lunes, 19 de junio de 2017

25-06-2017 - 12º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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12º domingo Tiempo ordinario (A)


Desde siempre, anunciar con fidelidad la palabra de Dios ha sido una misión peligrosa. En efecto, el profeta debe oponerse, en nombre del Señor, a un mundo que se construye sobre valores ajenos a la ley de Dios o en contradicción con ella. Se encuentra, por tanto, expuesto a la contradicción y a la hostilidad, a menudo violenta, de muchísima gente. Pertenece al orden mismo de las cosas: el mensajero de Dios no debe extrañarse. Su misión, sin embargo, se hace especialmente dolorosa cuando, dirigiéndose a su propia comunidad, encuentra entre los suyos esa misma oposición. A fuerza de verse tratado como profeta de calamidades y perturbador, de ver a sus amigos acechar sus traspiés y sus imprudencias, llega a dudar de sí, de su misión y de Dios mismo. Sólo hay una salida a esta confusión: ponerse totalmente en manos del Señor, que es quien lo ha colocado en esa insoportable situación.
Como todos los profetas, Jesús también estuvo expuesto a la contradicción de su pueblo, y a menudo incluso a la incomprensión de sus discípulos más próximos. Se le llegó a tratar hasta como emisario de Satanás (Mt 12,24). Experimentó cómo crecía en torno a él el odio que lo conduciría a la muerte. Cuando en Getsemaní, en el momento de afrontarla, tuvo la tentación de echarse atrás, se abandonó totalmente en manos de su Padre. Gracias a su fidelidad como enviado de Dios y a su total obediencia, la multitud de los hombres ha sido colmada, sobre toda medida, con el don de la vida eterna.
Los discípulos, a quienes él ha confiado su evangelio para que lo anuncien y den testimonio de él, están, también ellos, expuestos a las contradicciones. ¿Se podría seguir hablando del evangelio si no resultara molesto? Pero los cristianos tienen a menudo la impresión de estar librando una batalla perdida de antemano. Como un pequeño rebaño en medio del inmenso mundo que los rodea, considerados muchas veces como soñadores o aguafiestas, despreciados, ridiculizados, marginados, sometidos a todo tipo de presiones, cuando no de persecuciones violentas o larvadas, los discípulos corren el riesgo de ceder al miedo o dejarse invadir por la duda. «Animo, no tengáis miedo —les dice Jesús—. El Padre está con vosotros, y yo estoy a su lado: ¡ no quedaréis defraudados!». Esta certeza debe reavivar continuamente su confianza y apartarlos de toda arrogancia y presunción: ¡ su capacidad no les viene de sí mismos!

PRIMERA LECTURA

Inmerso por un tiempo en la duda y el desánimo, Jeremías, en un nuevo despertar de la fe y la esperanza, pone su causa en manos del que lo ha cargado con el peso de su misión. Está tan seguro de ver que Dios restablecerá su derecho, que su breve oración acaba en alabanza y acción de gracias.

Libró la vida del pobre de manos de los impíos.

Lectura del libro de Jeremías 20,10-13

Dijo Jeremías: «Oía el cuchicheo de la gente: “Pavor en torno; delatadio, vamos a delatarlo”, Mis amigos acechaban mi traspié: “A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos ‘ nos vengaremos de él”.
Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa.
Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos»..

Palabra de Dios.

SALMO

Oración de un portavoz de Dios. Insultado, cubierto de vergüenza, humillado, sigue confiando en aquel en quien ha depositado su fe.

Salmo 68, 8-10. 14 y 17 33-35 (R 14)

R.
Que me escuche tu gran bondad, Señor.

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R.

Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. R.

SEGUNDA LECTURA

Cristo no sólo repara una situación catastrófica, consecuencia del pecado que se ha multiplicado en el mundo. Instaura una situación muy superior; sin comparación, dando origen, por su obediencia, a una humanidad nueva.

No hay, proporción entre el delito y el don.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5,12-15

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley.
A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 15,26b.27a

Aleluya. Aleluya.
Si os ponéis de su parte ante los hombres,
Cristo se pondrá de vuestra parte
ante su Padre del cielo. Aleluya..

Aleluya, aleluya.
El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí
—dice el Señor—;
y también vosotros daréis testimonio. Aleluya.

EVANGELIO

El evangelio es contestación de los valores contrarios a la ley de Dios. Expone fatalmente a contradicciones y hasta persecuciones a. los discípulos que lo anuncian y lo viven. Esto no debe impedirles pregonarlo sin temor; «desde la azotea». Su Padre del cielo vela por ellos ya ahora, y en el día del juicio el Señor se pondrá de su parte.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.
Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».

Palabra de Dios.



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