lunes, 8 de mayo de 2017

14-05-2017 - 5º domingo de Pascua (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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5º domingo de Pascua (A)


Las «cosas de la fe» no son puras abstracciones, sino realidades invisibles. Dado que escapan a la experiencia sensible, para hablar de ellas hay que recurrir al lenguaje de las imágenes, a las analogías que las evocan, aunque no agotan su misterio. Tratar de imaginárselas sin tener en cuenta su trascendencia no puede sino conducir a desviaciones.
Jesús, de vuelta a «la casa de su Padre», nos prepara en ella «una estancia». Volverá a recogernos «para que donde está él, estemos también nosotros». Como Tomás, quisiéramos saber más. La respuesta de Jesús disipa las ilusiones, los espejismos de la imaginación. Jesús mismo, personalmente, es el camino, al igual que es la verdad y la vida. El lleva al Padre, lo da a conocer y hace posible participar de su vida. Se trata de estar con él y en él. Nuestros caminos terrenales pueden hacerse poco seguros, impracticables. Jesús, el camino, permanece siempre accesible y, en la oscuridad de la fe, nos conduce infaliblemente a nuestro destino.
«Sí, pero nosotros nunca hemos visto al Padre», insiste Felipe. La respuesta de Jesús nos conduce de nuevo a la realidad. En él, que es el único que lo conoce de veras, se ha revelado el Dios invisible que nosotros, por nuestra parte, debemos dar a conocer a los demás haciendo obras semejantes a las del Señor.
Por otro lado, la realidad íntima de la Iglesia, a la vez visible e invisible, humana y divina, no puede encerrarse en una única definición. Asimilarla a otras formas de agrupación humana de las que tenemos experiencia es fuente de equívocos, a menudo muy graves. También aquí es necesario recurrir a imágenes, como la del «templo del Espíritu» entre otras un templo construido sobre el Señor, que es su «piedra angular». Los cristianos son «piedras vivas».
Los diversos ministerios que se ejercen en las comunidades cristianas han de entenderse y situarse en la perspectiva de esta construcción Como ocurrió ya en tiempos apostólicos puede ser necesario instituir nuevos ministerios para responder a las necesidades que, con el paso del tiempo, se van presentando en los diversos lugares. Por eso, cada vez más, y no sólo a causa de la disminución del número de sacerdotes, actualmente se confían responsabilidades pastorales a los laicos, hombres y mujeres.

PRIMERA LECTURA

En la Iglesia de Jerusalén hay creyentes de diversas lenguas y, sobre todo, de diferentes culturas: hebrea y griega. Al crecer en número, los «griegos» consideran que no se les tiene suficientemente en consideración, que se los discrimina incluso a la hora de socorrer a las viudas. Para respetar las diferencias salvaguardando la comunión, los Doce proponen nombrar a siete «griegos» corresponsables  en el servicio de las mesas. Esta primera iniciativa, tomada para responder a necesidades de organización material, tendrá consecuencias imprevisibles en aquel momento. La seguirán otras muchas. Los siete serán pronto asociados a los apóstoles en el anuncio del evangelio. Para responder a las necesidades de las Iglesias y de la misión, se irán instituyendo progresivamente nuevos y diversos ministerios.

Eligieron a siete hombres llenos de espíritu.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6, 1-7

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas.
Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:
-«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.»
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el y número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

Palabra de Dios.

SALMO

Acción de gracias por la fecundidad de la Palabra y por la unidad y la comunión en la diversidad.

Salmo 32, 1-2. 4-5. 18-19 (R.: 22)

R.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.
R.

Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
R.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
R.

SEGUNDA LECTURA

Fundada en Cristo, «piedra angular», la comunidad de los que han respondido a la llamada de Dios constituye un conjunto vivo, el «templo del Espíritu». Todos aquellos a los que la fe ha integrado en esta construcción son corresponsables de su desarrollo armonioso. Han de participar en la misión y celebrar en su vida un culto agradable a Dios.

Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 4-9

Queridos hermanos:
Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.
Dice la Escritura:
«Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.»
Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la «piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino.
Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 14, 6

Aleluya. Aleluya.
Has ido a prepararnos sitio,
Jesús, Hijo de Dios.
Volverás y nos llevarás contigo
para que donde estás tú
estemos también nosotros. Aleluya.

Aleluya, aleluya,
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida
-dice el Señor-;
nadie va al Padre, sino por mí. Aleluya.

EVANGELIO

«El Señor ha resucitado, ha subido al cielo, está sentado a la derecha del Padre, y volverá para llevarnos a la casa del Padre». Los términos que expresan el sentido de la Pascua de Cristo y el dinamismo que anima a los creyentes evocan realidades de otro orden, transcendentes, imposibles, por tanto, de imaginar. Las preguntas algo ingenuas de Tomás, en los que muchos pueden reconocerse, son ocasión para aclarar unos cuantos puntos fundamentales. Jesús en persona es el camino, y la verdad, y la vida. Conocerlo a él es conocer al Padre, que es uno con él. Creer lleva a hacer las mismas obras que acreditan al Hijo. Verdaderamente, la fe pascual no tiene nada que ver con los sueños que llevan a evadirse de la realidad. Esta orienta decididamente hacia el presente, y compromete la responsabilidad de los creyentes en el mundo y en la Iglesia «ya desde ahora».

Yo soy el camino, y la verdad, y, la vida.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice:
-«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde:
-«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»
Felipe le dice:
-«Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica:
-«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.»

Palabra de Dios.



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