lunes, 13 de febrero de 2017

19-02-2017 - 7º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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7º domingo Tiempo ordinario (A)


Después del exordio del «sermón de la montaña», san Mateo agrupa una serie de enseñanzas de Jesús que muestran cómo deben entender y practicar la Ley los discípulos. Nada de teorías ni, propiamente hablando, dé prescripciones realmente novedosas, sino unos cuantos ejemplos, a veces intencionadamente exagerados, para orientar en el sentido correcto la conducta concreta y cotidiana de los discípulos frente a todo tipo de situaciones, incluso insólitas, que, por definición, un código legislativo no puede prever.
«Ojo por ojo, diente por diente». Es la ley llamada «del talión» (Ex 21,24; Lv 24,20; Dt 19,21). Hoy esta fórmula nos choca, más aún cuando se la cita fuera de su contexto. Se trata de un principio con el que se ponía fin a la espiral de la venganza privada y a las crueles represalias llevadas a cabo indefinidamente entre grupos y clanes. La Ley sustituía la violencia ciega y desenfrenada por una justa proporción entre la gravedad del crimen cometido y el daño causado, por una parte, y el castigo y la reparación, por otra.
Jesús se sitúa en un plano totalmente distinto del de los códigos de justicia, sin los cuales no puede haber sociedad de derecho. No pide que nos comportemos como ingenuos, ni mucho menos que nos inhibamos ante la injusticia y la violencia. Pero afirma rotundamente: en toda circunstancia, sed artífices eficaces de la paz y la reconciliación, estando dispuestos incluso a «excederos»: a poner la otra mejilla, a prestar el manto y la túnica, a dar al que pide hasta de forma abusiva. También en esto Jesús da plenitud a la Ley. El libro del Levítico, que hace suyo el principio «ojo por ojo, diente por diente» prohíbe el odio incluso de pensamiento, la venganza y el rencor. La prohibición se hace en virtud del mandamiento del amor al prójimo «como a uno mismo», justificado por esta declaración de Dios: «Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo». Jesús en persona es la revelación suprema de esta santidad y de este amor infinito de Dios. El, el Justo enviado al mundo, ha entregado su vida en la cruz propia de los malhechores por la salvación de los pecadores.
¡Locura de Dios, sabiduría suprema! ¡Poder de Dios que hace de nosotros su templo, habitado por el Espíritu Santo! Todo nos pertenece, porque nosotros somos de Cristo y Cristo de Dios.

PRIMERA LECTURA

«Yo soy el Señor»,’ «Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo». La omnipotencia y la santidad divinas van de la mano. Dios ha promulgado sus mandamientos en virtud de este doble título. Por eso hay que cumplirlos por sumisión a su autoridad y para honrar su santidad, de la que esta obediencia hace partícipes.

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Lectura del libro del Levítico 19, 1-2.17-18

El Señor habló a Moisés:
-«Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles:
"Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.
No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado.
No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Yo soy el Señor. " »

Palabra de Dios.

SALMO

Acción de gracias del pecador que experimenta la alegría del perdón.

Salmo 102, 1-2.3-4.8 y 10. 12-13 (R.: 8a)

R.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.

Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles. R.

SEGUNDA LECTURA

«Templo de Dios habitado por el Espíritu de Dios»: las divisiones, las rivalidades, el recurso a una supuesta sabiduría humana, son en cierto modo sacrilegios. «Todo es vuestro»: los apóstoles, los predicadores y todos los demás están al servicio de la construcción de este templo. « Vosotros sois de Cristo»: no os atéis a nadie; aferraos firmemente sólo al Señor. «Cristo es de Dios»: nadie pretenda ser su propietario.

Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 16-23

Hermanos:
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.
Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.»
Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 2, 5

Aleluya. Aleluya.
Los que aman y perdonan
esos son verdaderos hijos de Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Quien guarda la palabra de Cristo,
ciertamente el amor de Dios ha llegado en él
a su plenitud.
Aleluya.

EVANGELIO

Dos nuevos ejemplos del modo como los discípulos deben cumplir la Ley y los profetas: oponer el bien al mal; salir al paso de las necesidades de todos, cualquiera que sea la manera en que se expresen; amar incluso a l5xenemigos y pedir a Dios que los perdone. El evangelio es un código de santidad que tiene su fuente en el Padre del cielo, y que Jesús ha enseñado por medio de palabras y, de manera perfecta, por medio de sus obras.

Amad a vuestros enemigos.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 38-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente." Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.
Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

Palabra de Dios.



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