lunes, 26 de junio de 2017

02-07-2017 - 13º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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13º domingo Tiempo ordinario (A)


El final del capítulo décimo del evangelio según san Mateo, titulado generalmente Discurso apostólico o Discurso de la misión, se dirige en primer lugar a los enviados del Señor, pero también afecta a todos los discípulos.
«No querer nada ni a nadie, ni siquiera al padre o a la madre, ni siquiera a los hijos más que a Cristo». Para responder a la llamada del Señor y a las exigencias de la misión, los enviados pueden verse obligados a renuncias que nadie puede asumir sin una dura lucha interior: ¿realmente Dios pide llegar hasta ese extremo?, ¿exige tales sacrificios? A menudo tendrán que enfrentarse a quienes los incitan a ser razonables. Se trata de situaciones límite. Pero a menudo la fe obliga a los discípulos a tomar decisiones heroicas y, con mayor frecuencia, los pone en situaciones que les exigen renuncias cotidianas.
Ciertamente el evangelio no enseña que los cristianos tengan que elegir siempre lo que va contra las aspiraciones y los sentimientos más arraigados en la naturaleza humana. Pero por el bautismo, que los incorpora a la Pascua de la muerte y resurrección de Cristo, la existencia cristiana está marcada por el signo indeleble de la cruz. Cada uno debe «coger su cruz». Se trata de una forma metafórica de hablar: no se trata de cargar con la cruz de Cristo como Simón de Cirene. Pero la expresión tiene también un sentido muy realista: las opciones y decisiones que exige la fe pueden llegar a Ser verdaderamente duras y mortificantes.
Viene luego la conducta que hay que tener con los enviados de Dios, los justos, los discípulos. Jesús se identifica con cada uno de ellos. Esta afirmación tiene gran trascendencia, porque no se refiere sólo a los enviados «oficiales» del Señor: «El que os recibe a vosotros me recibe a mí». En el día del juicio seremos admitidos en el Reino por lo que hayamos hecho en favor de los más pequeños, sin distinción: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,31-46).
No hemos visto a Cristo, pero creemos en él. Y tenemos la suerte y la gracia de encontrárnoslo al acoger a sus enviados y a todos aquellos con quienes él se identifica..

PRIMERA LECTURA

Breve extracto de las «florecillas» de Eliseo, cuyo nombre significa «Dios ayuda»: Dios recompensa a una sunamita que, sin esperar nada a cambio, ofrece hospitalidad a un profeta, «por ser profeta» como dice el evangelio.

Ese hombre de Dios es un santo, se quedará aquí.

Lectura del segundo libro de los Reyes 2R 4,8-11.14-16a

Un día pasaba Eliseo por Sunam, y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer, Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa. Ella dijo a su marido: «Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga a visitarnos, se quedará aquí».
Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó, Dijo a su criado Guejazi: «Qué podríamos hacer por ella?». Guejazi comentó: «Qué sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo». Eliseo dijo: «Llámala». La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo: «El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo».

Palabra de Dios.

SALMO

Dios da fuerza y poder a los que acogen a sus enviados, y los recompensa sin medida.

Salmo 88, 2-3. 16-17. 18-19 (R.: 2a)

R.
Cantaré eternamente
las misericordias del Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad». R.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
camina, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R.

SEGUNDA LECTURA

Por el bautismo, símbolo del sepulcro del que Cristo fue resucitado, participación sacramental en la Pascua del Señor hemos pasado de la muerte a la vida. Andemos, pues, en la vida nueva a la que hemos resucitado.

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que andemos en una vida nueva.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6,3-4.8-11

Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús..

Palabra de Dios.

Aleluya IP 2,9

Aleluya. Aleluya.
El que pierde su vida por Cristo la encontrará.
El que no quiere perder su vida por Cristo
no es digno de él. Aleluya..

Aleluya, aleluya.
Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real,
una nación consagrada;
proclamad las hazañas del que os llamó
a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Aleluya.

EVANGELIO

Sacrificarlo todo, hasta la propia vida; lo que Jesús pide a sus enviados es exactamente lo que él mismo ha hecho para llevar a cabo su misión. La relación que existe entre él y sus enviados es semejante a la que lo une a él con el Padre. Todo el que les preste ayuda cuando sean perseguidos a causa de su ministerio, o cuando pasen necesidad, recibirá una recompensa idéntica a la suya. Más aún: la mínima ayuda prestada al más pequeño de los discípulos será tenida en cuenta el día del juicio.

El que no coge su cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros me recibe a mí.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.
El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro».

Palabra de Dios.



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