lunes, 25 de febrero de 2019

03-03-2019 - 8º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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8º domingo Tiempo ordinario (C)



Jesús ha proclamado la paradójica felicidad de los discípulos que son objeto de persecución y ultrajes (sexto domingo), y las exigencias del amor de caridad (séptimo domingo). Ahora nos enseña cómo deben comportarse los responsables de las comunidades cristianas y los hermanos animados por un celo auténtico y eficaz.

El hombre ha recibido la palabra del Dios-Palabra. A imagen de su Creador, debe de ser, pues, sencillo y sincero, y sus palabras han de estar en armonía con los sentimientos de su corazón. Y debe saberlo: de todas las palabras que pronuncie, sólo permanecerán las que prolonguen la obra de Dios, autor, por su Palabra, de todo lo que de bueno y de bello contiene el universo.

El que denuncia en los otros defectos que no corrige en sí mismo, es un «hipócrita», expresión muy dura que Jesús aplica a los que no saben interpretar el tiempo de la salvación (Lc 12,56) y dirige a los que quieren impedir que cure en sábado (Lc 13,15). Sobre todo los responsables de las comunidades cristianas deben guardarse rigurosamente de este vicio. San Lucas los llama «guías». En Oriente, todavía hoy, a los superiores de los monasterios se les llama así: higumenes, en griego. Si no dan pruebas de lucidez y clarividencia, se pierden ellos mismos y llevan a la ruina a aquellos a quienes tienen la responsabilidad de guiar, siguiendo los pasos de Cristo, por el camino de la verdad y de la vida.

En el último día, cuando la muerte y sus obras hayan desaparecido, aparecerán los frutos del esfuerzo de cada uno al servicio de los demás. Todo lo que carezca de consistencia, los desechos, las mezquindades, la vanidad, será rechazado. No quedará más que el oro puro de la verdad y del amor, ofrecido como sacrificio de alabanza a Cristo, vencedor de la mentira y de la muerte.

Porque es a él a quien revelan las exigencias del Evangelio. Él es el justo perseguido, que muere perdonando a sus verdugos, el camino, la verdad y la vida, la alegría de aquellos a quienes sólo él podía proclamar dichosos «ya desde ahora», prometiéndoles participar con él de la recompensa del cielo. Por eso la Iglesia, y cada comunidad cristiana en particular, dan gloria al Padre, tres veces santo, fuente de toda santidad y de toda alegría.

PRIMERA LECTURA

La Biblia muestra una gran estima por la palabra humana, reveladora del ser íntimo de cada uno, aun cuando a veces se crea que puede utilizarse para ocultar o enmascarar los propios sentimientos.

No alabes a nadie antes de que razone, porque esa es la prueba del hombre.

Lectura del libro del Eclesiástico 27,4-7

Se agita la criba y queda el desecho, así el desperdicio del hombre cuando es examinado. El horno prueba la vasija del alfarero, el hombre se prueba en su razonar. El fruto muestra el cultivo de un árbol, la palabra, la mentalidad del hombre. No alabes a nadie antes de que razone, porque esa es la prueba del hombre.

Palabra de Dios.

SALMO

El Señor es «justo», en él «no existe la maldad». Que la sinceridad de nuestras palabras le dé gloria.

Salmo 91, 1-2. 12-13. 14-15

R
Es bueno darte gracias, Señor.

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad. R

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios. R

En la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad. R

SEGUNDA LECTURA

Después de una amplia reflexión sobre la resurrección de Cristo, prenda de nuestra resurrección, un breve himno canta la victoria de la vida sobre la muerte, La fe en este triunfo constituye un poderoso estímulo para la existencia diaria, que con tanta frecuencia debe enfrentarse a fuerzas degradantes de todo tipo.

¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,54-58

Hermanos: Cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?». El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la Ley.

¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo! Así, pues, hermanos míos queridos, manteneos firmes y constantes. Trabajad siempre por el Señor, sin reservas, convencidos de que el Señor no dejará sin recompensa vuestra fatiga.

Palabra de Dios.

