lunes, 27 de febrero de 2017

05-03-2017 - 1º domingo de Cuaresma (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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1º domingo de Cuaresma (A)


CICLO A

Jesús, vencedor del demonio que lo aborda en el desierto de las tentaciones, se ha puesto a la cabeza de la humanidad nueva, justificada por su obediencia indefectible al Padre. En él, el Hijo amado resucitado de entre los muertos y vivo ahora en la gloria, resplandecen la vida y la inmortalidad. «Escuchadlo», proclama con Insistencia la liturgia de Cuaresma, repitiendo sin cesar las palabras de la voz procedente de la nube el día de la transfiguración del Señor (domingos primero y segundo). Esta exhortación apremiante sigue siendo actual, porque la vida cristiana es, como recuerdan los domingos tercero, cuarto y quinto de Cuaresma de este ciclo A, un gran catecumenado. El bautizado profesa que Jesús es la fuente de agua viva que sacia toda sed, la luz que disipa las tinieblas y devuelve la vista a los ciegos de nacimiento, el resucitado que abre los sepulcros de los muertos para devolverles la vida. Pero la fe, acogida de la gracia que transfigura, mirada dirigida al mundo con 108 ojos de Cristo, y paso, con él, de la muerte a la vida, no puede Imitarse a la profesión hecha un día de gracia. Creemos, Señor, pero aumenta nuestra fe.

1º domingo de Cuaresma (A)

Las lecturas bíblicas de este domingo de introducción a la Cuaresma ponen de relieve la estrecha solidaridad del género humano en Adán y en Jesucristo. El hombre y la mujer han sido creados para vivir en intimidad con Dios y, por tanto, en paz y armonía entre sí y con el universo. El pecado ha roto este orden. El hombre y la mujer se han encontrado desnudos, desarmados para la lucha entre el bien y el mal que se libra en ellos y, por lo mismo, para afrontar la hostilidad de la naturaleza, cuyo equilibrio ha destruido el pecado.
Jesús, nuevo Adán, Hijo de Dios hecho hombre, se encontró también en su camino con el que había hecho caer a Adán y Eva. O mejor, fue el Espíritu del que fue investido en el momento del bautismo en el Jordán quien lo condujo al desierto, lugar tradicional del encuentro con las opciones fundamentales de la vida. El desierto es igualmente, tanto en la Biblia como en otras tradiciones religiosas, el lugar en que se pone a prueba y madura la vocación, arraigando profundamente en la voluntad y en el corazón. Sólo delante de Dios se percibe el alcance de las exigencias de su llamada y de las renuncias que implica. La privación de bienes que parecen indispensables o preferibles a los demás lleva a cuestionar las apreciaciones personales y a preguntarse por la jerarquía de valores. Esto no se logra sin un arduo combate, porque es grande la tentación de buscar escapatorias y compromisos, basándose incluso, en palabras de la Escritura, cuyo sentido se fuerza. Pero ¡ qué profunda paz interior una vez superada victoriosamente la prueba! Seguramente a lo largo del camino se presentarán otras tentaciones. Pero el recuerdo de la victoria inicial permitirá afrontarlas con la fuerza de quien conoce al adversario, su estrategia y sus artimañas.
Jesús, de entrada y definitivamente, obligó a Satanás a apartarse de él. Vinculado indefectiblemente a la voluntad de su Padre, no cedió a compromisos en lo tocante a la vocación que había asumido al entrar en el mundo. Y nos anima a nosotros a marchar por el camino abierto con su victoria sobre Satanás. Ahora, con él y en él, todo movimiento de conversión, toda victoria sobre el. mal, contribuyen, misteriosa pero eficazmente, a orientar a la humanidad entera hacia Dios, que ha creado al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. Es bueno recordar todas estas convicciones ahora, al comienzo de la Cuaresma.

PRIMERA LECTURA

El autor del libro del Génesis no diserta de manera abstracta, sobre el hombre en general. Pone en escena dos personajes en quienes pueden y deben reconocerse todo hombre y toda mujer. El hombre, modelado de la tierra («Adán» significa «El terrenal») ha recibido del Creador el soplo de la vida, que lo ha separado de la materia original; podría decirse que es terrenal, pero no está a ras de tierra. Si olvida que Dios es la fuente de su dignidad y el garante de su futuro, no es más que un rey desnudo, incapaz de gobernarse a sí mismo, por falta de referencias fiables en un camino sembrado de trampas.

