lunes, 15 de mayo de 2017

21-05-2017 - 6º domingo de Pascua (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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6º domingo de Pascua (A)


Aunque ya de manera invisible, Jesús está en medio de los suyos, con una presencia cuya condición humana no limita su proyección y que está prolongada por «otro defensor», «el Espíritu de la verdad». Es una relación fuerte como el amor divino, que el Señor resucitado ofrece a quienes, por la fe, lo reconocen como el Viviente que da la Vida. En consecuencia, la fidelidad a los mandamientos no tiene nada de servil: expresa y autentifica la profunda vinculación de los discípulos con su Señor, modelo de obediencia a quien lo ha enviado, que acoge como hijos suyos a los discípulos de su Hijo amado. Así es la religión cristiana: está tan lejos del moralismo como del formalismo, de la adhesión puramente intelectual o sentimental como de todo conformismo exterior, de la evasión del mundo como de la religiosidad vaga sin contenido objetivo.
Los mandamientos de Dios no son ni leyes en el sentido jurídico del término ni normas de buena conducta. Indican el «camino recto» revelado por Cristo. Entrar en este camino y avanzar por él significa seguramente exponerse a calumnias y sufrimientos de los que tampoco se libró el Santo entregado a la muerte para conducir a Dios a los culpables y a los pecadores.
Hay que estar «siempre prontos para dar razón de nuestra esperanza», pero «con mansedumbre y respeto». Este testimonio humilde tendrá más fuerza que muchos discursos y que una apología agresiva. Lo que san Pedro escribe en su primera carta sigue teniendo gran actualidad, sobre todo hoy, cuando nada escapa a la tentación de una publicidad abrumadora y hábil, a los mensajes propagandísticos que anestesian la capacidad de reflexión sosegada.
Las persecuciones pueden convertirse incluso en ocasiones de progreso para la evangelización. Fueron las que obligaron a los hermanos de la primitiva comunidad de Jerusalén a dispersarse, lo que los llevó a difundir el evangelio fuera de Judea.
La palabra de Dios y la liturgia centran sus contenidos convergentes en lo que sucede aquí y ahora. Pero, al mismo tiempo, nos hacen dirigir la mirada hacia lo que hay que hacer para que el mensaje pascual se difunda más allá de nuestros horizontes conocidos.

PRIMERA LECTURA

La persecución ha provocado la dispersión de una parte de la comunidad cristiana de Jerusalén (Hch 1, 1-4). Felipe, uno de los siete nombrados para el servicio de las mesas (Hch 6, 17), se refugia en Samaría, donde predica el evangelio realizando signos similares a los de Jesús. El Bautismo de samaritanos mueve a los apóstoles Pedro y Juan a salir también ellos de Judea. Un ejemplo de atención a los «signos de los tiempos» que conviene meditar.

Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 8, 5-8. 14-17

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

SALMO

El evangelio sigue siendo acogido hoy con alegría fuera de nuestras fronteras: ¡Aleluya!

Salmo 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 (R.: 1)

R.
Aclamad al Señor, tierra entera.

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!» R.

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente. R.

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R.

SEGUNDA LECTURA

En pocas líneas, tenemos aquí un código de conducta cristiana en medio de las contradicciones del mundo: audacia humilde y respetuosa con todos en la profesión de fe; constancia en la realización del bien, cueste lo que cueste; en toda circunstancia, comportamiento como el de Cristo, el inocente que murió «por los culpables, para conducirnos a Dios».

Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 3, 15-18

Queridos hermanos:
Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal.
Porque también Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.

Palabra de Dios.

o bien:

Nosotros confesamos a Cristo muerto y resucitado. Celebramos a los mártires, cuyas pruebas, vividas en comunión con el Señor, dan gloria a Dios. Pero nos cuesta pronunciar la acción de gracias cuando tenemos que sufrir personalmente «por el nombre de Cristo». Sin embargo, el acceso a la gloria tiene lugar a través de un itinerario semejante al suyo.

Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 4, 13-16.

Queridos hermanos:
Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo.
Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.
Que ninguno de vosotros tenga que sufrir por homicida, ladrón, malhechor o entrometido.
Pero, si sufre por ser cristiano, que no se avergüence, que dé gloria a Dios por este nombre.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 14, 23

Aleluya. Aleluya 
Cristo es el inocente
que ha muerto por los culpables,
para conducirnos a Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El que me ama guardara mi palabra -dice el Señor-,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él. Aleluya.

EVANGELIO

Breve variación sobre algunos de los temas predilectos de san Juan: La fidelidad a los mandamientos, criterio decisivo de adhesión a Cristo, intercesor nuestro y prenda del envío del Espíritu consolador; la fidelidad cristiana, comunión en la vida del Padre y del Hijo en la unidad del Espíritu Santo.

Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él. »

Palabra de Dios.

o bien:

La gran oración de Jesús, recogida únicamente en el evangelio según san Juan, tiene todos los elementos de una acción de gracias en el sentido que le aplicamos comúnmente cuando hablamos de «eucaristía». Jesús la pronunció «levantando los ojos al cielo», cuando había «llegado la hora» de pasar de este mundo al Padre. En realidad, abarca el hoy de todos los tiempos. La ofrenda y el recuerdo (anamnesis) de la obra de la salvación realizada conducen a la intersección. Tiene también la estructura dinámica de la plegaria eucarística: todo viene del Padre, por el Hijo, en el Espíritu; todo torna de nuevo al Padre en el Espíritu, por el Hijo. Finalmente, se articula en torno a la «hora de Jesús», la hora de su muerte, resurrección y glorificación a la derecha del Padre.

Padre, glorifica a tu Hijo.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 1-11a.

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo:
-«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese.
He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

Palabra de Dios.




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