ALELUYA Flp 2, 15d. 16a

Aleluya. Aleluya.
Recibamos con corazón bueno y generoso
las palabras que rebosan
del corazón de Cristo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.

Brilláis como lumbreras del mundo,
mostrando una razón para vivir. Aleluya.

EVANGELIO

Duras expresiones sobre los deberes de los responsables de las comunidades por una parte, y sobre las relaciones que los fieles deben mantener entre sí, por otra. La manera de exponer estas enseñanzas deja traslucir la experiencia personal del evangelista. El ha sido «bien formado» por san Pablo, un «guía» extraordinario al que ha tenido ocasión de ver actuar Ha podido constatar los daños producidos por las intrigas y los partidismos, que tan graves consecuencias tuvieron para el ministerio del Apóstol. Que cada cual desempeñe lo mejor posible la tarea que le corresponde por su vocación, y de este modo dará buenos frutos para bien de todos.

El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 6,39-45

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola: «Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano. No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca».

Palabra de Dios.



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lunes, 18 de febrero de 2019

24-02-2019 - 7º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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7º domingo Tiempo ordinario (C)



Jesús dijo: «Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre» (evangelio del domingo pasado). Los que comparten «ahora» la misma suerte de Cristo recibirán una recompensa semejante a la suya. Lo que él dijo sobre el amor a los enemigos y el deber de devolver bien por mal, la oración por los que nos persiguen, la misericordia, en una palabra, sobre el amor sin límites, está, pues, más allá de toda moral.

Las sentencias del evangelio de este domingo no tienen nada que ver con la apología de un pacifismo que pondría en peligro la paz, la justicia y la libertad de los oprimidos de este mundo. No propugnan en modo alguno la inacción, la pasividad o el fatalismo ante situaciones inaceptables. Se alteraría completamente su sentido si se las utilizara, voluntaria o involuntariamente, como coartada para abstenerse de intervenir, o para predicar la resignación a los que sufren cualquier desgracia.

En la sinagoga de Nazaret Jesús se presenta como enviado para liberar de sus esclavitudes a los que él proclama «dichosos». «Tratad a los demás como queréis que ellos os traten». Esta es la regla de oro que se impone siempre y en todas partes, sin ninguna excepción. «Por causa del Hijo del hombre» y como él, los discípulos deben ir al encuentro de los otros para ayudarlos a superar las pruebas. Sin condiciones previas, sin pedirles nada, Jesús cura a los enfermos que se encuentra por el camino, por la única razón de que estaban enfermos. Y es lo que la Iglesia hace desde sus orígenes, como testimonia el libro de los Hechos de los apóstoles. Es necesario que cada uno personalmente actúe del mismo modo, y que esa sea la voluntad de toda la comunidad. Los que se comportan de este modo causan ciertamente admiración. Pero sería escandaloso que su comportamiento, que expone a muchos riesgos y errores, fuera excepcional en la Iglesia, o incluso se considerase como marginal.

En todo hombre, especialmente en el que sufre, el creyente descubre la imagen de Dios y de Cristo. El Señor, «espíritu que da vida», nos garantiza que, en el momento de la resurrección, «seremos también imagen del hombre celestial». Nos enseña cómo debemos actuar, ya desde ahora, con la esperanza de ese futuro prometido.

PRIMERA LECTURA

Una hermosa historia que ilustra la magnanimidad legendaria de David con Saúl, a quien Dios había consagrado rey (ver también JS 24). Pero cualquier hombre, «imagen» de Dios, ¿no es también «ungido del Señor»?

El Señor le puso hoy en mis manos, pero yo no quise atentar contra ti.

Lectura del primer libro de Samuel 26,2. 7-9. 12-13. 22-23

En aquellos días, Saúl emprendió la bajada hacia el páramo de Zif, con tres mil soldados israelitas, para dar una batida en busca de David.

David y Abisay fueron de noche al campamento; Saúl estaba echado, durmiendo en medio del cercado de carros, la lanza hincada en tierra a la cabecera. Abner y la tropa estaban echados alrededor. Entonces Abisay dijo a David:

- Dios te pone el enemigo en la mano. Voy a clavarlo en tierra de una lanzada; no hará falta repetir el golpe.