Creación y, pecado de los primeros padres.

Lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7

El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo.
El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.
El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.
La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer:
-«¿Como es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?»
La mujer respondió a la serpiente:
-«Podernos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: "No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte."»
La serpiente replicó a la mujer:
-«No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.»
La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió.
Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Palabra de Dios.

SALMO

El perdón de Dios hace de nosotros hombres nuevos, recreados a imagen de su Hijo, abiertos a la alegría del Espíritu.

Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17 (R.: cf. 3a)

R.
Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa,
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
R.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
R.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
R.

SEGUNDA LECTURA

Dios envió a su Hijo a la tierra para devolver a los hombres lo que el pecado les había arrebatado. Haciéndose terrenal, se ha convertido en el nuevo Adán de una humanidad devuelta a su dignidad primera por la gracia, a la que nada se resiste. Pero, para beneficiarse de ello, hay que acoger ese don de Dios.

Si creció el pecado, más abundante fue la gracia

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-19

Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.
Y tampoco hay proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado de uno: el proceso, a partir de un solo delito, acabó en sentencia condenatoria, mientras la gracia, a partir de una multitud de delitos, acaba en sentencia absolutoria.
Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo,, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación.
En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida.
Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Mt 4,4b

Cristo, por nosotros, experimentó la tentación;
venciendo a Satanás, nos trajo vida.

No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO

Llevado al desierto por el Espíritu, el Hijo amado del Padre ha infligido al diablo una derrota de la que, a pesar de todas los intentos, no podrá recuperarse. Tres citas de la Escritura muestran en qué consiste esta victoria y por qué es decisiva: Jesús ha vivido siempre de la palabra de Dios, su alimento cotidiano; ha rechazado todo signo de poder contrario a su misión como Mesías sufriente; ha hecho de toda su vida y de su muerte una ofrenda agradable al Padre. La Iglesia y cada uno de nosotros participamos de esta victoria en las mismas condiciones y por los mismos medios.

Jesús ayuna cuarenta días y es tentado.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo.
Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
-«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»
Pero él le contestó, diciendo:
-«Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."»
Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice:
-«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras."»
Jesús le dijo:
-«También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios."»
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo:
-«Todo esto te daré, si te postras y me adoras.»
Entonces le dijo Jesús:
-«Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto."»
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

Palabra de Dios



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domingo, 26 de febrero de 2017

01-03-2017 - Miercoles de Ceniza (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Miercoles de Ceniza (A)

TIEMPO DE CUARESMA (A)

