lunes, 23 de enero de 2017

29-01-2017 - 4º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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4º domingo Tiempo ordinario (A)


Dios, defensor de los pobres, de los pequeños y oprimidos, de aquellos a los que el mundo desprecia, se pone siempre de su lado. Es lo que enseña la tradición profética. Sofonías da testimonio, además, de una concepción religiosa de la pobreza. Hecha de disponibilidad, de apertura, de acogida del don de Dios, única capaz de colmar las necesidades más hondas del corazón humano, preserva del miedo al «día de la ira del Señor». Más aún, los pobres de los que habla el profeta constituyen el núcleo, el resto, sobre el que Dios se apoya para continuar su plan de salvación. De ahí deriva la corriente de espiritualidad bíblica de los, «pobres del Señor», de los ‘anawim, en hebreo. En ella se inspiran buen número de salmos y cánticos, y hasta el Magnificat de María. Pero sólo Jesús, el «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29), cumple a la perfección este ideal.
Las bienaventuranzas, evangélicas se sitúan dentro de esa corriente. San Mateo, situándolas al comienzo de la predicación del Señor, hace de ellas una especie de telón de fondo de toda la enseñanza de Jesús. No se trata propiamente de una ley, ni tampoco de una «regla de la vida cristiana». Las bienaventuranzas marcan un camino a todos los buscadores de Dios. Entrar en él equivale a tener la certeza de entrar con Cristo, ya desde ahora, en el reino de los cielos.
Pobres y limpios de corazón, los sufridos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los perseguidos, insultados y calumniados: estas formas de hablar no alteran en nada el carácter dinámico de las bienaventuranzas. El evangelio no propugna en absoluto una especie de «pasotismo» o de evasión. San Mateo insiste demasiado en la necesidad de obrar, de actuar, como para que pueda sospecharse en él esta clase de «espiritualismo». Pero recuerda, con razón, que todo, lo mejor y lo peor, tiene sus raíces en lo más profundo del «corazón». Por lo demás, ninguna de las bienaventuranzas está cerrada en sí misma ni puede aislar- se de las demás. El evangelio, en fin, como recuerda san Pablo, no tiene nada de sabiduría humana reservada a un grupo privilegiado y que pueda adquirirse con las propias fuerzas. En realidad todos somos necesitados y pobres ante Dios.
Acojamos con gratitud las bienaventuranzas y la llamada de Cristo, cuya cruz revela la infinita sabiduría y el amor de Dios.

PRIMERA LECTURA

Sofonías presenta el «día del Señor» con un aspecto extremadamente temible. Pero la misericordia de Dios perdura. Los humildes que permanecen fieles a la justicia de Dios no deben desesperar de su salvación.

Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde

Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13

Buscad al Señor, los humildes, que cumplís sus mandamientos; buscad la justicia, buscad la moderación, quizá podáis ocultaros el día de la ira del Señor.
«Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor.
El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera; pastarán y se tenderán sin sobresaltos.»

Palabra de Dios.

SALMO

Canto de acción de gracias al Señor defensor de los que no tienen defensa y de los que no tienen voz.

Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10 (R.: Mt 5, 3)

R.
Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
él hace justicia a los oprimidos,
él da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos.
R.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.
R.

SEGUNDA LECTURA

Una comunidad como la de Corinto, compuesta sobre todo por personas poco consideradas, hace tomar conciencia de una manera especial de que lo que cuenta por encima de todo es la complacencia de Dios en los pequeños y en los débiles (Jr 9,22-23), su gracia, que nadie puede merecer. Ahí reside el único motivo legítimo de orgullo, ya que rinde homenaje a la misericordia infinita de Dios.

Dios ha escogido lo débil del mundo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 26-31

Fijaos en vuestra asamblea, hermanos, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder.
Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.
Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención.
Y así -como dice la Escritura- «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

Palabra de Dios.

Aleluya Mt 5, l2a

Aleluya. Aleluya.
Gloria a Cristo, a quien Dios ha hecho para nosotros
sabiduría, justicia, redención y santificación. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Estad alegres y contentos,
porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Aleluya.

EVANGELIO

Ignominiosamente calumniado, sometido a burlas, perseguido, llevado a la muerte por causa de la justicia, Jesús ha sido elevado a la gloria del cielo. Que se alegren los que se encuentran en condiciones de vida semejantes a las suyas. Serán con él benditos del Padre, participarán de su gloria eterna.

Dichosos los pobres en el espíritu

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Palabra de Dios



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