Pero David replicó:

- ¡No lo mates!, que no se puede atentar impunemente contra el ungido del Señor.

David tomó la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl, y se marcharon. Nadie los vio, ni se enteró, ni se despertó: estaban todos dormidos, porque el Señor les había enviado un sueño profundo.

David cruzó a la otra parte, se plantó en la cima del monte, lejos, dejando mucho espacio en medio, y gritó:

- Aquí está la lanza del rey. Que venga uno de los mozos a recogerla. El Señor pagará a cada uno su justicia y su lealtad. Porque él te puso hoy en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

Dios es perdón, curación, liberación, compasión, misericordia, ternura. ¿ Y nosotros para nuestros hermanos?

Salmo 102, 1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13

R
El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R

Él perdona todas tus culpas,
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestros pecados,
ni nos paga según nuestras culpas. R

Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos;
como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles. R

SEGUNDA LECTURA

Es imposible imaginarse un cuerpo «terreno» que se convierte en «espiritual», e imaginar la vida después de la muerte. Todo lo que puede decirse es lo que afirma la fe. Una vez transformados, seremos como Cristo y estaremos con él. El ha asumido la condición humana para hacernos capaces de participar de la condición divina.

Somos imagen del hombre terreno; seremos también imagen del hombre celestial.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,45-49

Hermanos:

El primer hombre, Adán, fue un ser animado. El último Adán, un espíritu que da vida.

No es primero lo espiritual, sino lo animal. Lo espiritual viene después.

El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo.

Pues igual que el terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales.

Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 13,34

Aleluya. Aleluya.
Dios, nuestro Padre, es bueno con todos.
Comportémonos como hijos compasivos. Aleluya.

Aleluya, aleluya.

Os doy un mandamiento nuevo —dice el Señor—:
que os améis unos a otros, como yo os he amado. Aleluya.

EVANGELIO

Devolver siempre bien por mal, acercarse a los demás sin condiciones, perdonar sin pedir nada a cambio: semejante comportamiento, sobre todo cuando es habitual, va en contra de lo que se considera «razonable». Lo mismo que el amor de Dios manifestado en Jesucristo.

Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 6,27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- A los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian.

Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen.

Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo.

¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.

Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis la usarán con vosotros.

Palabra de Dios.



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lunes, 11 de febrero de 2019

17-02-2019 - 6º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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6º domingo Tiempo ordinario (C)



La liturgia de hoy sitúa a la asamblea dominical en el corazón de la vida cristiana y de su misterio. Sólo Dios puede hacer que la existencia cristiana dé frutos permanentes. El que pone en él su esperanza y su confianza puede tener, por tanto, la certeza de realizarse pase lo que pase. Por el contrario, apartarse de él y buscar la seguridad en cosas caducas y en seres de carne y hueso conduce a la ruina. Ocurre como con esas plantas que crecen rápidamente y presentan un aspecto excelente mientras dura la estación propicia, pero que se marchitan y se secan lamentablemente cuando cambia el tiempo. Otras, mucho más modestas, encuentran la tierra que las mantiene pujantes y frondosas durante muchos años. Lo que proclama un oráculo del libro de Jeremías coincide exactamente con lo que dicen muchos autores bíblicos, especialmente los salmistas, que no dejan de proclamar la sabiduría de los que ponen su fe y su confianza en Dios.

El «Sermón del llano», tal como lo recoge san Lucas, se dirige directamente a la multitud. A gentes de condición modesta, y hasta desfavorecida, Jesús les dice: «Dichosos vosotros, saltad de gozo» vosotros que vivís en la indigencia, en la aflicción y el desprecio; porque un día tendréis vuestra recompensa. Mientras que vosotros, «los que ahora estáis saciados», quedaréis defraudados.