La Cuaresma es a menudo sinónimo de penitencia y privaciones, cuando de lo que se trata es de conversión y de vuelta a las fuentes evangélicas. Durante este periodo que precede a la Pascua los cristianos y la Iglesia están particularmente llamados a liberarse de las ataduras del pecado y de todo lo que conduce a él, a apartar los obstáculos que estorban el camino hacia Dios y el encuentro fraterno con los otros. Esto no se consigue sin renuncias. Pero estas renuncias son medios para liberar el cuerpo, el corazón y el espíritu de todo lo que dificulta la marcha, no objetivos que tengan un valor intrínseco. Aunque cuesten, no tienen nada de frustrante; todo lo contrario. Inspiradas por la fe en la misericordia y el amor de Dios, no producen absolutamente ninguna forma de tristeza debilitadora. La palabra de Dios traza los caminos de la verdad y de la vida. La oración mantiene su orientación sobrenatural y su apertura a la gracia. La caridad, por último, los guarda de todo tipo de repliegue sobre sí mismo y de formalismo.
La Cuaresma nos invita a tomar en serio las llamadas y advertencias de Dios, las enseñanzas y el ejemplo de Cristo, la fe y la esperanza en el Reino futuro. Todo ha de valorarse con criterios seguros: el mundo y cuanto contiene, los bienes de este mundo y la vida misma. Sin duda hay opciones más costosas, pero han de hacerse con conocimiento de causa, es decir, con plena libertad y con la alegría del Espfritu Santo. Aunque tamizada, la luz de la Pascua nunca desaparece del todo: se filtra a lo largo de toda la Cuaresma.
Cristo nos precede y acompaña. Él ha vencido a Satanás superando sus tentaciones (primer domingo de los tres ciclos) y muestra su gloria para animar a sus discípulos en el arduo camino de la fe (segundo domingo de los tres ciclos). El es la fuente de agua viva, la luz que devuelve la vista a los ciegos y la vida a los muertos (ciclo A). Mesías crucificado, fuerza y sabiduría de Dios, ofrece la salvación a los que acuden a él, y, desde la cruz, atrae a todos los hombres hacia él (ciclo B). Revela la paciencia y la infinita misericordia del Padre, que, con los brazos abiertos, acoge a sus hijos pródigos, e invita a la fiesta del regreso a los hijos que se han quedado en casa (ciclo C).
La Cuaresma tiende también a presentarse como un largo retiro espiritual. Mayor fidelidad y fervor en el cumplimiento de los compromisos religiosos, participación en especiales «prácticas espirituales», moderación en la bebida, la comida y las diversiones, actos de caridad y gestos de solidaridad hacia los más pobres, son, en esta perspectiva, otros tantos temas de la predicación cuaresmal tradicional. Pero todo eso no hace de la Cuaresma un paréntesis piadoso en la vida ordinaria de los cristianos y de la Iglesia. Su finalidad es mover a la experiencia de lo que la existencia cristiana personal y eclesial debería ser siempre. De hecho, durante los cuarenta días de la Cuaresma no se propone realmente nada extraordinario con respecto a las exigencias fundamentales del Evangelio. Más bien se nos recuerdan con insistencia para que, personal y comunitariamente, nos esforcemos por integrarlas o reintegrarlas mejor en la vida cotidiana, al precio, si es necesario, de cuestionamientos y reajustes. Porque la predicación del Señor, de los apóstoles y de la Iglesia urge a los fieles y a las comunidades a progresar sin cesar durante todo el año; no hay vida cristiana sin conversión continua. La primera lectura de cada domingo de Cuaresma evoca alguna de las grandes etapas de la historia de la salvación. Para comprender la novedad del Evangelio hay que tener presente lo que lo ha preparado misteriosamente. Esta rememoración dirige la mirada, no hacia el pasado, sino hacia el presente y el futuro, hacia el cumplimiento del designio de Dios hoy y la esperada vuelta del Señor.
Finalmente, la Cuaresma nos hace recorrer cada año, junto con los catecúmenos, las diversas etapas de la iniciación cristiana. «Convertíos en lo que sois! », repite sin cesar y de múltiples maneras la liturgia cuaresmal.
«Pues si bien los hombres renacen a la vida nueva principalmente por el bautismo, como a todos nos es necesario renovarnos cada día de las manchas de nuestra condición pecadora, y no hay nadie que no tenga que ser cada vez mejor en la escala de la perfección, debemos esforzarnos para que nadie se encuentre bajo el efecto de los viejos vicios el día de la redención. Por ello, en estos días, hay que poner especial solicitud y devoción en cumplir aquellas cosas que los cristianos deben realizar en todo tiempo».
(SAN LEÓN MAGNO, Sermón 6 sobre la cuaresma 1-2: PL 54, 285-287)

Miercoles de Ceniza (A)

