobre todo, su amor, fuente de todas sus iniciativas para con nosotros, de las «maravillas» que realiza desde siempre para que los hombres y el mundo se salven.
Dios ha llegado al colmo de su amor enviando a la tierra al que se ha revelado como su Hijo, Jesús de Nazaret. El, que es la Palabra que ha venido al mundo, ha podido hablar de Dios con lenguaje humano. El nos ha dicho que el nombre propio de Dios es «Padre», que su omnipotencia consiste sobra todo en un amor infinito e indefectible; que el Espíritu Santo introduce a los creyentes en la comunión de la Trinidad santa e indivisible.
El misterio que se celebra este domingo tiene por supuesto trascendencia práctica en el plano espiritual, pero también en el de nuestras relaciones cotidianas en todos los terrenos de la vida familiar y social. Cada uno de nosotros tiene su propia personalidad; que puede y debe desarrollarse gracias a la comunión de unos con otros.

PRIMERA LECTURA

Este breve relato dice mucho sobre Dios y, como ocurre siempre en la Biblia, con un lenguaje que no tiene nada de especulativo. Dios es el Trascendente, el Incomprensible: parece que la raíz de «Yavé» significa «soplar». Nadie puede saber quién es él sino lo «proclama» él mismo. Sólo se puede presentir algo de su identidad estando atentos a lo que hace, a la manera que tiene de actuar De ahí los nombres que se le aplican: «compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad», y otros muchos. No se puede encerrar en una definición a quien está más allá de todo lo que se pueda decir de él.

Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso.

Lectura del libro del Éxodo 34, 4b-6. 8-9

En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra.
El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.
El Señor pasó ante él, proclamando:
-«Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.»
Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo:
-«Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.»

Palabra de Dios.

SALMO

En lo alto y en los abismos, en el cielo y en su templo, Creador del universo, presente en nuestra historia: ¡bendito sea Dios!

Salmo Dn 3, 52. 53. 54. 55. 56

R.
A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito tu nombre santo y glorioso.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

SEGUNDA LECTURA

En la Escritura no se hacen exposiciones especulativas sobre el misterio de la Santísima Trinidad, sino que se recogen expresiones de la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, como la bendición de san Pablo al final de una de sus cartas a los corintios, que se utiliza al comienzo de la asamblea eucarística.

La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 13, 11-13

Hermanos:
Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros.
Saludaos mutuamente con el beso ritual.
Os saludan todos los santos.
La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.

Palabra de Dios.

Aleluya Ap 1, 8

Aleluya. Aleluya  
Gloria al Padre que tanto nos amó,
gloria al Hijo nuestro Salvador,
gloria al Espíritu que es su unidad. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
al Dios que es, que era y que viene. Aleluya.

EVANGELIO

El Hijo del hombre murió «elevado» en la cruz para que todos los que crean renazcan del Espíritu y tengan vida eterna: este es el misterio de la salvación revelado por Jesús a Nicodemo (Jn 3,1-15). Así pues, añade san Juan, todo el que reconozca el amor de Dios, que ha «entregado» a su Hijo único, Jesús, tendrá por él vida eterna.

Dios mandó su Hijo para que el mundo se salve por él.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 16-18

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Palabra de Dios.



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