Es innegable el alcance social de estas palabras. Pero no son una apología de la miseria, ni incitan a tomar partido a la espera de una futura transformación de la situación. Cuando describe la comunidad cristiana ideal, san Lucas dice que se caracteriza porque comparte sus bienes, de tal modo que nadie pasa necesidad (Hch 2,44- 45). Pero los que «ahora» comparten la condición de Cristo, pobre, humillado y escarnecido, serán «mañana» asociados a su gloria junto al Padre, porque precisamente por su humillación es por lo que el Señor ha sido levantado sobre todo (Ef 2,5-11).

Si la muerte nos dejara tal como estamos en esta vida —dice san Pablo—, seríamos «los hombres más desgraciados», porque nuestra fe no habría tenido sentido. «Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos» y nosotros participaremos de su vida. El es nuestra esperanza. Y él es el criterio con el que hay que valorarlo todo.

PRIMERA LECTURA

Una sentencia irrefutable de sabiduría. Siempre y en todas partes, la felicidad y la desgracia dependen de que el hombre ponga su confianza, su esperanza y su fe, en Dios, única fuente de vida, o que, por el contrario, se aparte de él y se apoye en cosas caducas.

Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor.

Lectura del libro de Jeremías 17,5-8

Así dice el Señor:

- Maldito quien confía en el hombre,
y en la carne busca su fuerza,
apartando su corazón del Señor.

Será como un cardo en la estepa,
no verá llegar el bien;
habitará la aridez del desierto,
tierra salobre e inhóspita.

Bendito quien confía en el Señor
y pone en el Señor su confianza.

Será un árbol plantado junto al agua,
que junto a la corriente echa raíces;
cuando llegue el estío no lo sentirá,
su hoja estará verde;
en año de sequía no se inquieta,
no deja de dar fruto.

Palabra de Dios.

SALMO

«Dichoso»: es la primera palabra del salterio y es también la primera palabra de la Buena Noticia de Jesucristo.

Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6

R
Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos,
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón,
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R

No así los impíos, no así:
serán paja que arrebata el viento.

Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R

SEGUNDA LECTURA

La fe en la resurrección de Cristo y en la resurrección de los muertos es el fundamento seguro de la esperanza cristiana. Y es que nuestra suerte está indisolublemente unida a la del Señor.

Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,12. 16-20

Hermanos:

Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que los muertos no resucitan?

Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados.

¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 6,23ab

Aleluya. Aleluya.
Dichoso el que descubre en Jesús
el camino de la verdadera felicidad. Aleluya.

Aleluya, aleluya.

Alegraos y saltad de gozo —dice el Señor—,
porque vuestra recompensa
será grande en el cielo. Aleluya.

EVANGELIO

A los que en la comunidad de los discípulos tienen que soportar «ahora» condiciones de vida poco envidiables, y hasta miserables, Jesús les dice solemnemente: «¡Manteneos firmes! Vuestra prueba durará sólo un tiempo. ¡Mañana entraréis en el Reino!». Y añade: «En cuanto a vosotros, los que ahora nadáis en la abundancia, a quienes actualmente todo os sonríe, y de quienes todo el mundo habla bien, os compadezco: ¡ya no tenéis nada más que esperar!».

Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6,17. 20-26

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:

- Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.

Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis.

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.

Palabra de Dios.



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lunes, 4 de febrero de 2019

10-02-2019 - 5º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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5º domingo Tiempo ordinario (C)



El cuadro que el evangelio pone hoy ante nuestros ojos nos muestra a Jesús en una actitud hierática, que evoca la del resucitado. El evangelista, en efecto, pasa inmediatamente del título de «Maestro» al de «Señor», y Pedro «se arroja a los pies de Jesús»: esta denominación y esta postración nos recuerdan las de los discípulos en el momento de la ascensión. La escena, situada en las primeras páginas del evangelio, responde a la intención del autor. Invita a abordar la lectura del evangelio confesando la verdadera identidad de aquel en quien los discípulos han puesto su confianza (Lc 1,1-4: tercer domingo).