EI Miércoles de Ceniza los cristianos son invitados a vivir un tiempo de recogimiento y de reflexión antes de emprender juntos el largo ascenso hacia la Pascua del Señor. Dios, por voz del profeta Joel, de san Pablo y del mismo Jesús, les recuerda la meta que han de alcanzar, los medios que utilizar y el espíritu con que deben caminar.
Este día comienza para la Iglesia y para los cristianos un itinerario de conversión a Dios, de quien el pecado los ha apartado: «Perdona. Señor, a tu pueblo» (Jl 2,12-18). «Ahora es tiempo favorable. ahora es día de salvación»; «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios» (2Co 5,20—6,2). El ayuno, la oración y la limosna, las tres «prácticas» tradicionales de la Cuaresma, deben llevarse a cabo sin caer en la ostentación: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos»; tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará» (Mt 6,1-6.16-18).
Viene luego el rito propio de este día. La ceniza evoca en la Biblia todo lo caduco, lo que no tiene valor. Echarse ceniza en la cabeza era signo de duelo y arrepentimiento. Los cristianos adoptaron con toda naturalidad esta costumbre antigua, en particular cuando eran admitidos en el grupo de los penitentes (siglos III-V). No obstante, la imposición de la ceniza no se convirtió en un rito litúrgico de comienzo de la Cuaresma hasta el siglo X, en los países renanos, para pasar luego a Italia y finalmente a Roma (siglos XII-XIII).
Recibir la ceniza es confesar la pertenencia al pueblo de pecadores que se vuelve hacia Dios con confianza para resucitar con el Cristo de la Pascua, vencedor del pecado y de la muerte: «Convertíos y creed el Evangelio».
La imposición y recepción de la ceniza adquiere todo su sentido en el marco de la celebración comunitaria. Ocurre lo mismo con cualquier participación en un rito sacramental, y en particular en la comunión. Nunca es un acto de devoción privada, ni siquiera cuando se trata de una persona a la que la edad, la enfermedad o cualquier otra razón le impiden participar en la asamblea.

PRIMERA LECTURA

El mal reside en el corazón antes de traducirse en actos. Las prácticas de penitencia deben, pues, expresar la conversión del corazón. Los gestos vacíos de contenido no engañan a Dios.

Rasgad los corazones y no las vestiduras.

Lectura del libro de Joel 2,12-18

Ahora -oráculo del Señor-
convertíos a mí de todo corazón
con ayuno, con llanto, con luto.
Rasgad los corazones y no las vestiduras;
convertíos al Señor, Dios vuestro,
porque es compasivo y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad;
y se arrepiente de las amenazas.
Quizá se arrepienta
y nos deje todavía su bendición, la ofrenda,
la libación para el Señor, vuestro Dios.
Tocad la trompeta en Sión,
proclamad el ayuno, convocad la reunión.
Congregad al pueblo, santificad la asamblea,
reunid a los ancianos.
Congregad a muchachos y niños de pecho.
Salga el esposo de la alcoba,
la esposa del tálamo.
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes,
ministros del Señor, y digan:
- Perdona, Señor, a tu pueblo;
no entregues tu heredad al oprobio,
no la dominen los gentiles;
no se diga entre las naciones:
¿Dónde está su Dios?
El Señor tenga celos por su tierra,
y perdone a su pueblo.

Palabra de Dios.

SALMO

La toma de conciencia del pecado es vana si no lleva a acudir a la misericordia de Dios. Sólo él puede dar la paz por la purificación del corazón.

Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17

R.
Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R.

SEGUNDA LECTURA

A reconciliarnos con Dios, a abrirnos a la gracia del perdón conseguido por Cristo, que tomó sobre sí el pecado del mundo para que nosotros «recibamos la justificación de Dios», a alcanzar la santidad de Dios: a todo eso nos exhorta «el tiempo favorable» que es la Cuaresma.

Reconciliaos con Dios: ahora es tiempo favorable.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5,20-6,2

Hermanos:
Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.
Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice:
«En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Sal 94,8ab

Al que no había pecado
Dios lo hizo expiación por nuestro pecado.

No endurezcáis hoy vuestro corazón;
escuchad la voz del Señor.

EVANGELIO

Jesús no niega el valor de la limosna ni de la oración ni del ayuno. Lo que hace es poner en guardia frente a las prácticas hechas por ostentación. Estas pueden engañar a los hombres, pero no a Dios, que ve las intenciones del corazón. Una advertencia siempre actual, porque el fariseísmo sigue acechando, hoy como ayer a las mejores prácticas.

Tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."

Palabra de Dios.



