lunes, 30 de enero de 2017

05-02-2017 - 5º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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5º domingo Tiempo ordinario (A)


«Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo. Alumbre así vuestra luz a los hombres». En un primer momento, estas afirmaciones pueden sorprender. Jesús acaba de declarar «dichosos» a los pobres, a los pequeños, porque ellos poseen las llaves del Reino futuro. Y de pronto, sin solución de continuidad, proclama de manera igualmente categórica su eminente dignidad, e incluso los exhorta a hacerla brillar ya desde ahora ante los ojos de todos, cuando poco más tarde dirá: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos» (Mt 6,1).
Esta última advertencia va dirigida contra la ostentación en la práctica individual de las buenas obras. En cambio, los discípulos juntos se comparan con «una ciudad puesta en lo alto de un monte». Por más que las ventanas no estén iluminadas, siempre habrá algunos cabos de vela encendidos que indiquen al viajero la presencia del pueblo. Sin duda, se puede aumentar artificialmente el resplandor por medio de proyectores que den buen aspecto incluso a edificios deteriorados. Pero aquí no se trata de eso. Jesús declara «dichosos» a los pobres, a los sufridos, a los que lloran, etc., por las disposiciones profundas de su «corazón»; y «desdichados» a los que tratan de engañar: a los «sepulcros encalados», que «por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre» (Mt 23,27).
La gloria del Señor acompañará a los que «sacian el estómago del indigente», dice Isaías. Los sanará e iluminará las tinieblas en las que el pecado los había sumergido. El evangelio va más lejos. Los discípulos tienen ya en sí la luz de Dios. El bien que realizan la hace resplandecer a los ojos de los «hombres», para que den gloria «al Padre que está en el cielo». Nada de buscar, por tanto, la propaganda ruidosa, ni en beneficio de los discípulos, por supuesto, ni de su comunidad, ni siquiera de la Iglesia. La luz tiene que estar puesta en el candelero, pero no para alumbrarse a sí misma. Según el testimonio de san Pablo, hay que ceder todo el espacio al poder de Dios. Es en él, y no en la reputación de los hombres ni de ninguna institución, donde se debe apoyar la fe. En una época en la que, en bastantes países, la Iglesia y las comunidades cristianas no gozan del prestigio de otros tiempos, el mensaje del Apóstol es más actual que nunca.

PRIMERA LECTURA

Era la vuelta del destierro. Los más fuertes se reinstalaban sin preocuparse de los que, en gran número, pasaban por situaciones de miseria: hambrientos, sin abrigo, sometidos a las peores vejaciones. La vigorosa predicación de Isaías sigue siendo, desgraciadamente, de trágica actualidad cuando una competencia económica despiadada arroja a la miseria a un número de personas cada vez mayor, engendrando «nuevos pobres».

Romperá tu luz como la aurora.

Lectura del libro de Isaías 58, 7-10

Así dice el Señor:
«Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne.
Entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: «Aquí estoy. »
Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas,' tu oscuridad se volverá mediodía.»

Palabra de Dios.

SALMO

Dichosos aquellos cuya vida refleja la luz de Dios.

Salmo 111, 4-5. 6-7. 8a y 9 (R.: 4a)

R.
El justo brilla en las tinieblas como una luz.

En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos. R.

El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor. R.

Su corazón está seguro, sin temor.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad. R.

SEGUNDA LECTURA

La elocuencia y la sabiduría humanas dan valor a quien las posee, y pueden ser útiles para persuadir El predicador del evangelio no las desprecia. Pero tiene que desaparecer ante la trascendencia del mensaje que anuncia. Sólo el poder del Espíritu y la fuerza de la cruz pueden convertir los corazones.

Os anuncié el misterio de Cristo crucificado.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5

Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado.
Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 8, 12b

Aleluya. Aleluya.
Gloria a ti, Señor sol de justicia,
lámpara de la ciudad futura. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo —dice el Señor—;
el que me sigue tendrá la luz de la vida. Aleluya.

EVANGELIO

Fin del exordio del «sermón del monte». Que la alegría de los que han recibido en herencia «el reino de los cielos» no les haga olvidar su responsabilidad en el mundo. Deben dar testimonio con su comportamiento, sin ostentación, pero al mismo tiempo sin timidez, del evangelio y de la luz que pone en ellos.

Vosotros sois la luz de¡ mundo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del candelero, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo. »

Palabra de Dios.



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