lunes, 4 de junio de 2018

10-06-2018 -10º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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10º domingo Tiempo ordinario (B)



Desde el comienzo de su evangelio, san Marcos subraya la autoridad que muestra Jesús en su enseñanza y frente a los «demonios», de los que libera a quienes están atormentados por ellos. Más adelante el evangelista recoge un buen número de curaciones semejantes. Es evidente que concede una importancia especial a este tipo de manifestaciones del poder de Jesús. Sin embargo, hay que reconocer que estos relatos dejan al lector de hoy un tanto perplejo, si no es que le producen a veces cierto desasosiego. La intención de san Marcos y las razones de su insistencia se derivan de lo que se dice en el evangelio de este domingo, que, al mismo tiempo, plantea una cuestión que sigue teniendo actualidad.

Desde siempre, el hombre se pregunta por el origen del mal, que en lo más profundo de su ser lucha sin tregua contra el bien. Esta lucha ¿puede tener un final positivo, o hay que resignarse a sufrir permanentemente este antagonismo?

El problema está en el núcleo mismo de las tradiciones literarias más antiguas que configuran el libro del Génesis, del que hoy se lee un pasaje. Todo proviene del pecado cometido por el hombre y la mujer, a instancias de un ser misterioso, inteligente y maligno, «la serpiente». Es necesario que Dios se presente ante ellos para que tomen conciencia de su falta y de su responsabilidad, para que perciban que su consentimiento a la tentación es el origen del desorden que se ha instaurado en ellos. Abandonados a sus propias fuerzas, no pueden salir de la situación en la que han caído. Dios condena sin remisión a ese genio Maligno o Demonio, llamado también Satanás, Adversario, Diablo o Tentador. Entre él y Dios existe desde el principio un antagonismo, una lucha. Pero el que ha hecho caer a Eva será aplastado un día por su descendencia.

Con la llegada de Jesús se inicia este tiempo. Él es «el Santo, el Santo de Dios», que ha venido a imponer silencio a los espíritus malignos, a perderlos, a acabar con su dominación. El revela con autoridad la voluntad de Dios. Los que la cumplen son sus hermanos, miembros, con él, de la familia de Dios. Nosotros sufrimos las consecuencias del pecado: toda clase de pruebas y la muerte. Pero la mirada de la fe no se detiene en nuestra situación actual. Va más allá, hasta la morada eterna construida Dios, donde Cristo resucitado nos introducirá y glorificará nuestros cuerpos mortales.

PRIMERA LECTURA

El repentino miedo a Dios, hasta ayer presencia familiar y la vergüenza de sí mismos, hasta entonces desconocida, hacen que el hombre y la mujer sientan la gravedad del desorden causado por el pecado en lo más profundo de su ser La responsabilidad última de la falta recae en el Mentiroso, pero ellos han hecho mal en escucharlo. La condena del Tentador es inapelable, y su victoria provisional. Un día será aplastado por la descendencia de aquella a la que ha hecho caer Esta promesa es lo que se conoce como el «protoevangelio», el «primer anuncio de la Buena Noticia de la salvación».

Lectura del libro del Génesis 3,9-15

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre: «¿Dónde estás?». El contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí». El Señor le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?». Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí».

El Señor dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?». Ella respondió: «La serpiente me engañó, y comí».

El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón».

Palabra de Dios.

SALMO

La espera del Señor no es vano: nuestros gritos llegan hasta él y, en su ternura desbordante, perdona nuestros delitos.

Salmo 129, 1-2. 3-4. 5-6, 7-8

R
Del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R

Si llevas cuenta de los delitos,
Señor, ¿quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora. R

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R

SEGUNDA LECTURA

La fe en la resurrección de Cristo y la certeza de participar de su triunfo sobre el mal y la muerte fundan la esperanza del cristiano. Todo parece contradecir este optimismo cuando nos encontramos bregando con las miserias de la condición humana. Pero hay que ver más allá: las ruinas de hoy sirven ya para la construcción eterna, de la que Dios es arquitecto.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 13-5, 1

Hermanos:

Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien.

Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios. Por eso, no nos desanimamos. Aunque nuestro hombre exterior se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día. Y una tribulación pasajera y liviana produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria. No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno. Es cosa que ya sabemos: Si se destruye este nuestro tabernáculo terreno, tenemos un sólido edificio construido por Dios, una casa que no ha sido levantada por mano de hombre y que tiene una duración eterna en los cielos.

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf Jn 12,31b-32

Aleluya. Aleluya.
Dichoso el que cumple la voluntad de Dios:
en ,él reconoce Jesús su pariente. Aleluya.

Aleluya, aleluya.

Ahora el Príncipe de este mundo
va a ser echado fuera —dice el Señor—.

Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí. Aleluya.

EVANGELIO

Atribuir a Belzebú, «el jefe de los demonios», la obra que el Espíritu Santo realiza en Jesús equivale a cerrarse uno mismo al perdón de Dios, rechazando toda posibilidad de liberación del dominio del Maligno. Los parientes de Jesús, desconcertados, quieren hacerle entrar en razón. Los discípulos, por su parte, reconocen en él la Sabiduría del Padre, y esta fe los introduce, con el Hijo y por él, en la familia de Dios.

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3,20-35

En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.

También los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».

El los invitó a acercarse y les puso estas parábolas: «Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre». Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Llegaron su madre y sus hermanos y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan».

Les contestó: «Quiénes son mi madre y mis hermanos?». Y, paseando la mirada por el corro, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Palabra de Dios.



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