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lunes, 20 de febrero de 2017

26-02-2017 - 8º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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8º domingo Tiempo ordinario (A)


El «sermón de la montaña» se dirige a creyentes que tienen experiencia de la Buena Noticia y de las exigencias de la vida evangélica: «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (evangelio del domingo pasado). No hay bautismo sin rechazo de toda forma de idolatría. Por eso, los cristianos saben desde ese momento o porque lo han aprendido a lo largo de los años de catequesis, que «no se puede servir a Dios y al dinero», tirano absoluto y despótico, ídolo que exige toda suerte de sacrificios. Pero, como ocurre con el adulterio (Mt 5,28), con el que la Escritura compara a menudo la idolatría, de lo que se trata, ante todo, es del «corazón» y de los deseos.
El aprecio exagerado de los bienes materiales está en la raíz del culto al dinero. Para conducir a sus oyentes a una justa jerarquía de valores, Jesús empieza apelando al sentido común: ¿«No vale más la vida que el alimento», que sirve para mantenerla, «y el cuerpo más que el vestido» que lo cubre? Pero él no ha venido a enseñar una sabiduría humana. Buscar ávidamente los bienes materiales es desconocer el amor paterno de Dios: «Aunque una madre olvidara al hijo de sus entrañas, yo no te olvidaré». Hay que depositar la confianza en la ternura de Dios, que vela por sus criaturas más pequeñas. Pero no por ello deja de ser necesario «ganarse el pan con el sudor de la frente»; «el que no trabaja, que no coma», escribe san Pablo a los tesalonicenses (2Ts 3,10). Lo mismo que es condenable abandonar a los necesitados en las manos de Dios sin hacer todo lo posible por socorrer sus necesidades (Mt 25,4 1-45).
«Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia», el bien supremo que ha de ser la preocupación primordial de la vida entera. Esta es la regla de oro que se impone en todo momento y en toda circunstancia. «Lo demás se os dará por añadidura»; debéis esperarlo de Dios, y pedírselo con confianza de hijos al más solícito y tierno de los padres.
Es lo que proclamamos cada vez que rezamos «la oración que Cristo nos enseñó». Al llamar a Dios «Padre nuestro», le pedimos «sobre todo» y en primer lugar que «venga a nosotros su reino» y, «por añadidura», que nos dé «hoy» «nuestro pan de cada día».

PRIMERA LECTURA

La ternura del corazón de Dios es incomparable.

Yo no te olvidaré.

Lectura del libro de Isaías 49, 14-15

Sión decía:
«Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.»
¿Es que puede una madre olvidarse, de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas?
Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.

Palabra de Dios.

SALMO

Especie de letanía en la que las imágenes se agolpan tratando de expresar lo mejor posible la confianza del creyente en el amor indefectible de Dios.

Salmo 61, 2-3. 6-7. 8-9ab(R.: 6a)

R.
Descansa sólo en Dios, alma mía.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación;
mi alcázar: no vacilaré. R.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré. R.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme, Dios es mi refugio.
Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón. R.

SEGUNDA LECTURA

En el ejercicio de su ministerio, el responsable de una comunidad eclesial no debe preocuparse de las críticas y los juicios de los hombres. Ha de pensar más bien en el día en que todo saldrá a la luz, incluso las intenciones más hondas. Así, pues, nada de arrogancia en la libertad del apóstol, sino, por el contrario, profunda reverencia hacia Dios, conciencia de su propia debilidad y confianza total en la misericordia de Dios.

El Señor pondrá al descubierto los designios del corazón.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 1-5

Hermanos:
Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel. Para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor.
Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

Palabra de Dios.

Aleluya Hb 4, 12

Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios es viva y eficaz;
juzga los deseos e intenciones del corazón. Aleluya

Aleluya. Aleluya.
Contad con Dios en todo momento,
Porque sólo de él viene la salvación. Aleluya

EVANGELIO

Los discípulos del Señor lo saben: el servicio de Dios y la idolatría del dinero son totalmente incompatibles. Son conscientes igualmente de haber hecho una opción que siempre implica renuncias más o menos difíciles de asumir. En lugar de señalarlas en detalle, Jesús enuncia algunos principios de discernimiento a los que todos, y en todo momento, deben remitirse para verificar la autenticidad de su adhesión a Dios y determinar sus comportamientos: el lugar de los bienes materiales en la escala de valores; las preocupaciones diarias más importantes; el grado de confianza en Dios. «Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia»: esta es la regla de oro.

No os agobiéis por el mañana.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.
Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos. »

Palabra de Dios.



