domingo, 21 de mayo de 2017

25-05-2017 - La Ascensión del Señor (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Ascensión del Señor (A)


La Ascensión del Señor se celebra el jueves de la VI semana de pascua, en algunas diócesis es transferido al Domingo VII de Pascua.


La Ascensión al cielo, segunda fase de la Pascua de Cristo, es un misterio que concierne directamente a la Iglesia peregrina en la tierra: el evangelio según san Lucas y según san Mateo, así como la carta de san Pablo a los Efesios, lo proclaman abiertamente. La paradoja es sólo aparente.
«¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?», les dicen los ángeles a los apóstoles, que no lograban apartar los ojos de la nube que les había quitado a Jesús de su vista. El Señor vuelve al lugar invisible de donde había bajado al encarnarse en nuestra propia carne. Pero antes de irse al lugar de donde había venido, dice a los Once reunidos en la montaña de Galilea: «Id y haced discípulos de todos los pueblos».
Al concluir la misión de Jesús en la tierra, comienza la misión de la Iglesia. La primera ha durado sólo unos pocos años, encuadrados entre dos acontecimientos: el bautismo de Jesús de Nazaret en las aguas del Jordán y su vuelta al Padre. La segunda durará hasta el retorno glorioso del Señor y la instauración del Reino al final de los tiempos. El día y la hora en que esto sucederá dependen de la libertad soberana del Padre. No hay nada en las Escrituras que pueda alimentar la más mínima especulación al respecto. El mismo Jesús y los apóstoles lo han dicho con toda claridad. Por otra parte, ¿de qué serviría? Hay que vivir el presente, donde tenemos una tarea bien concreta que realizar: trabajar por el advenimiento del reino de Dios que mañana se manifestará. Cualquiera que sea el plazo, el tiempo apremia, porque la vida es corta para hacer frente a la responsabilidad que el Señor nos ha confiado. No cabe permanecer inactivos, con la mirada y la mente en las nubes.
Demos gracias a Dios, que ha exaltado a su Hijo resucitado de entre los muertos, «sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro». «Todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo».
Pidámosle que nos «dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo» de veras. Que «ilumine los ojos de nuestro corazón» y que renueve sin cesar «la esperanza a la que nos llama».

PRIMERA LECTURA

San Lucas ha colocado un relato de la Ascensión del Señor al final de su evangelio y al comienzo del libro de los Hechos, que son en realidad dos partes de una misma obra. La última aparición de Cristo a sus discípulos clausura el periodo en el que Jesús estuvo en la tierra con los suyos, e inaugura una nueva era: la de la Iglesia. Ahora son los discípulos los que tienen la responsabilidad de anunciar la Buena Noticia, siguiendo las instrucciones que Jesús les ha dado, y «movidos por el Espíritu Santo». El Señor ha desaparecido de la vista de sus discípulos. Ha llegado la hora de trabajar en la preparación de su última venida, sin preguntar cuándo ni cómo será su retorno en la gloria.

Lo vieron levantarse.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les recomendó:
-«No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.»
Ellos lo rodearon preguntándole:
-«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
Jesús contestó:
-«No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»
Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
-«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»

Palabra de Dios.

SALMO

Alabanza a Cristo, Dios, Señor y Rey.

Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9 (R.: 6)

R.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.

Pueblos todos batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra. R.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas;
tocad para Dios,
tocad, tocad para nuestro Rey, tocad. R.

Porque Dios es el rey del mundo;
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R.

SEGUNDA LECTURA

Dios ha desplegado en Cristo un poder del que ya podemos beneficiamos. Las palabras se acumulan en la pluma de san Pablo cuando trata de decir lo que representan para Cristo su resurrección y su glorificación a la derecha de Dios, y los innumerables e inconmensurables beneficios que de ellas se derivan para nosotros. La oración del Apóstol se convierte entonces en acción de gracias, en «eucaristía», dirigida al «Dios de nuestro Señor Jesucristo», el Padre que «todo lo ?uso bajo los pies» de su Hijo y «lo dio a la Iglesia, que es su cuerpo, como cabeza, sobre todo».

Lo sentó a su derecha en el cielo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 17-23

Hermanos:
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.
Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

Palabra de Dios.

Aleluya Mt 28, 19. 20

Aleluya. Aleluya.
Cristo elevado a la gloria,
atrae hacia él a todos los hombres,
para hacer de ellos su cuerpo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Id y haced discípulos de todos los pueblos
-dice el Señor-;
yo estoy con vosotros todos los días,
hasta el fin del mundo. Aleluya.

EVANGELIO

Revelación del poder soberano de Cristo «en el cielo y en la tierra»; misión de los discípulos enviados a todos los pueblos prenda de la presencia del Señor entregada a los suyos «hasta el fin del mundo»: todo esto es para san Mateo el misterio de la Ascensión.

Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.

+ Conclusión del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a .-ellos, Jesús les dijo:
-«Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

Palabra de Dios.



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