Por otra parte, san Lucas, que es también autor del libro de los Hechos de los apóstoles, ve en el episodio que le ha transmitido la tradición ciertos rasgos que se observan en la vida eclesial. La enseñanza que los creyentes han recibido viene de Jesús, que hablaba a la muchedumbre ávida de escuchar su palabra. La abundancia de la pesca evoca el extraordinario éxito de la predicación apostólica, y explica de antemano el valor de los apóstoles convertidos en «pescadores de hombres», que remarán mar adentro con el fin de ganar para Cristo al mayor número de oyentes. La tarea es como para espantarlos. Pero Jesús les dice: «No temáis». Esto basta para infundirles la valentía necesaria para dejarlo todo y «seguirlo», olvidando su pasado. ¿Acaso no ha sido elegido para anunciar la Buena Noticia un perseguidor como Saulo? Y puede hacerlo con un celo extraordinario porque la gracia de Dios está con él, y él está dispuesto a obedecer al Señor en lo que le pida.

También hoy hay que confiar en el Señor y, «por su palabra», echar de nuevo las redes después de haber pasado noches de trabajo infructuoso. La repentina e inesperada abundancia de la «pesca» manifiesta la omnipotencia de quien es el Maestro y Señor de la Iglesia. El sigue estando ahí, en la barca de Pedro. La manifestación concreta de su presencia suscita generalmente un temor sagrado; el temor que experimentaron los profetas al ser llamados por Dios, y también María, cuando «se turbó» ante las palabras del ángel (Lc 1,29).

La contemplación de Cristo y la escena de la pesca milagrosa vienen a reavivar el valor, la confianza y el empuje misionero de las comunidades cristianas, que podrían sentirse debilitadas por la aparente inutilidad de sus esfuerzos.

PRIMERA LECTURA

Ante al arca de la alianza, sobre la cual despliegan sus alas los serafines, el profeta adquiere aguda conciencia de la grandeza del Dios tres veces santo, cuya gloria llena el universo; y también de su pequeñez como miembro solidario de un pueblo de pecadores. Pero una vez purificado por el Señor; se pone sin reservas a su disposición para desempeñar la misión que el Altísimo tenga a bien confiarle.

Aquí estoy, mándame.

Lectura del libro de Isaías 6,1-2a. 3-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.

Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo:

- ¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!

Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.

Yo dije:

- ¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.

Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo:

- Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.

Entonces, escuché la voz del Señor, que decía:

- ¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?

Contesté:

- Aquí estoy, mándame.

Palabra de Dios.

SALMO

Con los labios y el corazón purificados, asociemos nuestra alabanza a la del cielo y la tierra.

Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 4-5. 7c-8

R
Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad.

Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R

Que te den gracias, Señor,
los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande. R

Extiendes tu brazo y tu derecha me salva.

El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R

SEGUNDA LECTURA

Para salvarse hay que guardar en toda su pureza la buena noticia, que constituye el núcleo del «símbolo de los apóstoles», y no olvidar nunca que todo el bien que se pueda hacer hay que atribuirlo a la gracia de Dios.

Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,1-11

Hermanos:

Os recuerdo el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe.

Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los Apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.

Porque yo soy el menor de los Apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia no se ha frustrado en mí.

Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 4,19

Aleluya, aleluya.
Hay que dejarlo todo por Cristo
cuando él llama. Aleluya.

Aleluya, aleluya.

Venid y seguidme —dice el Señor—,
y os haré pescadores de hombres. Aleluya.

EVANGELIO

La extraordinaria difusión del Evangelio, en la que insiste con tanta frecuencia el libro de los Hechos de los apóstoles, se debe a la fidelidad de los predicadores al mandato del Señor que hace eficaces sus palabras y su testimonio. Los fracasos que puedan cosecharse en alguna parte no deben desanimarlos. Ellos deben preocuparse sólo de echar las redes. La separación de los buenos y los malos se hará más tarde, cuando la barca haya arribado a la orilla.

Dejándolo todo, lo siguieron.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 5,1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.

Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

- Rema mar adentro y echa las redes para pescar.

Simón contestó:

- Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo:

- Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón:

- No temas: desde ahora serás pescador de hombres.

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra de Dios.



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