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lunes, 13 de febrero de 2017

19-02-2017 - 7º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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7º domingo Tiempo ordinario (A)


Después del exordio del «sermón de la montaña», san Mateo agrupa una serie de enseñanzas de Jesús que muestran cómo deben entender y practicar la Ley los discípulos. Nada de teorías ni, propiamente hablando, dé prescripciones realmente novedosas, sino unos cuantos ejemplos, a veces intencionadamente exagerados, para orientar en el sentido correcto la conducta concreta y cotidiana de los discípulos frente a todo tipo de situaciones, incluso insólitas, que, por definición, un código legislativo no puede prever.
«Ojo por ojo, diente por diente». Es la ley llamada «del talión» (Ex 21,24; Lv 24,20; Dt 19,21). Hoy esta fórmula nos choca, más aún cuando se la cita fuera de su contexto. Se trata de un principio con el que se ponía fin a la espiral de la venganza privada y a las crueles represalias llevadas a cabo indefinidamente entre grupos y clanes. La Ley sustituía la violencia ciega y desenfrenada por una justa proporción entre la gravedad del crimen cometido y el daño causado, por una parte, y el castigo y la reparación, por otra.
Jesús se sitúa en un plano totalmente distinto del de los códigos de justicia, sin los cuales no puede haber sociedad de derecho. No pide que nos comportemos como ingenuos, ni mucho menos que nos inhibamos ante la injusticia y la violencia. Pero afirma rotundamente: en toda circunstancia, sed artífices eficaces de la paz y la reconciliación, estando dispuestos incluso a «excederos»: a poner la otra mejilla, a prestar el manto y la túnica, a dar al que pide hasta de forma abusiva. También en esto Jesús da plenitud a la Ley. El libro del Levítico, que hace suyo el principio «ojo por ojo, diente por diente» prohíbe el odio incluso de pensamiento, la venganza y el rencor. La prohibición se hace en virtud del mandamiento del amor al prójimo «como a uno mismo», justificado por esta declaración de Dios: «Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo». Jesús en persona es la revelación suprema de esta santidad y de este amor infinito de Dios. El, el Justo enviado al mundo, ha entregado su vida en la cruz propia de los malhechores por la salvación de los pecadores.
¡Locura de Dios, sabiduría suprema! ¡Poder de Dios que hace de nosotros su templo, habitado por el Espíritu Santo! Todo nos pertenece, porque nosotros somos de Cristo y Cristo de Dios.

PRIMERA LECTURA

«Yo soy el Señor»,’ «Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo». La omnipotencia y la santidad divinas van de la mano. Dios ha promulgado sus mandamientos en virtud de este doble título. Por eso hay que cumplirlos por sumisión a su autoridad y para honrar su santidad, de la que esta obediencia hace partícipes.

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Lectura del libro del Levítico 19, 1-2.17-18

El Señor habló a Moisés:
-«Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles:
"Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.
No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado.
No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Yo soy el Señor. " »

Palabra de Dios.

SALMO

Acción de gracias del pecador que experimenta la alegría del perdón.

Salmo 102, 1-2.3-4.8 y 10. 12-13 (R.: 8a)

R.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.

Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles. R.

SEGUNDA LECTURA

«Templo de Dios habitado por el Espíritu de Dios»: las divisiones, las rivalidades, el recurso a una supuesta sabiduría humana, son en cierto modo sacrilegios. «Todo es vuestro»: los apóstoles, los predicadores y todos los demás están al servicio de la construcción de este templo. « Vosotros sois de Cristo»: no os atéis a nadie; aferraos firmemente sólo al Señor. «Cristo es de Dios»: nadie pretenda ser su propietario.

Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 16-23

Hermanos:
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.
Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.»
Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 2, 5

Aleluya. Aleluya.
Los que aman y perdonan
esos son verdaderos hijos de Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Quien guarda la palabra de Cristo,
ciertamente el amor de Dios ha llegado en él
a su plenitud.
Aleluya.

EVANGELIO

Dos nuevos ejemplos del modo como los discípulos deben cumplir la Ley y los profetas: oponer el bien al mal; salir al paso de las necesidades de todos, cualquiera que sea la manera en que se expresen; amar incluso a l5xenemigos y pedir a Dios que los perdone. El evangelio es un código de santidad que tiene su fuente en el Padre del cielo, y que Jesús ha enseñado por medio de palabras y, de manera perfecta, por medio de sus obras.

Amad a vuestros enemigos.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 38-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente." Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.
Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

Palabra de Dios.



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